No demorar la solución política al problema de los jubilados
escrito por Administrador   
Lunes, 26 de Julio de 2010

(AICA) “Cuando leemos que la mayoría de los jubilados cobra la jubilación mínima, que es de $ 890, este tema presenta un aspecto de justicia que no se puede callar. Es cierto que hubo épocas más difíciles en la vida de los jubilados, pero ello no puede ser un justificativo que demore políticamente una solución. La distribución de la riqueza tiene en ellos un triste testimonio de injusticia social. Creo que esta problemática nos debe comprometer a todos, especialmente a quienes tienen la responsabilidad política de buscar y encontrar una solución”. Así lo expresó monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, en su mensaje radial del fin de semana.

El prelado hizo esta reflexión, “con mucho de reclamo”, con ocasión del Día de los Abuelos que la Iglesia celebra hoy, 26 de julio, fiesta litúrgica de
los Santos Joaquín y Ana.

Sostuvo que los abuelos “para nosotros son una referencia que hace a nuestra vida e identidad” porque “somos parte de un camino que no comienza con nosotros” sino que “nos reconocemos y encontramos nuestras raíces” en ellos.

Tenerlos en cuenta no por lo que hacen, sino por lo que son
Asimismo, destacó la importancia de “saber valorar, en la presencia de los abuelos”, el “caminar de Dios que se hace historia en nuestra vida” y agregó: “A este primer momento de valoración y gratitud corresponde un preguntarnos por nuestra responsabilidad frente a ellos. El agradecimiento es por lo que son y han hecho; nuestra responsabilidad mira a lo que nosotros debemos hacer por ellos. En primer lugar diría algo muy simple, pero que es el principio de toda actitud valorativa: tenerlos en cuenta no por lo que hacen, que en algunos casos es mucho, sino por lo que son”.

Sin embargo, advirtió que “esto que parece simple no siempre es fácil de concretar”, porque “vivimos tiempos con ritmos distintos, nos cuesta ponernos en el tiempo y en la necesidad del otro; cuántas veces damos la respuesta antes de escuchar la pregunta. Esto nos aleja y hace difícil el diálogo, que es un signo que ellos valoran porque aprecian que su presencia es reconocida”.

“A cierta edad lo simple se convierte en importante. Una palabra, un gesto, incluso un silencio, cuando es expresión de una actitud de valoración y de diálogo, se convierten para ellos en signos de vida y de amor. Estas actitudes están cerca de nosotros, diría a nuestro alcance, por ello, podríamos hacer una suerte de examen de conciencia respecto a nuestro comportamiento frente a ellos”, añadió.

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