Historia

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Lepanto y nosotros

Pablo Yurman

(AA) Quizás sea más popularmente conocida la Batalla de Lepanto, librada el 7 de octubre de 1571, por haber combatido en ella el inmortal Miguel de Cervantes Saavedra, quien a raíz de una herida sufrida perdió la movilidad de un brazo, lo que le valió a partir de entonces su apodo de “Manco de Lepanto”.

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A 200 años de la batalla de Tucumán: el General y la Generala

Pablo Yurman

(AA) Los dos protagonistas destacados de la jornada que, en su bicentenario, orgullosamente recordamos, fueron el General Manuel Belgrano, por una parte, y la Virgen María en su advocación de Nuestra Señora de la Merced, por el otro. Y tras ellos, pero en una sola formación, el pueblo tucumano a quien en la ocasión le cupo el honor de representar a todos los pueblos del ex virreinato.

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Acta de la declaración de la Independencia

(AA) No olvidemos espíritu con el que trabajaron los representantes que, "invocando al Eterno que preside el universo",  "consagraron a tan arduo asunto toda la profundidad de sus talentos, la rectitud de sus intenciones e interés que demanda la sanción de la suerte suya, pueblos representados y posteridad".

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25 de mayo de 1810: mitos y realidad

Rodolfo L. Gallardo

(AA) El 25 de mayo es una de nuestras principales fechas patrias; en este día celebramos la institución de nuestro primer gobierno autónomo, decisión a la que se arribó en virtud de los graves acontecimientos que por aquella época ocurrían en Europa. Ahora bien, este hecho trascendental es maliciosamente tergiversado, con el propósito de aniquilar nuestro auténtico ser nacional por la suplantación de nuestro pasado. Es preciso, pues, decir aunque más no sea unas pocas palabras sobre estas mentiras y rescatar nuestra verdadera historia.

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Historiadores en contra de Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego

(AA) Unos 200 historiadores expresaron su preocupación ante la reciente constitución del Instituto Manuel Dorrego. Destacan que la creación de este Instituto revela "un absoluto desconocimiento y una desvalorización prejuiciosa de la amplia producción historiográfica que se realiza en el marco de las instituciones científicas del país".

Los estudiosos de la historia argentina opinan que este organismo "conspira contra el desarrollo científico y la circulación de diversas perspectivas historiográficas, a la vez que avanza hacia la imposición del pensamiento único, una verdadera historia oficial".

Texto completo del comunicado:

"Sobre la creación del Instituto Dorrego"

El Poder Ejecutivo Nacional acaba de crear por decreto el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego. Según se expresa en los considerandos de la medida, su finalidad “será estudiar, investigar y difundir la vida y la obra de personalidades y circunstancias destacadas de nuestra historia que no han recibido el reconocimiento adecuado en un ámbito institucional de carácter académico, acorde con las rigurosas exigencias del saber científico”. Entre esas figuras, se incluye a Dorrego, San Martín, Güemes, Artigas, Rosas, Yrigoyen, Juan Perón y Eva Perón, además de algunos personajes de otros países de América Latina.

Se agrega que el Instituto se abocará a “la reivindicación de todas y todos aquellos que… defendieron el ideario nacional y popular ante el embate liberal y extranjerizante de quienes han sido… sus adversarios…”. Y, según el artículo 1º, se revisará “el lugar y el sentido que les fuera adjudicado por la historia oficial, escrita por los vencedores de las guerras civiles del siglo XIX.

Ante esta medida y los motivos que la fundan, los abajo firmantes expresamos nuestra profunda preocupación en torno a los siguientes puntos:

  • 1. El primer considerando pone al desnudo un absoluto desconocimiento y una desvalorización prejuiciosa de la amplia producción historiográfica que se realiza en el marco de las instituciones científicas del país –universidades públicas y privadas, organismos dependientes de CONICET, entre otras-donde trabajan cientos de investigadores en historia, siguiendo las pautas que impone esa disciplina científica pero a la vez respondiendo a perspectivas teóricas y metodológicas diversas. En los últimos treinta años la historiografía argentina ha producido abundante conocimiento sobre diferentes períodos, procesos y figuras, incluyendo todas las que menciona el decreto como “relegadas”.
  • 2. Con todo el peso del Estado, el Instituto se crea para promover un discurso oficial sobre el pasado. Se rescata aquí una corriente específica, el revisionismo, que a mediados del siglo XX ofreció interpretaciones novedosas sobre la historia argentina, pero que, al igual que la corriente “liberal”, no responde a los criterios actuales que orientan la disciplina. Esta ha desarrollado instrumentos de análisis complejos que resisten el reduccionismo propio de esas corrientes cuyo objetivo central era la construcción de héroes y villanos. Ese enfoque maniqueo, que el Instituto adopta, no admite la duda y la interrogación, que constituyen las bases para construir, sí, “saber científico”.
  • 3. A través de esta medida, el gobierno nacional revela su voluntad por imponer una forma de hacer historia que responda a una sola perspectiva. Se desconoce así no solamente cómo funciona esta disciplina científica, sino también un principio crucial para una sociedad democrática: la vigencia de una pluralidad de interpretaciones sobre su pasado.

"El Poder Ejecutivo de turno tiene el derecho de presentar su propia visión del pasado del país, pero crear una institución estatal cuyo objeto es imponer una forma perimida de hacer historia y una visión maniquea de ese pasado constituye un hecho grave que, sin duda, conspira contra el desarrollo científico y la circulación de diversas perspectivas historiográficas, a la vez que avanza hacia la imposición del pensamiento único, una verdadera historia oficial".

La posición de la Junta de Estudios Históricos de Tucumán

Según informa La Gaceta, la Junta de Estudios Históricos de Tucumán también cuestionó la creación del Instituto  Dorrego y criticó a Mario "Pacho" O’Donnell, director del organismo.

"Lo integrarían treinta historiadores de la corriente revisionista y su director sería Mario Pacho O’Donnell quien ha declarado que el objetivo del Instituto es construir una historia ’democrática, nacional, popular y federalista’ que sea alternativa a la llamada ’Historia oficial’ a la que calificó como liberal, oligárquica, porteñista, antipopular y antiprovincial", destacan los miembros de la Junta.

Los historiadores opinan que esas calificaciones ponen en evidencia "una actitud peyorativa y sancionadora respecto de lo que se ha venido investigando y escribiendo sobre la Historia Nacional e Iberoamericana -desde diferentes y, a veces, encontrados puntos de vista- durante más de un siglo, tanto por investigadores que trabajan en forma independiente, como por aquellos que lo hacen en las universidades estatales o privadas o en instituciones dedicadas a la investigación histórica como es la Junta de Estudios Históricos de Tucumán".

"Esto induce a temer que los estudios que se realicen en el Instituto no estén inspirados por la objetividad requerida para realizar una auténtica tarea de revisión e investigación histórica, responsable y libre de preconceptos", añaden Ventura Murga y Teresa Piossek Prebisch, secretario y presidente, respectivamente, del centro de estudios.

Advierten que la historia de un país maduro "precisa de todas las voces acerca del pasado para que resulte creíble, pero es indudable que la ciencia histórica debe tener cuidado en no forzar la interpretación al servicio de intereses políticos e ideológicos".

Señalan como ejemplos de lo que antecede la descalificación de Julio Argentino Roca; la indiferencia hacia Juan Bautista Alberdi y Domingo Faustino Sarmiento en ocasión de sus bicentenarios; el silenciamiento de la trascendencia continental de la Batalla del 24 de Septiembre de 1812 durante los festejos del Bicentenario de la Revolución de Mayo, entre otros casos.

"Esas actitudes no son un modo de ’Hacer la Historia’; el historiador debe mostrar los hechos y circunstancias de las acciones de los individuos y grupos para comprender sus decisiones en el contexto de su época, no para juzgarlos y condenarlos desde la coyuntura política del cronista.

Por otro lado -concluyen- O’Donnell, limitado a los parámetros de medición de productividad ’porteñistas’, parece no haberse enterado que la historiografía argentina ha crecido con vigor durante las últimas décadas y que mucho de esa nueva historiografía se ha producido en las provincias sin necesidad de la existencia de un Instituto "democrático, nacional, popular y federalista".

 

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12 de Octubre: conquista y evangelización de América. Parte II

(AA) En este segunda nota se muestra que las tres imputaciones de la leyenda negra —genocidio, esclavitud e Inquisición— son falsas. Nos basamos en el libro de Anthony Esolen y José Javier Esparza titulado “Guía políticamente incorrecta de la civilización occidental”. La primera nota la publicamos aquí:

La leyenda negra española en América

Hito políticamente correcto contra la civilización occidental: la «leyenda negra» española en América, que ha terminado calando incluso entre los propios españoles. En lo que concierne a la conquista y evangelización de América, la leyenda negra es especialmente atroz: España hizo un genocidio en América, redujo a los indios a la esclavitud, la Inquisición los torturó. ¿Qué hay de verdad y qué de mentira? Vamos a poner los puntos sobre las íes. Por supuesto que los españoles cometimos abusos: no vamos a cambiar una leyenda negra por una leyenda rosa. Pero debe quedarnos claro que las tres imputaciones de la leyenda negra —genocidio, esclavitud, Inquisición— son falsas.

1) Genocidio

Empecemos por el genocidio. La acusación dice así: los españoles exterminaron a decenas de millones de indios. Hay quien dice que hasta noventa millones: «El mayor genocidio de la historia». ¿En qué se basa esta acusación? En datos que proceden de la propia época. Luego veremos que son datos equivocados, pero durante mucho tiempo se consideraron indiscutibles. Uno, muy concreto, son los censos de población india realizados por los españoles en el siglo xvi, que reflejan una reducción brutal del número de nativos. Por ejemplo, los taínos de Santo Domingo pasaron de 1.100.000 en 1492 a apenas 10.000 en 1517. Es decir, en un cuarto de siglo había prácticamente desaparecido la población precolombina de Santo Domingo y las Antillas. ¡Un millón noventa mil muertos en sólo veinticinco años! Esas cifras se extrapolaron después al resto del continente. Sorprende que un número exiguo de españoles fuera capaz de matar a tanta gente en tan poco tiempo, pero, al fin y al cabo, hay un testimonio de la época que lo afirma con toda claridad: el del dominico Fray Bartolomé de las Casas, que contrapone la mansedumbre de los indios a la crueldad de los españoles.

Los reyes españoles, los primeros defensores de los Indios. Capítulo XII del testamento de Isabel la Católica: «Por cuanto al tiempo que nos fueron concedidas por la Santa Sede Apostólica las islas e tierra firme del mar Océano, descubiertas e por descubrir, nuestra principal intención fue, al tiempo que lo suplicamos al Papa Alejandro sexto de buena memoria, que nos hizo la dicha concesión, de procurar inducir e traer los pueblos de ellas e los convertir a nuestra Santa Fe católica, e enviar a las dichas islas e tierra firme del mar Océano perlados e religiosos e clérigos e otras personas doctas e temerosas de Dios, para instruir los vecinos y moradores de ellas en la Fe católica, e les enseñar e doctrinar buenas costumbres e poner en elfo la diligencia debida, según como más largamente en las Letras de la dicha concesión se contiene, por ende suplico al Rey, mi Señor, muy afectuosamente, e encargo e mando a la dicha Princesa mi hija e al dicho Principe su marido, que así lo hagan e cumplan, e que este sea su principal fin, e que en ello pongan mucha diligencia, e non consientan e den lugar que los indios vecinos e moradores en las dichas Indias e tierra firme, ganadas e por ganar, reciban agravio alguno en sus personas e bienes; mas mando que sea bien e justamente tratados. E si algún agravio han recibido, lo remedien e provean, por manera que no se exceda en cosa alguna de lo que por las Letras Apostólicas de la dicha concesión nos es infundido e mandado».

Irrefutable, ¿no? Pues no. Primero, las cifras del genocidio son imposibles: ¿Noventa millones de muertos en un siglo y pico a manos de sólo 200.000 españoles? Eso cuadra mal. ¿Un millón de muertos en poco más de veinte años, en un solo sitio, las Antillas, y en el siglo xvi, a base de ballesta y arcabuz? Es impracticable, sobre todo si tenemos en cuenta que los Reyes Católicos habían dado órdenes muy estrictas de tratar bien a los indígenas. Por otro lado, ¿quién hizo el censo? ¿Son fiables esas cifras? Respecto a Las Casas, ¿por qué denuncia tantos crímenes y, sin embargo, nunca dice dónde ni cuándo se produjeron, como tampoco da el nombre del criminal? Y además, si esto pasó en América, ¿por qué no pasó en Filipinas, donde no hay noticia de genocidio alguno? Aún peor: Las Casas logró su objetivo y en 1547 la Corona prohibió el sistema de encomiendas, que según fray Bartolomé era la causa de las muertes, pero los indios siguieron muriendo. ¿Por qué? Nada encaja. Vamos a explicar lo que pasó de verdad.

Primero, los censos no valen. Eso lo ha defendido recientemente una norteamericana, Lynne Guitar, de la Universidad de Vanderbilt, que fue a Santo Domingo a estudiar la historia de los taínos y se quedó allí: hoy es profesora del Colegio Americano en Santo Domingo. Y la profesora Guitar descubrió que los censos no es que no sean fiables, sino, más aún, que son inútiles: cuando un indio se convertía al cristianismo y vivía como un español, o más aún si se mestizaba, dejaba de ser censado como indio y era inscrito como español. Y sí luego venía otro funcionario con distinto criterio, entonces volvía a ser inscrito como indio, y así hay casos de ingenios de azúcar donde los indios pasan de ser unos pocos cientos a ser 5.000 en sólo dos años. Para colmo, los encomenderos —los españoles que regentaban tierras y explotaciones— mentían en sus censos, porque preferían trabajar con negros, a los que podían esclavizar, que con indios, de manera que sistemáticamente ocultaban las cifras reales. Es decir que las cifras censales de los indios en América, en el siglo xvi, son papel mojado.

¿Mentía entonces fray Bartolomé al hablar de aquel exterminio? Quizá no a conciencia. Las Casas vio graves casos de crueldad. Y vio también muertos, muchos muertos. Era fácil conectar una cosa con otra. Pero hoy sabemos que la gran mayoría de aquellos muertos, que sin duda se contaron por cientos de miles —no por millones—, fueron causados por los virus, algo que ningún español del siglo xvi podía conocer. También sobre esto hay estudios incontestables. Desde muy pronto se pensó en la viruela; se sabe que hizo estragos en Tenochtitlán y después en Perú mucho antes de aquí llegaran los españoles. Estudios posteriores, como el del doctor Francisco Guerra, señalan sobre todo a la gripe porcina, la llamada «influenza suina». El hecho es que los indígenas americanos, que habían vivido siempre aislados del resto del mundo, recibieron de repente y en muy pocos años el impacto combinado de todos los agentes patógenos difundidos por los buques europeos, sus cargamentos, sus animales, sus pasajeros.

Hace poco, un investigador de la Universidad de Nueva York, Dean Snow, precisaba que la gran mortandad no tuvo lugar en el siglo xvi, sino después, cuando empezaron a llegar niños, es decir: tosferina, escarlatina, sarampión; fue letal. Del mismo modo que el primer establecimiento español en América, el fuerte Navidad, fue diezmado por las fiebres, así también los indios, en gigantescas proporciones, fueron diezmados por los virus. Virus que sus cuerpos desconocían y que no pudieron resistir. ¿Recordamos algún caso más reciente? Entre los años 1918 y 1919, la llamada «gripe española» causó la muerte de más de treinta millones de personas en todo el mundo. Lo de América no fue inusual De manera que hubo, sí, una mortalidad mayúscula de indios en América, pero no fue un genocidio. Un genocidio requiere que haya voluntad de exterminio. Eso no pasó en la América española. Y aunque hubo encomenderos brutales, no hubo genocidio. Quede claro.

2) Esclavitud

¿Hubo encomenderos brutales? Sí, y esto nos lleva al segundo punto de la leyenda negra, a la segunda acusación, que es la de la esclavitud: los españoles esclavizaron a los indios. Que también es falsa. ¿Por qué los españoles no podían esclavizar a los indios? Lo dijo la reina Isabel en su testamento: a los indios había que llevarles la fe y tratarlos como a cristianos. Por eso no se los podía esclavizar. Eso sí, pongámonos en la piel de cualquier español del siglo xvi que pasa a América: ha arriesgado su vida, ha conquistado tierras y se encuentra con que no puede tener esclavos. ¿Cómo que no? Todos tienen esclavos: los portugueses, los árabes; pronto los ingleses, los holandeses, los franceses. No valoramos suficientemente el enorme impacto psicológico que debió de ser aquella prohibición en una época donde la esclavitud seguía siendo una institución social vigente. Pero Carlos I lo subrayó con toda claridad en las Leyes de Indias: quedaba prohibido esclavizar a la población indígena.

Esas leyes no eran papel mojado. La crónica está plagada de casos en los que no sólo encomenderos, sino también funcionarios reales de alto nivel, fueron investigados por la justicia, apresados, conducidos a España, juzgados, encarcelados e incluso ejecutados por los abusos cometidos. La protección de los indios no era una mera declaración de intenciones. La pregunta, eso sí, es por qué tuvo que actuar tantas veces la justicia. Y es que a la gente de aquel tiempo debió de costarle mucho entender las normas sobre el particular. De hecho, toda la historia del siglo xvi en América puede escribirse como una pugna permanente entre quienes querían tratar a los indios como esclavos, que no fueron pocos, y quienes velaron continuamente para impedirlo. Y lo impidieron.

Los indios fueron sometidos a un régimen de servidumbre semejante al que se aplicaba en Europa. Un régimen verdaderamente durísimo, con jornadas eternas y una retribución miserable. Hoy nos parecería insoportable, y lo era: es difícil saber cuántos indios —seguramente, miles— murieron exhaustos en las encomiendas o, después, en las minas. Pero no eran esclavos: eran libres y podían disponer de sus vidas. Las leyes, año tras año, rey tras rey, lo garantizaron una y otra vez. Precisamente por eso comenzó la importación de esclavos negros, vendidos por los mercaderes árabes y por las tribus africanas. ¿Por qué no se podía esclavizar a los indios? Porque eran cristianos. ¿Lo eran? Esto nos lleva al tercer punto de la leyenda negra española en América: que la Inquisición torturó a los indios para convertirlos a la fe. Y también esto es falso.

3) Inquisición

La conversión de los indios fue obra, sobre todo, de misioneros franciscanos; luego —muy pronto— llegaron jesuitas y dominicos. Todos ellos nos han dejado testimonios elocuentes del aprecio en que tenían a los indios y de la facilidad con la que éstos se convirtieron. Es comprensible: las religiones amerindias estaban muy vinculadas a su orden político y social autóctono; cuando se derrumbó, la gran mayoría de los indios aceptó la fe cristiana sin gran esfuerzo, máxime desde el momento en que eso garantizaba, por ley, ser tratado como un hombre libre. Hubo muchos indios que siguieron cultivando ciertas prácticas tradicionales, sobre todo de tipo curativo o ritual, y la Iglesia, con frecuencia, hacía la vista gorda. Es curioso descubrir que, en estos casos de prácticas curativas según ritos indígenas, a quien se castigaba no era al indio, sino al español que se sometía a ellas. Por ejemplo, en 1624 la Inquisición procesó a un tal Hernán Sánchez Ordiales, beneficiado de Coalcomán en Michoacán —un clérigo—, por «haberse curado con una india de sortilegios de hechicero».

La Inquisición, por supuesto, pasó a América, pero sus acciones no se dirigieron contra los indios, sino contra los mismos que la sufrían en Europa y que habían acudido al nuevo continente tratando de eludirla: los judíos —sobre todo, de origen portugués— y los protestantes, en general franceses u holandeses. Pero también contra cristianos viejos incursos en causas de blasfemia, clérigos de conducta escandalosa, etc.

Contra los indios actuó rarísimas veces. Uno de los casos más sonados fue el del cacique Don Carlos de Texcoco, hacia 1539, y la gravedad de la pena -la muerte- fue tan desmedida que escandalizó a la propia Inquisición. Fue precisamente este caso el que llevó a la Inquisición a prohibir expresamente que se hiciera nada contra los nativos. ¿Por qué? Porque eran «neófitos en la fe» y no tenía sentido exigirles ortodoxia. Y así lo estableció una instrucción del Santo Oficio firmada por don Carlos de Sigüenza: «Se os advierte que por virtud de nuestros poderes no habéis de proceder contra los indios del dicho vuestro distrito». O sea que la leyenda negra miente: la Inquisición prohibió perseguir a los indios.

Conclusiones

Esta es la realidad de la leyenda negra. No hubo genocidio en América: hubo una mortandad gigantesca por los virus que entraron en el continente; habrá casos de brutalidad y abusos de los españoles, pero no fueron la causa de la catástrofe demográfica, que por otra parte fue muy inferior a las cifras que habitualmente dan las terminales de lo políticamente correcto. Tampoco hubo esclavitud de indios en América: hubo un régimen de servidumbre muy duro, como el que había en Europa, que con ojos de hoy nos resulta intolerable; pero no hubo esclavitud. Ni la Inquisición, en fin, torturó a los indios: ella misma lo había prohibido. La leyenda negra española en América es falsa. No podemos evitar que otros la propaguen, pero los españoles debemos saber la verdad.

FUENTE: “Guía políticamente incorrecta de la civilización occidental”, adaptación española basada en: The Politically Incorrect Guide to Western Civilization. Anthony Esolen y José Javier Esparza Torres. Ciudadela Libros, S. L. Madrid (2009). ISBN: 978-84-96836-56-3.

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Ex titular del Inadi en Mendoza pretende quitar un mural que es patrimonio cultural de la provincia

(AA) Una vez mas la fuerza ideológica lleva a la izquierda pélvica a traspasar los límites del ridículo y la falta de sentido común. Esta vez le toca a Karina Ferraris (Ex titular del Inadi en Mendoza, Militante feminista y pro aborto) el ejercicio protagónico de tal vocación por el absurdo. Resulta que ahora pretende retirar un mural, que engalana la legislatura mendocina y que recuerda la fundación de Mendoza, porque "representa a algunos pobladores originarios de rodillas ante el invasor", un invasor que porta "espadas y cruces".

Siendo propio de cierto desatino ideológico pensar que retirando imágenes cambian la realidad y es de esperar que esta iniciativa no prospere.

Karina Ferraris necesita seguramente mayor espacio en los medios ya que es candidata a Vice gobernador por el Frente Amplio y, aprovechando el dia de la hispanidad, al que la izquierda pretende rebautizar como "diversidad cultural americana" olvidando que celebramos el 12 de octubre por la llegada de Cristóbal Colón a tierras americanas de la mano de la Virgen del Pilar, mal que les pese algunos, para continuar con dignidad la tarea evangelizadora iniciada por Santiago el mayor ya en los orígenes de la cristiandad.

PARTE DEL OLEO MENCIONADO EN LA NOTA

La candidata a vice gobernador de la provincia por el Frente Amplio Progresista, Karina Ferraris, adelantó este martes que pedirán a la Legislatura que retiren el óleo que pertenece al pintor mendocino Rafael Cubillos y que en febrero fue declarado patrimonio cultural de la provincia.

En declaraciones a Diario Uno Ferraris afirmó: "este 12 de octubre, donde celebramos el día de la Diversidad Cultural Americana, no podemos continuar teniendo un óleo gigante en el Salón de los Pasos Perdidos de la Legislatura representando a los pobladores originarios de Mendoza de rodillas ante un invasor con espadas y cruces. Este cuadro simboliza la sumisión, la explotación, la dominación, el sometimiento".

La ex titular del Inadi local (Instituto Nacional contra la Discriminación) agregó que "haber logrado el cambio de nombre del feriado, pasando de Día de la Raza a Día de la Diversidad Cultural Americana, nos llevó muchos años de lucha. Y nada está más lejos del espíritu de ese cambio que dicho cuadro, presente además en una de las salas principales de nuestra casa de las leyes".
La iniciativa no traerá pocas controversias e incluso puede que naufrague ya que esta obra fue declarada patrimonio provincial en febrero pasado. "No debería haber voces en contra del pedido porque la propuesta es superadora", reflexionó Ferraris.

No podemos evitar preguntarnos: ¿Y después de esto qué? tal vez pretenderá cambiarle el nombre a la plaza Pedro del Castillo que preside el área fundacional de Mendoza y colocarle el nombre por ejemplo de Santos Guayama (Conocido bandido de linaje huarpe); anhelará, tal vez, que el patrono de Mendoza no sea más Santiago Apóstol sino algún digno cacique de la etnia huarpe milkayak como el cacique Cuco (luego Uco) y resignificar así el nombre que durante años sirvió para asustar a los niños para que tomen la sopa; llevando al máximo las ambiciones de Ferraris tal vez quiera quitar el monumento al General San Martín que adorna la bella ciudad de Mendoza para poner una estatua del cacique Coinincha ya que el gran libertador de América no merecería estar en ese lugar por ser un militar educado en España, tierra de invasores.

No temamos, gracias a Dios Ferraris no tiene posibilidad real de ocupar el cargo de Vice Gobernador.
 

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12 de Octubre: conquista y evangelización de América. Parte I

(AA) Se cumplen hoy 519 años del descubrimiento de América. Con los aires progresistas que se respiran, lo políticamente correcto es criticar la gesta hispánica a la que se atribuyen cientos de millones de indígenas muertos. ¿tiene ésto sustento histórico? ¿Es la Iglesia Católica la responsable de supuestos genocidios? Analizamos en este artículo la "leyenda negra" anticatólica y antiespañola.

 

Desgraciadamente es demasiado habitual ver cómo auténticos desconocedores de la historia relacionan a la Iglesia Católica con supuestos genocidios y robos llevados a cabo por un imperio "saqueador y sanguinario" como el español en los siglos XV y siguientes en la recién descubierta América [1].

En primer lugar analizaremos esta "leyenda negra" que es, a la vez, anticatólica y antiespañola y que tiene como creadores a los historiadores y propagandistas protestantes a causa del enfrentamiento político, comercial y religioso que oponía a los países anglosajones con la católica España [2]. Como en toda guerra, el enemigo lanza campañas psicológicas tanto de desinformación como de falsificación de la realidad. Estos escritores se esforzaron por inventar mil ejemplos de la vileza y perfidia española, y difundieron por Europa la idea de que España era la sede de la ignorancia y el fanatismo.

Lo triste del tema es que esta leyenda, a pesar de sus pocos fundamentos, pervive aún en nuestros días, sobre todo en lo que se refiere a la usurpación de las tierras, el genocidio indígena y la sed de oro. Se dice que España se apropió de las tierras indígenas en un acto típico de rapacidad imperialista, pero la verdad es que, antes de la llegada de los españoles, los indios no eran dueños de ninguna tierra sino esclavos de unos caciques despóticos tenidos por divinidades supremas [3]. Carentes de cualquier legislación que regulase sus derechos laborales, el abuso y la explotación eran la norma, y el saqueo y el despojo las prácticas habituales. Impuestos, cargas, retribuciones forzadas y pesados tributos fueron moneda corriente en las relaciones indígenas previas a la llegada de los españoles. El más fuerte sometía al más débil y lo atenazaba con escarmientos y represalias.

Los principales dueños de la tierra que encontraron los españoles (Mayas, Incas, Aztecas) [4] lo eran a expensas de otros dueños a quienes habían invadido y desplazado. Esta es la razón por la que una parte de las tribus indígenas se aliaron con los conquistadores, procurando su protección y el consecuente resarcimiento.

La verdad es que, sólo a partir de la conquista, los indios conocieron el sentido personal de la propiedad privada y la defensa jurídica de sus obligaciones y derechos. Se fundó la Posesión Territorial, que insistía en la protección que se debía dar a los nativos garantizando y promoviendo un reparto equitativo de precios y atendiendo a los posibles abusos y querellas, al igual que sancionando duramente a sus mismos funcionarios si incumplían las leyes [5].

Se creó la Encomienda, que fue la gran institución para la custodia de la propiedad y de los derechos de los nativos. Por la Encomienda el indio poseía tierras particulares y colectivas sin que pudieran arrebatárselas impunemente, organizando, a su vez, su propio gobierno local y regional. Por lo tanto, vemos que no es España la que despojó a los indios de sus tierras, sino que les inculcó el derecho de propiedad para restituirles sus heredades asaltadas por los poderosos y sanguinarios estados tribales. España es también la que los guardó bajo una justicia divina y humana, la que los puso en paridad con sus propios hijos e incluso en mejores condiciones que muchos campesinos y artesanos europeos [6].

Algo muy distinto fue lo que ocurrió en las tierras conquistadas por los protestantes. Así como la corona católica no organizó su imperio americano en colonias, la protestante sí lo hizo [7]. De hecho, el rey de España nunca se ciñó la diadema de Emperador de las Indias, pero sí el monarca inglés hasta principios del siglo XIX. Los protestantes se sintieron autorizados a poseer sin problemas ni limitaciones toda tierra, ya fuese recurriendo a la expulsión o a la aniquilación. En el Norte los ingleses y luego el imperio federal de los Estados Unidos se consideraron siempre como propietarios absolutos de todos los territorios ocupados y por ocupar. La tierra era cedida a quien pagase el precio convenido, y a los colonos les correspondía el derecho de alejar o exterminar a los habitantes originarios, a veces con la ayuda del ejército si era necesario. Esto era algo impensable para los católicos.

Mucho peor todavía es la acusación de genocidio que se hace a los españoles y a la Iglesia Católica. Es cierto que murieron muchos indios con la llegada de los conquistadores, pero esto no se debió a las armas españolas que, por cierto, al ser de fuego solían fallar a menudo por la geografía y el clima, sino a los letales virus provenientes del Viejo Mundo. Al no tener inmunodefensas para hacer frente a las nuevas enfermedades morían en grandes cantidades. Por su parte, también los europeos sucumbieron mortalmente ante enfermedades tropicales para las que sus cuerpos no estaban preparados.

Pero si queremos hablar de crímenes podemos comentar los cometidos por los indios dominantes sobre los dominados antes de la llegada de los españoles. Algunos autores indigenistas cuentan que en 1487 se sacrificaron dos mil jóvenes, en sólo un día, para la inauguración del gran templo azteca, veinte mil muertos en dos años de construcción de la pirámide de Huitzlo-pochtil, e innumerables las muertes provocadas por las llamadas guerras floridas y el canibalismo. Gracias a la llegada de los conquistadores y, sobre todo, al Cristianismo, las liturgias y los ritos sangrientos se terminaron, evitando así un holocausto, esta vez sí, real.

Y sin dejar el tema del genocidio no podemos evitar echar una mirada a la América anglosajona y protestante donde, en la actualidad, los pocos indios que quedan no proceden de las zonas por ellos colonizadas, sino de los territorios comprados a España o usurpados a México. ¿Qué ocurrió entonces con los indios del Norte protestante? Como tantas veces pasa en este tema de los ataques a la Iglesia, casi siempre el que acusa es el que más tiene que callar, ya que en sus colonias sí podemos hablar de un auténtico genocidio entre los siglos XVII y XIX, donde se exterminaron casi por completo a los aborígenes. La mejor prueba de ello es que apenas hubo un mestizaje, algo que sí ocurrió de forma abundante en las tierras conquistadas por los católicos españoles [8].

En nuestros días, la población indígena en territorio anglosajón constituye, aproximadamente, un millón y medio de personas. Esta cifra es aún mucho más triste si se considera que para constituir este registro basta con tener una cuarta parte de sangre indígena. La situación en territorios hispanos es exactamente la contraria. En las regiones mejicanas, andinas y amazónicas, casi el noventa por ciento de la población desciende directamente de los antiguos habitantes o es fruto de la mezcla de indígenas con conquistadores.

Y no sólo esto: mientras la cultura norteamericana y canadiense no debe a la indígena más que algunas palabras, ya que se desarrolló a partir de sus orígenes europeos sin que se practicase algún intercambio con la cultura primera, en la América hispano-portuguesa, la mezcla no fue sólo demográfica sino que dio origen a una riqueza cultural nueva e inconfundible. Esto obedece, más allá de los estudios culturales existentes en las diferentes regiones y a la cooperación que prestaron los pueblos indígenas a los conquistadores, a una perspectiva religiosa muy diferente. Para los católicos, lo más natural era casarse con la población indígena, a quienes veían como hermanos e iguales. En cambio, los protestantes estaban animados por un fuerte sentido de superioridad. Y si agregamos el sentido de predestinación de la Reforma de Lutero y Calvino -los pobres están destinados a la condenación, y los prósperos a la salvación- se sigue que, si el indígena es subdesarrollado, es porque está predestinado a la condenación, mientras que si el blanco está desarrollado está predestinado a la salvación. Visto así, cualquier pretensión de mezcla se ve como una violación grave del plan de la Providencia.

A modo de curiosidad, acordémonos de la práctica de arrancar el cuero cabelludo que se difundió en el territorio de lo que hoy es Estados Unidos a partir del siglo XVII, cuando los colonos blancos comenzaron a ofrecer fuertes recompensas a quien presentase el cuero cabelludo de un indio, fuera hombre, mujer o niño. La caza de indios, organizada a caballo y con jaurías de perros, no tardó en convertirse en un lucrativo deporte nacional. Si en la América católica alguien hubiese tratado de negociar con cueros cabelludos indios, habría provocado la más grande indignación de los religiosos y habría sido castigado con penas severas que los reyes habían dispuesto para tutelar los derechos de los indios. Podemos asegurar que, exceptuando los excesos e injusticias de algunos particulares, allá donde estuvo la Iglesia Católica no hubo racismo [9].

En cuanto al tema de la sed de oro, donde se dice que la llegada y la presencia hispánica no tuvo otro fin superior al fin económico, concretamente al propósito de quedarse con los metales preciosos americanos. Por supuesto, esto tampoco es cierto porque, aunque los propósitos económicos de la conquista realmente existieran, y en aquella época eran considerados lícitos por todos los países y creencias, el objetivo último y más importante para la Iglesia Católica era el de descubrir tierras nuevas donde llevar el mensaje de Cristo. Además, no podemos olvidar que en ningún momento se dejó a nadie en la ruina, ya que con la llegada de los conquistadores las condiciones de los indígenas mejoraron y llegaron a ser notablemente superiores a los asalariados europeos. Lo cierto es que toda América fue beneficiada por la minería.

No podemos terminar este tema sin hablar, al menos brevemente, de un personaje de singular importancia: Bartolomé de las Casas quien, después de ser un hombre de no muy loable conducta, tuvo una importante conversión religiosa determinada por los sermones de denuncia de las arbitrariedades de los colonos (entre los que él mismo se encontraba) pronunciados por religiosos, lo cual confirma la vigilancia evangélica ejercida por el clero regular. Con el tiempo se ordenó sacerdote y después entró en la orden de los Dominicos, dedicando el resto de su vida a defender la causa de los indígenas ante las autoridades de España. Tras su insistencia, las autoridades de la Madre Patria atendieron sus consejos y aprobaron severas leyes de tutela para los indígenas.

Lo cierto es que esta protección de la corona a los indios tuvo un efecto negativo, y es que algunos proletarios españoles, necesitados de mano de obra, comenzaron a prestar atención a los holandeses, ingleses, portugueses y franceses que ofrecían esclavos importados de África, capturados por los árabes musulmanes.

La trata de negros (colosal negocio prácticamente en manos de musulmanes y protestantes), sólo afectó de forma marginal a las zonas bajo dominio español, en especial, casi en exclusiva, a las islas del Caribe. Es raro (excepción en Cuba que sufrió mucha de dependencia de Estados Unidos en el s. XIX) encontrar negros en las zonas colonizadas por españoles, a diferencia del Sur de los Estados Unidos, Brasil o las Antillas francesas e inglesas.

En un principio, personajes con pocos escrúpulos pudieron explotar impunemente a los esclavos negros pero, con el tiempo y la presión de los religiosos, también a ellos les iba a llegar una ley española de tutela, cosa que no ocurrió en los territorios protestantes hasta muy entrado el siglo XX. Ciertamente, había católicos españoles que cometieron excesos, pero utilizar estos casos aislados ¡como siempre! para atacar a una religión y a un país que hicieron mucho bien en aquellas tierras, demuestra una vez más de qué pasta están hechos los enemigos de nuestra fe.

No podemos pasar al tema siguiente sin hacer una importantísima aclaración. Puede haber dado la impresión en algunos momentos de haber querido atacar algunas confesiones y religiones distintas a la nuestra, como son las islámicas, las civilizaciones precolombinas y las iglesias protestantes. Nada más lejos de la realidad.

Al igual que al referirnos a la historia de la Iglesia Católica, debemos tener presente en todo momento el contexto histórico en el que se desarrollan los hechos; al hablar de los errores e injusticias cometidos por estos hermanos, es nuestra obligación hacer lo mismo.

El ser humano es imperfecto sea cual sea su cultura, mentalidad o religión, y no hay injusticia mayor que cargar a todos con las culpas de unos cuantos, olvidando, además, los factores externos que influyen en las diversas actuaciones llevadas a cabo. Y peor aún, si cabe, es seguir culpando a las personas del presente por los errores cometidos por otros en el pasado. Pero sí debemos reconocer que hemos tenido una clara intención al relatar los hechos mencionados, y no es otra que la de hacerse preguntar al lector el porqué de los ataques, solo y exclusivamente a la Iglesia Católica, cuando la realidad es que todas las confesiones, credos, ideologías, culturas, etc., a lo largo de la Historia, han cometido errores.

¿Qué tiene nuestra Iglesia para ser el principal objetivo de todos los ataques?

[1] La forja del Nuevo Mundo. Huellas de la Iglesia en la América española, María Saavedra Inaraja. Sekotia 2008
[2] La leyenda negra anticatólica y antihispánica. Álvaro de Maoturna.
[3] Tres lugares comunes de las leyendas negras, Antonio Caponnetto. Conferencia, Buenos Aires, 1992.
[4] Mayas, Incas y Aztecas oprimían a Garios, Tlaxaltecas, Cempoaltecas, Zapotecas, Otomíes, Cañaris, Huancas, etc.
[5] Tres lugares comunes de las leyendas negras, Antonio Caponnetto. Conferencia. Buenos Aires, 1992.
[6] Tres lugares comunes de las leyendas negras, Antonio Caponnetto. Introducción, Madrid, 2008. www.arbil.org
[7] Leyendas negras de la Iglesia, Vittorio Messori, Ed. Planeta, col. Testimonio, 1999.
[8] Leyendas negras de la Iglesia, Vittorio Messori, Ed. Planeta, col. Testimonio, 1999.
[9] Leyendas negras de la Iglesia, Vittorio Messori, Ed. Planeta, col. Testimonio, 1999.

CATOLICOS SIN COMPLEJOS, por José González Horrillo, Editorial Sekotia, 4ta Edición (2010), Madrid. ISBN: 978-84-96899-81-0

Plegaria que recitaban al alba los navegantes de Colón

“Bendita sea la luz
y la Santa Veracruz
y el Señor de la Verdad
y la Santa Trinidad.

Bendita sea el alba
y el Señor que nos la manda.
Bendito sea el día
y el Señor que nos lo envía”.

Amén.

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Nuestra independencia no significó una ruptura con nuestras tradiciones

Prof. Federico Rago

(discurso pronunciado en un acto escolar)

(AA) “En la benemérita y muy digna ciudad de San Miguel de Tucumán a nueve días del mes de julio de mil ochocientos diez y seis, terminada la sesión ordinaria, el Congreso de la Provincias Unidas continuó sus anteriores discusiones sobre el grande, augusto y sagrado objeto de la independencia de los pueblos que lo forman…”

 

Así comienza el acta de nuestra independencia nacional, de la cual hoy conmemoramos un nuevo aniversario…

 

“¡¿Queréis que las Provincias Unidas de la América del Sud sean una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli?!” -preguntó a continuación el Secretario del Congreso-.

Y aún no había terminado de decir estas palabras, cuando todos los diputados, poniéndose de pie, dieron su unánime, espontáneo, y decidido voto por la independencia del país; a la vez que el pueblo asistente vitoreaba al Congreso, y aplaudía profundamente emocionado por la trascendencia del acontecimiento.

Hoy conmemoramos, como decíamos, un nuevo aniversario de aquel nueve de julio de mil ochocientos diez y seis, de nuestra independencia, ocurrida hace ya casi doscientos años…

Y cabe preguntarse…: ¿fue entonces cuando nació nuestra Patria, nuestra Nación, la Argentina?

¡De ninguna manera!

Nuestra Patria Argentina no nace con la independencia de mil ochocientos diez y seis, sino que nació mucho antes… Pues la independencia no fue un nacimiento, sino que más bien fue semejante, como nos dice el Padre Ezcurra , “al desprenderse el fruto maduro de su planta”… “Fue semejante al hijo, que, al llegar a la madurez, deja la casa de sus padres y su hogar, para formar una nueva familia, y un nuevo hogar…

Y el fruto de ninguna manera nace cuando se desprende de su planta…; ni el hijo cuando deja a sus padres y su casa…

En mil ochocientos diez y seis comienza nuestra Argentina a andar su propio camino, como nación políticamente independiente…, pero la Argentina es y siempre será hija de España… Fue ella quien nos dio a luz, dándonos una historia, una cultura, una lengua, castellana, y lo más importante de todo, nuestra Fe católica, cristiana…

La Argentina nace entonces cuando las culturas de Grecia y de Roma, bautizadas por el Cristianismo, y encarnadas en España, se encontraron, por el afán católico misionero, con las culturas indígenas de América …

De modo que nuestra independencia no fue entonces una “ruptura” con el pasado, con la tradición, y con nuestra Madre España -como algunos nos la quieren presentar…-. Sino que fue sólo una separación política de la Madre Patria, por haber llegado a la edad adulta, a la edad madura…, por estar ya en condiciones de formar una “nueva familia”… Separación que entonces no renegó de toda la herencia y tradición recibidas, de nuestras raíces castellanas…, sino que más bien las asumió, para, a partir de entonces, llevarlas y comenzar a cultivarlas como propias y personales, en una nueva tierra, en un nuevo suelo, sobre el que ahora estamos…

Es por eso que al ver hoy en nuestra querida tierra Argentina, en nuestra Patria, la Fe y a la Iglesia tan maltratadas… Al ver valores tan indiscutibles, tan evidentes, tan obvios, como la vida, el matrimonio, la familia, tan pisoteados, tan hollados, tan vapuleados…; no podemos dejar de dolernos, no sólo, evidentemente, como cristianos; sino también como argentinos…, pues todo eso, precisamente por no ser cristiano, no es argentino, pues la Argentina, de nuevo, nació católica, castellana…

¿Qué hacer entonces ante este panorama tan gris y sombrío, tan oscuro, tan triste, que hoy se nos presenta…?

Deber nuestro es -y sobre todo de los jóvenes…- no sólo mantener y conservar aquellos valores que hacen a la esencia de nuestra Patria, sino también transmitirlos a los que vendrán después de nosotros, a los que nos sucederán…

Ante los tan desvergonzados y escandalosos intentos de desarraigar de nuestra Patria la Fe y todos los valores con que la misma nació; deber nuestro es ser baluarte en donde sigan vivos, baluarte que siga creyendo y defendiendo la gran dignidad de la vida humana, del matrimonio, de la familia, de Dios, y también de la misma Patria…

Este es nuestro deber, a esto estamos llamados…, esta es nuestra misión, esta es nuestra vocación…, esto es lo que la Argentina espera y pide de cada uno de nosotros…

Y -para terminar- porque no sólo, como decíamos, nació cristiana nuestra Patria, sino también, al mismo tiempo, profunda e intensamente mariana; en estos tiempos oscuros y difíciles no podemos ni debemos dejar de implorarle a la Santísima Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de Luján, que nos proteja y nos guarde bajo su manto ―ese cuyos colores, celeste y blanco, siguen vivos en nuestra bandera…―, pidiéndole que “vuelva a nosotros esos sus ojos misericordiosos”, y “ruegue por nosotros, ahora y en la hora de nuestra muerte” ―”in hora mortis nostræ”…; pues nuestra Patria Argentina está ahora precisamente muriendo, está agonizando… Y sólo, únicamente, si a todo nuestro esfuerzo, a todo nuestro afán, y a todo nuestro empeño, viene a alentarlo, a elevarlo, y a “sobrenaturalizarlo” la gracia divina, por medio de María; podremos salir adelante…, y tener por fin una Patria en la que verdaderamente reine la justicia… Una Patria en la que verdaderamente se respete la vida humana, en la que se respete el matrimonio, en la que se respete la familia… Una Patria en la que se pueda hablar del orden natural… Una Patria que vuelva a creer en Dios… Una Patria que fue en definitiva la que quisieron y por la que lucharon nuestros héroes y próceres, y los mejores hombres de la independencia de mil ochocientos diez y seis… Una Patria que no otros, sino nosotros estamos llamados a y debemos restaurar… Nada más que una Patria, en definitiva, como Dios manda…

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Reflexiones en el 195 aniversario de nuestra Independencia

(AA) Hace 195 años “los representantes de las Provincias Unidas de Sud América, reunidos en Congreso general” declararon la voluntad unánime de estos pueblos de “investirse del alto carácter de nación libre e independiente”. Así rezan las actas de aquella asamblea congregada en Tucumán que, en un momento crucial para la gesta emancipadora, procedió con lucidez y coraje y proclamó la independencia. No comenzó todo en aquella fecha, ya que no se improvisa una patria, ni una nación se configura por decreto. Pero ese día quedó para siempre iluminada  la conciencia que la Patria tiene de sí misma, y comenzó simbólicamente su presencia, su camino y su tarea en el concierto de las naciones del mundo.

Muchas cosas han ocurrido desde entonces, que han ido diseñando con luces fugaces y sombras profundas la historia de la Argentina.

La flaqueza institucional es una de esas sombras que ha cubierto toda nuestra historia al no haberse podido conformar un sistema político que encauzase las voluntades individuales, aprovechando la capacidad de los mejores e impidiendo el daño que pudiese ocasionar el encumbramiento de los mediocres, o de los peores.

Nos encontramos hoy nuevamente en la encrucijada. Son cada vez más numerosos los argentinos que quieren, en efecto, ser una nación, y asumir en plenitud su condición de ciudadanos. No quieren ser meros habitantes, y mucho menos clientes. Nuestra Constitución establece, en su primer artículo, que “la Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa republicana federal”. Pues bien, ¡que sea!

Pero ¿en qué ha venido a parar la representación? Desde hace tiempo están en crisis las estructuras institucionales que deben asegurar su eficaz ejercicio. Pareciera que los diputados ya no representan al pueblo de la Nación, sino a sus partidos. No representaron al pueblo de la Nación cuando votaron la ley de “matrimonio” homosexual. Nos preguntamos si los senadores representan efectivamente a sus provincias, con auténtica conciencia federal.¿Es esto lo propio de una sana democracia representativa? En esta época de elecciones vemos como las listas de legisladores del partido gobernante se arman a dedo. ¿representarán esos legisladores al pueblo de la Nación?

Un elemento fundamental del orden republicano es la división de poderes; es también la clave del “Estado de derecho”, en el cual es soberana la ley y no la voluntad arbitraria de los “mandamás” de turno. Ya no se puede disimular en la Argentina de hoy la precariedad que afecta a la vigencia de este principio. El estilo de ejercicio de la autoridad tiene también su importancia para reflejar la condición republicana; la práctica del poder con espíritu de servicio –que es lo que mejor cuadra en una república- se apoya en la moderación, la paciencia, la modestia y la capacidad de diálogo.
Hoy nos enfrentamos a un gran reto.

Los partidos políticos y el gran aparato del Estado hace años que vienen mostrando su inoperancia para resolver los grandes problemas que afectan a la sociedad. Esta ineptitud muchas veces encuentra su origen en una visión ideologizada de la realidad, que impide verla con objetividad, tal cual es.

Frente a esta situación, creemos que es hora de consolidar una sociedad civil comprometida y responsable. Solamente así podremos edificar una auténtica democracia en un estado de derecho. Frente a un Estado que muchas veces ejerce un totalitarismo sofisticado disfrazado de libertades aparentes, es cada vez más necesaria una sociedad civil comprometida, responsable y organizada para que vele por los auténticos
derechos, desde la familia hasta los cuerpos intermedios de la sociedad.

Finalmente, y no porque sea menos importante, sino que constituye la piedra angular, recordemos que intentar construir un orden temporal sólido y fecundo prescindiendo de Dios, es una utopía. Como decía Juan XXIII, en Mater et Magistra: "la experiencia sigue atestiguando que si el Señor no construye la casa en vano se afanan los que la edifican". Efectivamente, hoy vemos y sufrimos a  gobernantes endiosados, que dejan de actuar bajo la mirada de Dios para ponerse bajo la mirada de la opinión pública. Se independizan así de la Verdad, olvidando que sólo la Verdad nos hace auténticamente libres.

Que la Santísima Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de Luján, nos proteja y nos guarde bajo su manto. ¡Viva la Patria!
 

 

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¿A qué se le llama fascismo?

(AA) Durante estos últimos años hemos ido viendo como se han incrementado los gestos de autoritarismo hacia aquellos que disienten con el kirchnerismo. Todo amparado en la lógica instalada por el ex presidente Kirchner de amigos-enemigos. En las calles hemos visto la prepotencia de distintos grupos piqueteros, de organizaciones como Quebracho, como las de Milagro Salas en Jujuy, piqueteros como Luis D´Elia, etc. Distintas empresas han visto a los camioneros de Pablo Moyano cortar sus ingresos. Y dentro de las empresas, mucho han visto al Secretario de Comercio Guillermo Moreno con casco y guantes de box.

Al que apoya el modelo K, todo le está permitido. Y al que no, es un enemigo. Prueba de ello es el apoyo que está recibiendo estos días la señora Hebe de Bonafini por parte del Gobierno, a pesar del escándalo por el manejo de los fondos de la Fundación Madres de Plaza de Mayo.

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Coronel Argentino del Valle Larrabure... ¡PRESENTE!

(AA) Hoy el Coronel Argentino del Valle Larrabure cumpliría 79 años, En su homenaje Argentinos Alerta publica el capítulo  VII titulado “Larrabure” ,del autor Antonio Petric, extraído del libro “Así sangraba la Argentina” de la Colección Humanismo y Terror dirigida por Armando Alonso Piñeiro . Ediciones Depalma, Buenos Aires, 1980.

“De procedimientos íntegros, tenaz, y preocupado. Demuestra un gran entusiasmo profesional.
Es enérgico y centrado en el mando; ha obtenido excelentes resultados como instructor.
Leal. Sobresaliente camarada.
Sobresaliente deportista.
Concepto: Sobresaliente”. 
 

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La Argentina se quedó sin aviones Mirage por la falta de mantenimiento

(Infobae) Los casabombarderos de origen francés de la Fuerza Aérea sólo pueden despegar con buen tiempo, porque uno de sus instrumentos clave para el vuelo, conocido como horizonte artificial, presenta fallas graves. En 2007 un piloto falleció cuando una aeronave se precipitó en Córdoba

La Fuerza Aérea (FA) de la Argentina se quedó sin sus aviones Mirage porque las aeronaves registran severas fallas en un elemento clave para el vuelo y sólo pueden despegar con óptimas condiciones climáticas.

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El no tan romántico héroe de América: Ernesto “Che” Guevara

Por: Dr. Carlos Daniel Lasa

(fueralosmetafisicos) La ideología opera de un modo reductivo en las mentes y los corazones de los hombres de modo tal que genera realidades virtuales que nada tienen que ver con lo auténticamente real. Esta mentalidad ideológica, enemiga irreconciliable de la verdad, ha construido una realidad idílica y romántica del Che Guevara que está completamente alejada del sujeto histórico real. En los renglones que siguen nos ocuparemos, simplemente, de referir cuál fue el pensamiento del Che Guevara para que se pueda saber, a ciencia cierta, quién fue este famoso personaje. Para ello investigamos su obra escrita y traemos a colación sus propias palabras como para que no queden dudas de lo que realmente pensó Ernesto Guevara.

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Los montoneros le llevaron a Menem la idea de los indultos

A 20 años del perdón más polémico. En 1987 habían firmado un documento que proponía la “reconciliación nacional”. Antes de la interna  del PJ el riojano aceptó el plan, que incluía a los ex represores. La trama oculta de un pacto desconocido.

Por CLAUDIO SAVOIA (CLARIN)

Mirá Carlos, estás en Punta Alta, acá nomás está la base naval Puerto Belgrano. Es el momento de que en tu discurso metas algún tema que te diferencie, que pienses en el futuro. Acá podés conseguir el voto militar...

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Las vertientes de la Argentinidad

(ArgentinosAlerta.org) El sábado 6 de Noviembre de 2010, el padre Aníbal Fosbery -fundador de la Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino (FASTA)- presentó en la ciudad de Córdoba su libro titulado “Las vertientes de la Argentinidad”.

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Academia Nacional de Medicina de Argentina rechaza el aborto

(ACI) La Academia Nacional de Medicina expresó su oposición al aborto al advertir que "el niño por nacer, científica y biológicamente es un ser humano cuya existencia comienza al momento de su concepción. Desde el punto de vista jurídico es un sujeto de derecho como lo reconoce la Constitución Nacional, los tratados internacionales anexos y los distintos códigos nacionales y provinciales de nuestro país".

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Argentina es el país de la región con mayor consumo de cocaína

Lo estableció un informe de la ONU. Se estima que un 2,6% de la población argentina consume cocaína y un 7,2% marihuana. Preocupa el crecimiento de la violencia en los países de tránsito
 
El consumo de cocaína en la Argentina encabeza el ránking de países sudamericanos, con un total del 2,6% de la población, seguido de Uruguay (1,68%) y Chile (1,31%). Es la primera vez que la situación de nuestro país se equipara con los Estados Unidos, cuya tasa hasta hora lo convertía en único líder de consumo a nivel mundial. En el mundo, se calcula que el número de consumidores anuales de cocaína oscila entre 15 y 19,3 millones.

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VIDEO: OPERACIÓN PRIMICIA

Cada 5 de octubre conmemoramos el Día Nacional de Homenaje a las Víctimas del Terrorismo. ¿Por qué un 5 de octubre? Se evoca así aquella siesta del domingo 5 de octubre de 1975, cuando se produjo uno de los más sangrientos ataques terroristas subversivos en plena democracia.

Casi setenta combatientes participaron en forma directa en este operativo, que tuvo cinco fases, algunas de ellas simultáneas: 1) secuestro del Vuelo 706 de Aerolíneas Argentinas, con 102 pasajeros y seis tripulantes, que a la altura de Monte Caseros, Corrientes, fue desviado a la ciudad de Formosa; 2) copamiento del aeropuerto internacional "El Pucú", en la entrada de la capital formoseña, donde los montoneros mataron un agente de policía y tomaron más de doscientos rehenes; 3) asalto al regimiento, el segundo de todo el país de acuerdo con Montoneros. Los guerrilleros imaginaban que los soldados conscriptos no ofrecerían resistencia, pero calcularon mal, ya que en media hora de combate hubo veinticuatro muertos; 4) los guerrilleros que sobrevivieron al ataque se replegaron hacia el aeropuerto y fugaron en el Boeing 737-200 de Aerolíneas, el avión más moderno de la empresa estatal, y en un Cessna 182 de cuatro plazas que sirvió para confundir en el aire a los perseguidores; 5) aterrizaje del avión de Aerolíneas a 700 kilómetros de Formosa, en una pista preparada por otro pelotón en una estancia en Santa Fe, cerca de Rafaela (el Cessna bajó en las afueras de la ciudad de Corrientes, en un arrozal).

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MANUEL BELGRANO NO ERA KIRCHNERISTA

(Urgente24). Manuel Belgrano regresó a la Ciudad de Buenos Aires en plena "anarquía del año '20", ya seriamente enfermo de hidropesía, enfermedad lo llevó a la muerte, el 20 de junio de 1820, jornada recordada como 'el Día de los 3 gobernadores', que expresa la crisis política.

En el lecho de muerte fue examinado por un médico que lo atendió en su casa, y al no tener dinero suficiente para pagarle por sus servicios, quiso darle un reloj como pago. El médico no quiso y Belgrano tomó su mano y puso el reloj dentro de ella, agradeciéndole por sus servicios.

Una de sus últimas frases fueron:

"...sólo me consuela el convencimiento en que estoy, de quien siendo nuestra revolución obra de Dios, él es quien la ha de llevar hasta su fin, maniféstándonos que toda nuestra gratitud la debemos convertir a su Divina Majestad y de ningún modo a hombre alguno."

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