Religión

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El derecho a la libertad religiosa

(AA) Javier Menéndez Ros, Director de Ayuda a la Iglesia Necesitada, delineó los fundamentos de la libertad religiosa durante la sesión plenaria dedicada a esta problemática en el VI Congreso Mundial de Familias en Madrid. Concluyó que "defender la libertad religiosa no supone defender privilegio de religión alguna sobre otra ni privilegio de los creyentes sobre los que no lo son, sino defender el derecho del hombre para ligarse con un Dios, que es el fundamento de la verdadera cultura y de la auténtica paz".

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Benedicto XVI y las promesas vacías de los políticos

Andrés Beltramo

(AA) Los políticos son responsables de sus actos ante Dios y ante los hombres. Sus promesas vacías valen de muy poco. Benedicto XVI fue claro, la noche de ayer sábado, al dirigirse a más de 350 mil personas congregadas en el Parque Bresso de Milán. Al responder las preguntas de cinco familias de diversas partes del mundo habló de la crisis económica mundial. Lo hizo improvisando. Y con neta claridad se refirió a los aspirantes a puestos de elección popular con una advertencia: no pidan el voto sólo para satisfacer sus propios intereses.

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Benedicto XVI afirma que la familia debe ser considerada patrimonio principal de la humanidad

(AA/Infocatólica) El Papa Benedicto XVI dijo el viernes 1ro de junio en Milán que la familia tiene que ser considerada «patrimonio principal de la humanidad» y subrayó la necesidad de que sea ayudada para afrontar la crisis económica y financiera que afecta a la sociedad. 

 

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Amenazas actuales a la libertad religiosa

(AA) Durante el VI Congreso Mundial de Familias en Madrid, el Dr. Francisco Contreras (Univ. de Sevilla) explicó que la tendencia a silenciar las voces cristianas se debe a que "los cristianos somos los últimos que recordamos que es sagrada la vida de todo ser humano (cualquiera que sea su tamaño o su estado de salud); los últimos que recordamos que el matrimonio no puede ser otra cosa que la unión definitiva entre un hombre y una mujer". Reclamó  "nuestro derecho a exponer nuestras opiniones morales y a intentar convencer de ellas a los demás, en pie de igualdad con los no creyentes".

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La Pascua: celebración del triunfo de la Vida sobre la muerte

Mons. Alfredo Zecca, arzobispo de Tucumán

(La Gaceta) La Pascua, que corona el Triduo Pascual iniciado el Jueves Santo, constituye la solemne y exultante proclamación del triunfo de la Vida sobre la muerte. Después del Viernes Santo dominado por la contemplación de la Pasión y Muerte del Señor, y luego del gran silencio y soledad que se ciernen el Sábado Santo sobre la Tierra "porque el Dios hecho hombre ha muerto" y ha descendido a la región de los muertos para rescatar de allí a Adán diciéndole "mi sueño te sacará del sueño de la muerte" (de una antigua Homilía sobre el santo y grandioso sábado), la liturgia de la Vigilia Pascual en el Pregón canta con gozo desbordante: "esta es la noche en la que Cristo rompió las ataduras de la muerte y surgió victorioso de los abismos".

Pascua significa paso. Precisamente paso de la muerte a la Vida. Jesucristo, con su triunfo, nos abre el camino a una vida plena y nos invita a compartirla brindando, como expresa bellamente el Santo Padre Benedicto XVI, "un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva". Cristo es "el verdadero cordero que quitó el pecado del mundo; muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró la vida" (Prefacio de Pascua I).

 

Todo es alegría, alabanza, acción de gracias a Dios porque, en Cristo, recupera el hombre su esperanza, dignidad y grandeza. La Vida triunfa definitivamente sobre la muerte.

Esta alegría se ve ensombrecida, sin embargo, porque en Argentina la Suprema Corte de Justicia ha producido un penoso fallo que, interpretando de modo laxista el antiguo Artículo 86 del Código Penal, ha afirmado la no penalización del aborto en caso de violación. No soy jurista y, por lo mismo, dejo a los especialistas la crítica de sus fundamentos. Pero salta a la vista de cualquiera su contradicción: se reconoce la existencia de vida desde la concepción para, luego, declarar que la vida no es un valor absoluto. La vida fruto de una violación puede ser impunemente eliminada mientras que la que no es fruto de una tan lamentable situación queda preservada. ¿No se trata acaso de una flagrante contradicción y discriminación? Además, la corte que no castigaría con pena de muerte al violador castiga con un crimen al fruto de una violación. ¿Qué clase de justicia es esta?

Lo que resulta aún más grave es que este fallo esté abiertamente contra la Constitución Nacional que, en el artículo 75 inciso 22 ha incorporado tratados internacionales de jerarquía superior al Derecho interno, que defienden el carácter de persona de todo ser humano y reconocen su derecho al respeto de su vida. Más claramente la Constitución en su art. 75 inciso 23, 2° párrafo dice que es obligación del Congreso "dictar un régimen de seguridad social especial e integral en protección del niño en situación de desamparo, desde el embarazo hasta la finalización del período de enseñanza elemental".

Por lo demás la Constitución de la Provincia de Tucumán, en su art. 40, inciso 1° reconoce el derecho "a una existencia digna desde la concepción con la debida protección del Estado a su integridad psicofísica con la posibilidad de disponer de una igualdad en las oportunidades".

Como Pastor y no fundándome en la fe cristiana y católica, sino en el Derecho Natural, uno de cuyos mandamientos es "no matar", no puedo callar cuando los medios de comunicación informan que el Gobierno provincial que, en general está a favor de la vida, insta al apoyo del fallo judicial con el argumento de que no se puede desobedecer a la Justicia. Me parece que estamos ante una gran confusión. Se interpreta un fallo que contradice la Constitución Provincial y la Nacional como si fuera una ley. Estoy convencido de que es necesario un diálogo sereno y veraz que no permita que la Argentina instrumente, mediante protocolos de dudosa validez jurídica, la interrupción de embarazos por vía del aborto en casos de violación.

Resulta paradójico y dramático que estos anuncios se hagan, precisamente, en Semana Santa. Cuando la Iglesia celebra el triunfo de la Vida sobre la muerte se pretende instaurar lo contrario: el predominio de la cultura de la muerte sobre el don sagrado y absoluto de la vida, y de la vida inocente.

Ruego a los poderes provinciales, ejecutivo, legislativo y judicial, a los políticos, a los juristas, y especialmente a los médicos, a que se pongan a la altura de la gravedad de las circunstancias. Especialmente los médicos deben hacer valer su derecho a la "objeción de conciencia" y negarse a practicar abortos en cualquier caso que fuera. Nunca se justifica el crimen, y menos el de un inocente que no puede defenderse. Desgraciadamente Argentina, como en tantas cosas, también en este terreno del aborto está "de ida" cuando los países que lo aprobaron "vienen de vuelta". Por poner un ejemplo, en Italia, que aprobó el aborto en 1978, crece en grandes proporciones la "objeción de conciencia" de los ginecólogos y, en general, de todo el personal sanitario.

Mientras exhorto a los fieles católicos y a todos los tucumanos a obrar a conciencia en un asunto tan grave y reitero mi disposición al diálogo franco y abierto con las autoridades porque confío en su buena voluntad y disposición a buscar la verdad, aseguro mi oración y deseo a todos una feliz Pascua de Resurrección. Que el Señor de la Vida disipe las tinieblas de nuestros corazones con la luz de la Verdad. Con mi Bendición Pastoral.

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Benedicto XVI en México a los pies de monumento a Cristo Rey

(AA) Benedicto XVI quiso celebrar la misa de este domingo 25 de marzo bajo la estatua de Cristo Rey, uno de los símbolos del catolicismo mexicano y uno de los lugares que no pudo visitar Juan Pablo II en sus cinco viajes a México. La estatua de Cristo Rey sobre el cerro Cubilete es uno de los mayores monumentos religiosos mexicanos. A 2.700 metros de altura, está ubicada en el centro geográfico de México.

Sin embargo, esta es una réplica, ya que la original fue realizada en 1923 y destruida en 1926 en un bombardeo ordenado por el presidente Plutarco Elias Calles al inicio de la guerra cristera (1926-1929). La actual escultura de bronce fue inaugurada en 1940, pesa 80 toneladas y mide 22 metros de altura.

Me llevaré en mi corazón la impresión de estos días, México estará siempre en mi corazón. Puedo decir que desde hace años rezo cada día por México pero rezaré ahora mucho más”, agregó. “Ahora puedo entender por qué el Papa Juan Pablo II dijo que se sentía un Papa mexicano", expresó el domingo por la noche al salir por la puerta principal de su residencia en León ante la insistencia de los católicos allí congregados.

En su homilía recordó que el reinado de Cristo consiste «en un poder más grande que gana los corazones: el amor de Dios que él ha traído al mundo con su sacrificio y la verdad de la que ha dado testimonio. Éste es su señorío, que nadie le podrá quitar ni nadie debe olvidar». El Papa ha evocado también que «Nuestra Señora de Guadalupe mostró a su divino Hijo a san Juan Diego», igual que había indicado «claramente a los sirvientes que la vía a seguir era su Hijo».

El Papa llegó al recinto tras sobrevolar el Santuario de Cristo Rey, en la cima del cerro del Cubilete, bajo el que se encuentra el Parque del Bicentenario, construido para conmemorar el bicentenario de la independencia mexicana. El obispo de Roma recorrió el recinto en el papamóvil, en medio de los aplausos, vivas y cánticos de los presentes, muchos de los cuales lo esperaban en el Parque del Bicentenario desde ayer.

A la misa asistieron 250 cardenales y obispos y los presidentes de las 22 Conferencias episcopales de América Latina y del Caribe. También asistieron prelados de todo el continente americano, entre ellos de EE.UU. y Canadá, y 3.000 sacerdotes. El pontífice fue recibido en el altar mayor por el arzobispo de León, Mons. José Martín Rábago, quien le dio la bienvenida y resaltó los males que vive México, entre ellos la violencia y muerte, “que han generado la penosa sensación de temor, impotencia y duelo”.

Homilía de Benedicto XVI en la Misa celebrada en el Parque Bicentenario de Guanajuato

Queridos hermanos y hermanas,

Me complace estar entre ustedes, y deseo agradecer vivamente a Monseñor José Guadalupe Martín Rábago, Arzobispo de León, sus amables palabras de bienvenida. Saludo al episcopado mexicano, así como a los Señores Cardenales y demás Obispos aquí presentes, en particular a los procedentes de Latinoamérica y el Caribe. Vaya también mi saludo caluroso a las Autoridades que nos acompañan, así como a todos los que se han congregado para participar en esta Santa Misa presidida por el Sucesor de Pedro.

«Crea en mí, Señor, un corazón puro» (Sal 50,12), hemos invocado en el salmo responsorial. Esta exclamación muestra la profundidad con la que hemos de prepararnos para celebrar la próxima semana el gran misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Nos ayuda asimismo a mirar muy dentro del corazón humano, especialmente en los momentos de dolor y de esperanza a la vez, como los que atraviesa en la actualidad el pueblo mexicano y también otros de Latinoamérica.

El anhelo de un corazón puro, sincero, humilde, aceptable a Dios, era muy sentido ya por Israel, a medida que tomaba conciencia de la persistencia del mal y del pecado en su seno, como un poder prácticamente implacable e imposible de superar. Quedaba sólo confiar en la misericordia de Dios omnipotente y la esperanza de que él cambiara desde dentro, desde el corazón, una situación insoportable, oscura y sin futuro. Así fue abriéndose paso el recurso a la misericordia infinita del Señor, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (cf. Ez 33,11). Un corazón puro, un corazón nuevo, es el que se reconoce impotente por sí mismo, y se pone en manos de Dios para seguir esperando en sus promesas. De este modo, el salmista puede decir convencido al Señor: «Volverán a ti los pecadores» (Sal 50,15). Y, hacia el final del salmo, dará una explicación que es al mismo tiempo una firme confesión de fe: «Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias» (v. 19).

La historia de Israel narra también grandes proezas y batallas, pero a la hora de afrontar su existencia más auténtica, su destino más decisivo, la salvación, más que en sus propias fuerzas, pone su esperanza en Dios, que puede recrear un corazón nuevo, no insensible y engreído. Esto nos puede recordar hoy a cada uno de nosotros y a nuestros pueblos que, cuando se trata de la vida personal y comunitaria, en su dimensión más profunda, no bastarán las estrategias humanas para salvarnos. Se ha de recurrir también al único que puede dar vida en plenitud, porque él mismo es la esencia de la vida y su autor, y nos ha hecho partícipes de ella por su Hijo Jesucristo.

El Evangelio de hoy prosigue haciéndonos ver cómo este antiguo anhelo de vida plena se ha cumplido realmente en Cristo. Lo explica san Juan en un pasaje en el que se cruza el deseo de unos griegos de ver a Jesús y el momento en que el Señor está por ser glorificado. A la pregunta de los griegos, representantes del mundo pagano, Jesús responde diciendo: «Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado» (Jn 12,23). Respuesta extraña, que parece incoherente con la pregunta de los griegos. ¿Qué tiene que ver la glorificación de Jesús con la petición de encontrarse con él? Pero sí que hay una relación. Alguien podría pensar – observa san Agustín – que Jesús se sentía glorificado porque venían a él los gentiles. Algo parecido al aplauso de la multitud que da «gloria» a los grandes del mundo, diríamos hoy. Pero no es así. «Convenía que a la excelsitud de su glorificación precediese la humildad de su pasión» (In Joannis Ev., 51,9: PL 35, 1766).

La respuesta de Jesús, anunciando su pasión inminente, viene a decir que un encuentro ocasional en aquellos momentos sería superfluo y tal vez engañoso. Al que los griegos quieren ver en realidad, lo verán levantado en la cruz, desde la cual atraerá a todos hacia sí (cf. Jn 12,32). Allí comenzará su «gloria», a causa de su sacrificio de expiación por todos, como el grano de trigo caído en tierra que muriendo, germina y da fruto abundante. Encontrarán a quien seguramente sin saberlo andaban buscando en su corazón, al verdadero Dios que se hace reconocible para todos los pueblos. Este es también el modo en que Nuestra Señora de Guadalupe mostró su divino Hijo a san Juan Diego. No como a un héroe portentoso de leyenda, sino como al verdaderísimo Dios, por quien se vive, al Creador de las personas, de la cercanía y de la inmediación, del Cielo y de la Tierra (cf. Nican Mopohua, v. 33). Ella hizo en aquel momento lo que ya había ensayado en las Bodas de Caná. Ante el apuro de la falta de vino, indicó claramente a los sirvientes que la vía a seguir era su Hijo: «Hagan lo que él les diga» (Jn 2,5).

Queridos hermanos, al venir aquí he podido acercarme al monumento a Cristo Rey, en lo alto del Cubilete. Mi venerado predecesor, el beato Papa Juan Pablo II, aunque lo deseó ardientemente, no pudo visitar este lugar emblemático de la fe del pueblo mexicano en sus viajes a esta querida tierra. Seguramente se alegrará hoy desde el cielo de que el Señor me haya concedido la gracia de poder estar ahora con ustedes, como también habrá bendecido a tantos millones de mexicanos que han querido venerar sus reliquias recientemente en todos los rincones del país. Pues bien, en este monumento se representa a Cristo Rey. Pero las coronas que le acompañan, una de soberano y otra de espinas, indican que su realeza no es como muchos la entendieron y la entienden. Su reinado no consiste en el poder de sus ejércitos para someter a los demás por la fuerza o la violencia. Se funda en un poder más grande que gana los corazones: el amor de Dios que él ha traído al mundo con su sacrificio y la verdad de la que ha dado testimonio. Éste es su señorío, que nadie le podrá quitar ni nadie debe olvidar. Por eso es justo que, por encima de todo, este santuario sea un lugar de peregrinación, de oración ferviente, de conversión, de reconciliación, de búsqueda de la verdad y acogida de la gracia. A él, a Cristo, le pedimos que reine en nuestros corazones haciéndolos puros, dóciles, esperanzados y valientes en la propia humildad.

También hoy, desde este parque con el que se quiere dejar constancia del bicentenario del nacimiento de la nación mexicana, aunando en ella muchas diferencias, pero con un destino y un afán común, pidamos a Cristo un corazón puro, donde él pueda habitar como príncipe de la paz, gracias al poder de Dios, que es el poder del bien, el poder del amor. Y, para que Dios habite en nosotros, hay que escucharlo, hay que dejarse interpelar por su Palabra cada día, meditándola en el propio corazón, a ejemplo de María (cf. Lc 2,51). Así crece nuestra amistad personal con él, se aprende lo que espera de nosotros y se recibe aliento para darlo a conocer a los demás.

En Aparecida, los Obispos de Latinoamérica y el Caribe han sentido con clarividencia la necesidad de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en la historia de estas tierras «desde el encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros» (Documento conclusivo, 11). La Misión Continental, que ahora se está llevando a cabo diócesis por diócesis en este Continente, tiene precisamente el cometido de hacer llegar esta convicción a todos los cristianos y comunidades eclesiales, para que resistan a la tentación de una fe superficial y rutinaria, a veces fragmentaria e incoherente. También aquí se ha de superar el cansancio de la fe y recuperar «la alegría de ser cristianos, de estar sostenidos por la felicidad interior de conocer a Cristo y de pertenecer a su Iglesia. De esta alegría nacen también las energías para servir a Cristo en las situaciones agobiantes de sufrimiento humano, para ponerse a su disposición, sin replegarse en el propio bienestar» (Discurso a la Curia Romana, 22 diciembre 2011). Lo vemos muy bien en los santos, que se entregaron de lleno a la causa del evangelio con entusiasmo y con gozo, sin reparar en sacrificios, incluso el de la propia vida. Su corazón era una apuesta incondicional por Cristo, de quien habían aprendido lo que significa verdaderamente amar hasta el final.

En este sentido, el Año de la fe, al que he convocado a toda la Iglesia, «es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo [...]. La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo» (Porta fidei, 11 octubre 2011, 6.7).

Pidamos a la Virgen María que nos ayude a purificar nuestro corazón, especialmente ante la cercana celebración de las fiestas de Pascua, para que lleguemos a participar mejor en el misterio salvador de su Hijo, tal como ella lo dio a conocer en estas tierras. Y pidámosle también que siga acompañando y amparando a sus queridos hijos mexicanos y latinoamericanos, para que Cristo reine en sus vidas y les ayude a promover audazmente la paz, la concordia, la justicia y la solidaridad.
Amén.

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Tibia reacción del INADI ante historieta de Página 12 que se burla de judíos en campo de concentración nazi

(AA) La historieta de Gustavo Sala se burla de la situación de los judíos en un campo de concentración nazi. Fue publicada el jueves 19 de enero en diario Página 12. Este hecho sólo recibió unas tibias declaraciones del interventor del Inadi, Pedro Mouratian. Consideramos inaceptable que se banalice la muerte de millones de personas y que Hitler pueda aparecer como un personaje simpático en una historieta.

 

La tira se titula "Una aventura de David Gueto. El DJ de los campos de concentración en fiesta", en referencia al conocido DJ David Ghetta. El artista se encuentra pasando música en un campo de concentración, pero los prisioneros no se divierten. Hitler en persona los convence de que tienen que bailar, y así ocurre. En el cuadro final, Hitler da las gracias al DJ “gracias David, si están relajados el jabón sale mucho mejor”.

La AMIA y la DAIA expresaron su profundo malestar por la historieta banalizadora del Holocausto. El presidente de la AMIA, Guillermo Borger, aseguró que "es muy lamentable que en esta sociedad en la que se busca integración y pluralismo existan seres inadaptados". "Me da vergüenza ajena que aún pueda existir alguien con tan poco cerebro. Es evidentemente un retroceso que sólo podemos aborrecer y descalificar con todas nuestras fuerzas”, agregó el titular de la entidad. Por su parte, el vicepresidente de la DAIA, Ángel Schindel, sostuvo que la historieta "es una falta de respeto a los sobrevivientes de la Shoá y una banalización del Holocausto".

El malestar por la tira "cómica" traspasó inclusive las fronteras y el Comité Central Israelita del Uruguay pidió prisión para el caricaturista de Página/12.

En una carta dirigida a Página 12, el interventor del Inadi, Pedro Mouratian, consideró que “la obra es susceptible de provocar una ofensa o agravio hacia la comunidad judía y a la sociedad en su conjunto, aun cuando no haya sido ésa la intención de su autor o del medio de comunicación”, del que valoró su contribución “a la consecución de los objetivos del organismo que represento”. Luego planteó que cualquier expresión, sea artística o humorística, “encuentra un límite infranqueable en el principio de no discriminación”.

Consideramos estas declaraciones de gran tibieza. La caricatura decididamente ofende. No nos resultan creíbles las explicaciones que pretenden justificar que no se quiso ofender cuando la caricatura expresa: "gracias David, si están relajados el jabón sale mucho mejor". Por mucho menos, el INADI, tanto a nivel nacional como en sus representaciones provinciales, ha denunciado hechos de discriminación y levantado su voz con fuerza.

¿Que hubiera hecho el INADI si esta caricatura hubiera aparecido en algún diario que no comulga con el kirchnerismo?. Pues inmediatamente se hubiera puesto en marcha la maquinaria del "escrache" para ir en contra de los "discriminadores".

Tampoco escuchamos a Hebe de Bonafini lanzando epítetos de barricada sobre Página 12, con lo cual no queda más que admitir que pareciera ser que para la gente del INADI, la discriminación tiene color político.

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Benedicto XVI: educar a los jóvenes en la paz (IV)

(AA) Benedicto XVI recuerda que la paz es fruto de la justicia y efecto de la caridad. "Pero la paz no es sólo un don que se recibe, sino también una obra que se ha de construir". Benedicto invita a los jóvenes "a tener la paciencia y constancia de buscar la justicia y la paz, de cultivar el gusto por lo que es justo y verdadero, aun cuando esto pueda comportar sacrificio e ir contracorriente".

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Benedicto XVI: educar a los jóvenes en la justicia (III)

(AA) Papa Benedicto XVI recuerda que lo que es justo no está determinado por una la ley positiva, "sino por la identidad profunda del ser humano". Advierte que hoy en día el valor de la persona humana está amenazado por "criterios de utilidad, del beneficio y del tener"

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Benedicto XVI: educar a los jóvenes en la verdad y en la libertad (II)

(AA) La educación en la verdad y en la libertad constituyen el pilar básico para poder "educar a los jóvenes en la justicia y la paz". Este es el llamado que ha hecho Benedicto XVI con motivo de la XLV Jornada Mundial de la Paz. El recto uso de la libertad constituye la base para la confianza recíproca, la capacidad de entablar un diálogo constructivo, la posibilidad del perdón, la caridad recíproca, la compasión hacia los más débiles, así como la disponibilidad para el sacrificio.

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Benedicto XVI: los responsables de la educación de los jóvenes (I)

(AA) En el mensaje por la XLV Jornada Mundial de la Paz del 1ro de enero de 2012, el Papa Benedicto XVI hace un llamado a "educar a los jóvenes en la justicia y la paz". Se ocupa en primer lugar de los responsables de la educación: la familia, las instituciones educativas, los que tienen responsabilidades políticas, los medios de comunicación y los propios jóvenes.

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Benedicto XVI: «Educar a los jóvenes en la justicia y la paz»

(AA) Con motivo de la celebración de la XLV Jornada Mundial de la Paz el 1ro de enero de 2012, el Papa Benedicto XVI ha llamando a "educar a los jóvenes en la justicia y la paz". "Se ha de transmitir a los jóvenes el aprecio por el valor positivo de la vida, suscitando en ellos el deseo de gastarla al servicio del bien". "Unamos nuestras fuerzas espirituales, morales y materiales para «educar a los jóvenes en la justicia y la paz»" concluye el documento.

El mensaje del Papa, escrito el 8 de diciembre de 2011, se dirige también a los padres, las familias y a todos los estamentos educativos y formativos, así como a los responsables en los distintos ámbitos de la vida religiosa, social, política, económica, cultural y de la comunicación. "Prestar atención al mundo juvenil, saber escucharlo y valorarlo, no es sólo una oportunidad, sino un deber primario de toda la sociedad, para la construcción de un futuro de justicia y de paz".

Benedicto XVI reconoce que "en el año que termina ha aumentado el sentimiento de frustración por la crisis que agobia a la sociedad, al mundo del trabajo y la economía; una crisis cuyas raíces son sobre todo culturales y antropológicas. Parece como si un manto de oscuridad hubiera descendido sobre nuestro tiempo y no dejara ver con claridad la luz del día".

Frente a esta realidad, el Papa enumera las preocupaciones de los jóvenes: "el deseo de recibir una formación que los prepare con más profundidad a afrontar la realidad, la dificultad de formar una familia y encontrar un puesto estable de trabajo, la capacidad efectiva de contribuir al mundo de la política, de la cultura y de la economía, para edificar una sociedad con un rostro más humano y solidario.

A continuación, resalta la importancia de que todos los sectores de la sociedad presten atención a los jóvenes animándolos "a buscar la verdad, a defender el bien común, a tener una perspectiva abierta sobre el mundo y ojos capaces de ver «cosas nuevas» (Is 42,9; 48,6)".

El mensaje tiene una perspectiva educativa, por ello hace un llamamiento a los responsables de la educación para que brinden a los jóvenes una verdadera educación, atento a la etimología de la palabra latina educere: "conducir fuera de sí mismos para introducirlos en la realidad, hacia una plenitud que hace crecer a la persona".

El Papa hace una precisa enumeración de todos los responsables de la educación de los jóvenes: la familia, las instituciones educativas, los que tienen responsabilidades políticas, los medios de comunicación y los propios jóvenes, a quienes pide "tener el valor de vivir ante todo ellos mismos lo que piden a quienes están en su entorno". Haciendo un llamamiento a la responsabilidad, Benedicto les pide a los jóvenes "que tengan la fuerza de usar bien y conscientemente la libertad. También ellos son responsables de la propia educación y formación en la justicia y la paz".

Benedicto XVI traza con absoluta claridad los fundamentos de una verdadera educación: educar en la verdad y en la libertad, educar en la justicia y educar en la paz. Al mismo tiempo advierte sobre el "obstáculo particularmente insidioso para la obra educativa" del relativismo.

Una vez más, recuerda el Papa los devastadores efectos del relativismo que, "al no reconocer nada como definitivo, deja como última medida sólo el propio yo con sus caprichos; y, bajo la apariencia de la libertad, se transforma para cada uno en una prisión, porque separa al uno del otro, dejando a cada uno encerrado dentro de su propio “yo”. Por consiguiente, dentro de ese horizonte relativista no es posible una auténtica educación, pues sin la luz de la verdad, antes o después, toda persona queda condenada a dudar de la bondad de su misma vida y de las relaciones que la constituyen, de la validez de su esfuerzo por construir con los demás algo en común»".

Dada la riqueza de las definiciones, abordamos las restantes partes del documento en las siguientes notas:

  • Benedicto XVI: los responsables de la educación de los jóvenes (I)
  • Benedicto XVI: educar a los jóvenes en la verdad y en la libertad (II)
  • Benedicto XVI: educar a los jóvenes en la justicia (III)
  • Benedicto XVI: educar a los jóvenes en la paz (IV)

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Argentina: arde el nacimiento y los obispos guardan silencio

{jcomments on}(AA) La noticia del pesebre instalado el 16 de diciembre frente al Congreso y que fuera luego quemado por vándalos que también pintaron la Catedral Metropolitana sigue dando la vuelta al mundo. El hecho fue repudiado por miembros del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires así como por líderes de la comunidad judía. Sin embargo, ningún Obispo ha denunciado el hecho. Las imágenes del pesebre habían sido bendecidas por el obispo auxiliar de Buenos Aires, monseñor Eduardo García. Reproducimos nota publicada en Vatican Insider.

 

(Vatican Insider) En Argentina el sentido religioso de la Navidad parece importar poco. Hace unos días unos vándalos quemaron un nacimiento nada menos que en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, la más importante del país. Las imágenes de Jesús, José y María ardieron ante la indiferencia de policías y pasantes. Un gesto que tampoco mereció la intervención pública de los obispos, ni siquiera del cardenal Jorge Mario Bergoglio.

Todo ocurrió durante una manifestación en recuerdo del décimo aniversario del estallido de diciembre de 2001, que marcó el final del gobierno de Antonio de la Rúa. En aquel año la Argentina afrentó una de sus peores crisis económicas, se declaró en bancarrota y aprobó una serie de medidas de ajuste que desataron una incontenible indignación social. Manifestaciones populares espontáneas y enfrentamientos con las fuerzas del orden se sucedieron los días 19 y 20 de diciembre, con un saldo de 36 muertos.

Para recordar los 10 años de aquellos trágicos acontecimientos grupos de izquierda marcharon -el pasado martes 19- por el centro de la ciudad hasta llegar a la Plaza de Mayo. Todo se había desarrollado con cierta calma hasta que, prácticamente al final de la concentración, un grupo de vándalos perpetró todo tipo de destrozos.

Los violentos tomaron de mira al nacimiento y a un árbol navideño gigante, adornos colocados frente al histórico monumento del Cabildo. Además pintaron leyendas anarquistas en la catedral metropolitana, la Casa de Gobierno de la ciudad y el mismo Cabildo. Los policías federales presentes decidieron no intervenir y mejor dejar que las llamas consumieran las imágenes, realizadas por ex alumnas del colegio católico María Auxiliadora junto con la artista plástica Vezna Polianec y el arquitecto Luis Brusco.

El pesebre había sido inaugurado el viernes 16 de diciembre durante un acto en cual participó el obispo auxiliar de Buenos Aires, Eduardo García, y que fue animado por los villancicos del coro Lunus. El árbol tenía una base de ocho metros y una altura de 16, integrado por cinco cuerpos metálicos recubiertos con dos mil 500 penachos y más de 400 metros de luces. El montaje duró apenas tres días antes de ser incendiado.

Pero lo sorprendente es que ningún obispo intervino públicamente para denunciar o deplorar el episodio, que involucró a las figuras más apreciadas de la Navidad. Ni el arzobispo de la ciudad, el cardenal Jorge Mario Bergoglio, ni el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina y pastor de Santa Fe, José María Arancedo, emitieron comunicado o declaración oficial alguna.

Tampoco se pensó en convocar a un acto de desagravio oficial. Sólo un pequeño pero simbólico grupo de jóvenes se reunieron frente al nacimiento ultrajado para rezar el rosario en un acto de reparación espiritual.

Paradójicamente quienes sí expresaron su “categórico repudio” fueron los líderes de la comunidad judía agrupados en la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), en una nota firmada por su presidente, Aldo Donzis, y su secretario general, Fabián Galante.

“Este hecho incalificable constituye una afrenta a un símbolo de la grey cristiana, representativo del espíritu de paz y armonía que las fiestas encarnan, paz y armonía que quienes no dudaron en destruirlo seguramente no comparten. (.) La DAIA expresa su solidaridad a los hermanos cristianos ante este agravio y reafirma sus principios permanentes de respeto a los símbolos de todos los credos, de fortalecer los valores de promoción de la diversidad y la armónica convivencia de todos quienes conformamos el mosaico multicolor del tejido social argentino”, indicó el comunicado.

Asimismo el ministro de Ambiente y Espacio Público del gobierno de Buenos Aires, Diego Santilli, calificó como un “acto de vandalismo” a la quema y aseguró que episodios como ese son “el principal enemigo del espacio público”.

“Da mucha pena que pasen estas cosas. En ese árbol, a partir de mañana, Caritas iba a empezar a juntar juguetes y ropa para los más necesitados. Este año gastamos 14 millones de pesos por el vandalismo, que no respeta ni la Navidad”, apuntó el funcionario.

De hecho fue Santilli el responsable de promover la reposición del nacimiento y el árbol en tiempo récord. Para el 24 de diciembre la capital argentina ya tenía una nueva escena de Navidad colocada en el mismo lugar que la anterior, cuyos restos yacían a unos pocos metros, carbonizados.
 

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Masacre de cristianos a manos de secta islámica en Nigeria

AA) Con alrededor de 150 millones de habitantes, que se integran en más de 200 grupos tribales, Nigeria -el país más poblado de África- sufre múltiples tensiones por profundas diferencias políticas, religiosas y territoriales entre sus comunidades. Los conflictos entre cristianos y musulmanes en Nigeria se han cobrado la vida de más de 13.000 personas desde 1999, cuando terminaron los Gobiernos militares en el país.

32 muertos en diversas explosiones el día de Nochebuena

Cristianos y musulmanes armados se enfrentaban en Navidad en el centro de Nigeria, después de que 32 personas murieran en varias explosiones el 24 de diciembre. Las fuerzas de seguridad dispersaron a los grupos enfrentados en la ciudad de Jos, capital del estado de Plateau, escenario de enfrentamientos que en el pasado han dejado cientos de muertos.

Todo indica que el grupo radical islámico «Boko Haram» está detrás de los incidentes. La banda, cuyo nombre significa "La educación occidental está prohibida", lucha por imponer la ley islámica en Nigeria y ha lanzado con frecuencia ataques contra miembros de la policía y el Gobierno.

Ese mismo día, tres iglesias cristianas fueron incendiadas y seis personas murieron en la ciudad norteña de Maiduguri, centro de Boko Haram, que reivindica vínculos con los talibanes y es responsable de acciones violentas que dejaron al menos 700 muertos en el norte de Nigeria el año pasado. El presidente nigeriano, Goodluck Jonathan, aseguró que “el Gobierno hará todo lo posible por descubrir a los responsables de estos hechos y llevarlos ante la justicia”.

Los ataques en noviembre

Una serie de ataques con bombas contra iglesias, oficinas policiales y otros objetivos se produjo el viernes 4 de noviembre y dejó al menos 63 víctimas mortales y causó heridas a cientos de personas en Damaturu, en el estado de Yobe, al noreste de Nigeria, según testigos y fuentes de Cruz Roja. La secta islamista Boko Haram reivindica los ataques.

Entre los edificios afectados se encuentraban nueve iglesias y la sede de la policía de este estado nigeriano.
Un miembro de la secta islamista Boko Haram reivindicó los ataques. "Somos responsables de los ataques en Borno -estado del que la ciudad de Maiduguri es la capital y donde había tenido lugar un triple atentado suicida contra un cuartel del ejército- y Damaturu", reconoció a través de una llamada telefónica un miembro del grupo identificado como Abul Qaqaa.
 

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Navidad: unidos en un abrazo

(AA) Durante estos 4 años transcurridos desde que pusimos AA en el ciberespacio han sido muchos los momentos de alegrías y tristezas compartidas, hoy ante el misterio de Navidad queremos hacerles llegar unas pocas palabras para mostrarles nuestro agradecimiento y un video que hemos elaborado para Uds.

En estas fiestas, tan alborotadas a veces, queremos invitarlos a guardar algunos momentos de silencio (condición para permitir a Dios que se manifieste), aun así creemos que es bello y legítimo manifestar de manera humilde y bulliciosa nuestra alegría por el nacimiento del Salvador. "Alegrémonos. No puede haber lugar para la tristeza cuando acaba de nacer la vida; la misma que acaba con el temor de la mortalidad, y nos infunde la alegría de la eternidad prometida. Nadie tiene por qué sentirse alejado de la participación de semejante  gozo... Alégrese el santo, puesto que se acerca a la victoria; regocíjese el pecador puesto que se le invita al perdón; anímese el gentil ya que se le llama a la vida". (San León Magno, Sermón 1 en la Natividad del Señor)

También es importante dedicar tiempo y esfuerzo al fortalecimiento de las relaciones fraternales, ya que Cristo ha querido nacer en una familia y ha manifestado el mismo su cariño a sus padres y amigos.

Ver a Dios en la criatura,
ver a Dios hecho mortal
y ver en humano portal
la celestial hermosura.
¡Gran merced y gran ventura
a quien verlo mereció!
¡Quién lo viera y fuera yo!
Ver llorar a la alegría,
ver tan pobre a la riqueza,
ver tan baja a la grandeza
y ver que Dios lo quería.
¡Gran merced fue en aquel día
la que el hombre recibió!
¡Quién lo viera y fuera yo!
Poner paz en tanta guerra,
calor donde hay tanto frío,
ser de todos lo que es mío,
plantar un cielo en la tierra.
¡Qué misión de escalofrío
la que Dios nos confió!
¡Quién lo hiciera y fuera yo. Amén.

"Despojémonos, por tanto, del hombre viejo con todas sus obras... Reconoce, oh cristiano, tu dignidad y, puesto que has sido hecho partícipe de la naturaleza divina, no pienses en volver con un comportamiento indigno a las antiguas vilezas. Piensa  de qué cabeza y de qué cuerpo eres miembro. No olvides que fuiste liberado del poder de las tinieblas y trasladado a la luz y al Reino de Dios".(San León Magno, Sermón 1 en la Natividad del Señor)

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Benedicto XVI: Navidad, misterio que conmueve nuestra fe y existencia

(AA) Reproducimos la catequesis del Papa de este miércoles, 21 de diciembre, ante peregrinos y fieles venidos de todas partes sobre el misterio de la Navidad que ya está cerca. El papa advierte que "el intercambio de los saludos no pierda su profundo valor religioso... de modo que tampoco nuestra alegría sea superficial, sino profunda".

Queridos hermanos y hermanas:

Me complace darles la bienvenida en la Audiencia general, a pocos días de la celebración de la Natividad del Señor. El saludo que recorre en estos días los labios de todos es “¡Feliz Navidad! ¡Saludos por las buenas fiestas navideñas!” Verifiquemos que, también en la sociedad actual, el intercambio de los saludos no pierda su profundo valor religioso, y la fiesta no sea absorbida por los aspectos exteriores, que tocan las fibras del corazón. Efectivamente, los signos externos son hermosos e importantes, siempre que no nos distraigan, sino que nos ayuden a vivir la Navidad en su verdadero sentido --aquello sagrado y cristiano--, de modo que tampoco nuestra alegría sea superficial, sino profunda.

Con la liturgia navideña la Iglesia nos introduce en el gran Misterio de la Encarnación. La Navidad, en efecto, no es un simple aniversario del nacimiento de Jesús; es también esto, pero es más aún, es celebrar un Misterio que ha marcado y continua marcando la historia del hombre –Dios mismo ha venido a habitar en medio de nosotros (cfr. Jn. 1,14), se ha hecho uno de nosotros--; un Misterio que conmueve nuestra fe y nuestra existencia; un Misterio que vivimos concretamente en las celebraciones litúrgicas, en particular en la Santa Misa.

Cualquiera podría preguntarse: ¿cómo es posible que yo viva ahora este evento tan lejano en el tiempo? ¿Cómo puedo participar provechosamente en el nacimiento del Hijo de Dios, ocurrido hace más de dos mil años? En la Santa Misa de la Noche de Navidad, repetiremos como estribillo de respuesta al salmo responsorial estas palabras: “Hoy ha nacido para nosotros el Salvador”. Este adverbio de tiempo, “hoy”, se utiliza más veces en las celebraciones natalicias y está referido al hecho del nacimiento de Jesús y a la salvación que la Encarnación del Hijo de Dios viene a traer. En la Liturgia, tal venida sobrepasa los límites del espacio y del tiempo y se vuelve actual, presente; su efecto perdura, en el transcurrir de los días, de los años y de los siglos. Indicando que Jesús nace “hoy”, la Liturgia no usa una frase sin sentido, sino subraya que esta Navidad incide e impregna toda la historia, sigue siendo una realidad incluso hoy, a la cual podemos acudir precisamente en la liturgia. A nosotros los creyentes, la celebración de la Navidad renueva la certeza de que Dios está realmente presente con nosotros, todavía “carne” y no sólo lejano: aún estando con el Padre está cerca de nosotros. Dios, en aquel Niño nacido en Belén, se ha acercado al hombre: nosotros lo podemos encontrar todavía, en un “hoy” que no tiene ocaso.

Me gustaría insistir sobre este punto, porque al hombre contemporáneo, hombre de lo “razonable”, de lo experimentable empíricamente, se le hace cada vez más difícil abrir el horizonte y entrar en el mundo de Dios. La redención de la humanidad es sin duda, un momento preciso e identificable de la historia: en el acontecimiento de Jesús de Nazaret; pero Jesús es el Hijo de Dios, es Dios mismo, que no solo le ha hablado al hombre, que le mostró signos maravillosos, que lo condujo a través de toda una historia de salvación, sino que se ha hecho hombre y permanece hombre. El Eterno ha entrado en los límites del tiempo y del espacio, para hacer posible “hoy” el encuentro con Él. Los textos litúrgicos navideños nos ayudan a entender que los eventos de la salvación realizados por Cristo son siempre actuales, interesan a cada hombre y a todos los hombres. Cuando escuchamos o pronunciamos, en las celebraciones litúrgicas, este “hoy ha nacido para nosotros el Salvador”, no estamos utilizando una expresión convencional vacía, sino entendemos que Dios nos ofrece “hoy”, ahora, a mí, a cada uno de nosotros, la posibilidad de reconocerlo y de acogerlo, como hicieron los pastores de Belén, para que Él nazca también en nuestra vida y la renueve, la ilumine, la transforme con su Gracia, con su Presencia.

La Navidad, por tanto, mientras conmemora el nacimiento de Jesús en la carne, de la Virgen María –y numerosos textos litúrgicos hacen revivir a nuestros ojos este o aquél episodio--, es un evento eficaz para nosotros. El papa san León Magno, presentando el sentido profundo de la Fiesta de Navidad, invitaba a sus fieles con estas palabras: “Exultemos en el Señor, queridos míos, y abramos nuestros corazón a la alegría más pura, porque ha despuntado el día que para nosotros significa la nueva redención, la antigua preparación, la felicidad eterna. Se renueva en realidad para nosotros, en el ciclo anual que transcurre, el alto misterio de nuestra salvación, que, prometido al inicio y otorgado al final de los tiempos, está destinado a durar para siempre” (Sermón 22, In Nativitate Domini, 2,1: PL 54,193). Y, siempre san León Magno, en otra de sus homilías navideñas, afirmaba: “Hoy, el creador del mundo ha sido generado en el seno de una virgen: aquel que había hecho todas las cosas se ha hecho hijo de una mujer creada por él mismo. Hoy, la Palabra de Dios ha aparecido revestido de carne y, aunque nunca había sido visible al ojo humano, se ha hecho también visiblemente palpable. Hoy los pastores han escuchado por voz de los ángeles que que ha nacido el Salvador en la sustancia de nuestro cuerpo y de nuestra alma” (Sermón 26, In Nativitate Domini, 6,1: PL 54,213).

Hay un segundo aspecto al cual quisiera aludir brevemente: el evento de Belén debe ser considerado a la luz del Misterio Pascual: el uno y el otro son parte de la única obra redentora de Cristo. La Encarnación y el nacimiento de Jesús nos invitan a dirigir, desde ya, la mirada sobre su muerte y su resurrección: Navidad y Pascua, ambas son fiestas de la redención. La Pascua se celebra como victoria sobre el pecado y sobre la muerte: marca el momento final, cuando la gloria del Hombre-Dios resplandece como la luz del día; la Navidad se celebra como el entrar de Dios en la historia haciéndose hombre para restituir el hombre a Dios: marca, por así decirlo, el momento inicial, cuando se deja entrever el clarear del alba. Pero así como el alba precede y hace ya presagiar la luz del día, así la Navidad anuncia ya la Cruz y la gloria de la Resurrección. También los dos períodos del año, en los cuales están situadas las dos grandes fiestas, al menos en algunas áreas del mundo, pueden ayudar a comprender este aspecto. Efectivamente, mientras la Pascua cae al inicio de la primavera, cuando el sol vence las densas y frías nieblas y renueva la faz de la tierra, la Navidad cae justo al inicio del invierno, cuando la luz y el calor del sol no llegan a despertar a la naturaleza, envuelta por el frío; pero sin embargo, bajo su manto palpita la vida y comienza de nuevo la victoria del sol y del calor.
 

Los padres de la Iglesia leían siempre el nacimiento de Cristo a la luz de la entera obra redentora, que encuentra su cúspide en el Misterio Pascual. La Encarnación del Hijo de Dios aparece no solo como el inicio y la condición de la salvación, sino como la presencia misma del Misterio de nuestra salvación: Dios se hace hombre, nace niño como nosotros, toma nuestra carne para vencer a la muerte y al pecado. Dos textos significativos de san Basilio lo ilustran bien. San Basilio decía a los fieles: “Dios asume la carne justo para destruir la muerte en ella escondida. Como los antídotos de un veneno, una vez ingeridos anulan los efectos, y como la oscuridad de una casa se disuelve a la luz del sol, así la muerte que dominaba sobre la naturaleza humana fue destruida por la presencia de Dios. Y como el hielo, que permanece sólido en el agua mientras dura la noche y reina la oscuridad, se derrite de inmediato al calor del sol. Así la muerte, que había reinado hasta la venida de Cristo, apenas aparece la gracia del Dios Salvador y surge el sol de justicia, “fue devorada por la victoria” (1 Cor. 15,54), sin poder coexistir con la Vida” (Homilía sobre el nacimiento de Cristo, 2: PG 31,1461). Y también san Basilio, en otro texto, hacía esta invitación: “Celebramos la salvación del mundo, la navidad del género humano. Hoy ha sido perdonada la culpa de Adán. No tenemos que decir nunca más: “Eres polvo y al polvo tornarás” (Gn. 3,19), sino, unidos a aquel que ha venido del cielo, serán admitidos en el cielo” (Homilía sobre el nacimiento de Cristo, 2: PG 31,1461).

En Navidad encontramos la ternura y el amor de Dios que se inclina sobre nuestros límites, sobre nuestras debilidades, sobre nuestros pecados y se abaja hasta nosotros. San Pablo afirma que Jesucristo “siendo de condición divina... se despojó de sí mismo, tomando la condición de esclavo, asumiendo semejanza humana” (Fil. 2,6-7). Miremos a la gruta de Belén: Dios se abaja hasta ser acostado en un pesebre, que es ya el preludio del abajamiento en la hora de su pasión. El culmen de la historia del amor entre Dios y el hombre pasa a través del pesebre de Belén y el sepulcro de Jerusalén.

Queridos hermanos y hermanas, vivamos con alegría la Navidad que se acerca. Vivamos este acontecimiento maravilloso: el Hijo de Dios nace aún “hoy”, Dios está verdaderamente cercano a cada uno de nosotros y quiere encontrarnos, quiere llevarnos a Él. Es Él la verdadera luz, que elimina y disuelve las tinieblas que envuelven nuestra vida y a la humanidad. Vivamos la Navidad del Señor contemplando el camino del inmenso amor de Dios que nos ha elevado hacia Sí a través del Misterio de la Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección de su Hijo, porque –como afirma san Agustín- “en (Cristo) la divinidad del Unigénito se ha hecho partícipe de nuestra mortalidad, a fin de que podamos participar de su inmortalidad” (Epístola 187,6,20: PL33,839-840). Sobre todo contemplemos y vivamos este Misterio en la celebración de la Eucaristía, centro de la Santa Navidad; allí se hace presente Jesús de modo real, verdadero Pan bajado del cielo, verdadero Cordero sacrificado por nuestra salvación.

Les deseo a todos ustedes y a sus familias, la celebración de una Navidad verdaderamente cristiana, de modo que también los intercambios de saludos en aquel día sean expresión del gozo de saber que Dios está cerca de nosotros y quiere recorrer con nosotros el camino de la vida. Gracias.

 

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Católicos de San Luis ganan amparo a la firma “Komodo de Puta Madre 69"

(AA) Con fecha 10 de noviembre de 2011 se hizo lugar a una demanda interpuesta por personas particulares, católicos, contra una firma comercial de la ciudad de San Luis, "Komodo", que tiene la franquicia de venta de ropa de la marca "De Puta Madre-69". La razón de la de la demanda fue que la firma vende ropa, rótulos, etiquetas y afiches que contienen imágenes y leyendas blasfemas y ofensivas a la fe católica, a Nuestro Señor Jesucristo y a la Santísima Virgen María.

Ante la demanda realizada en 2009 por numerosos católicos de San Luis, "De Puta Madre 69" les endilgó tener una "mente frizada y encapsulada" y les retrucó con muy mal gusto: "si alguno se sintió dolido con nuestra campaña, ofendido o cree que somos blasfemitos, tenemos solo para decirles: que la hicimos con el mayor cuidado posible en los aspectos tanto religiosos como social. Y si no lo entendiste, tenemos una remera que dice así: CHUPALA, EN SILENCIO" (la respuesta contiene esas palabras en mayúscula).

En la demanda se solicitaba que se termine de inmediato en "el uso de imágenes sagradas representativas de Nuestro Señor Jesucristo y de la Santísima Virgen María y de otros Santos, insertas en láminas, afiches, carteles u otro medio de comunicación gráfica, como argumento de propaganda y venta de prendas de vestir, de su marca “De Puta Madre 69”, debiendo prohibir la exhibición y difusión de las imágenes mencionadas".

En la contestación del amparo, el abogado Carlos Acevedo, representante del Sr. Gustavo Andrés Borra (quien comercializa en San Luis la firma “Komodo de Puta Madre 69") sostuvo que "que no se puede demandar a un nombre de fantasía y la falta de legitimación activa por parte de los amparistas y que se ha omitido integrar la litis con el titular de la marca, autor de las obras y de la gráfica".

El Juez Jorge Sabaíni Zapata hizo lugar al amparo pues reconoció que "la libertad de expresión, no puede significar al mismo tiempo ofender, o difamar los sentimientos y creencias de un grupo religioso, en este caso el católico, en sus creencias más sagradas, existiendo como sostienen los amparistas una clara discriminación en el sentido peyorativo y denigrante que significa ridiculizar los dogmas más sagrados de la Iglesia Católica".

Frente a esta situación resolvió que la firma “Komodo de Puta Madre 69” debe abstenerse de "exhibir y difundir, en el local comercial y/o por cualquier medio las imágenes de la marca “De puta madre 69”, donde se vean representadas imágenes del Culto Católico y donde aparezcan las imágenes del Señor Jesucristo, de la Santísima Virgen María y de los Santos".

Felicitamos a todos los amparistas e invitamos a nuestros lectores a felicitarlos en la sección de comentarios.

¡No compres ropa de "De Puta Madre 69"!

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XIV Encuentro de Formación Católica en Buenos Aires

(AA) Los días 2, 3 y 4 de diciembre se llevará a cabo el XIV Encuentro de Formación Católica ("Los últimos tiempos, ante la tribulación y la esperanza") organizado por el Círculo de Formación San Bernardo de Claraval. Tendrá lugar en San Miguel, Buenos Aires, bajo la coordinación general de Jorge E. Gristelli y la Prof. M. Virginia O. de Gristelli.

 El evento cuenta con conferencistas de primerísimo nivel. De algunos de ellos hemos publicado notas recientemente en Argentinos Alerta:

Transcribimos a continuación el programa tal como lo hemos recibido:

"Todas las naciones vendrán a postrarse en tu acatamiento" (Ap 15,3-4)

¿Está viva de verdad esta esperanza en la mayoría de los cristianos de hoy? Son muchos los que dan por derrotada a la Iglesia en la historia del mundo. ¿Cuáles son las esperanzas de los cristianos sobre este mundo tan alejado de Dios, tan poderoso y cautivante, y qué esperanzas tienen sobre aquellas Iglesias que están profundamente mundanizadas?… No tenemos ante el mundo ningún complejo de inferioridad, no nos asustan sus persecuciones, ni nos fascinan sus halagos, y tampoco nos atemorizan los zarpazos de la Bestia , azuzada y potenciada por el Diablo, que «sabe que le queda poco tiempo» (Ap 12,12). Sabemos con toda certeza los cristianos que al Príncipe de este mundo ha sido vencido por Cristo, y por eso mismo no podemos establecer complicidades oscuras con ese mundo de pecado.
(J.M. Iraburu, Reforma o Apostasía)

Cronograma de Actividades:

Viernes 2 (Sta. Bibiana)
10.00 Acreditación y ubicación de los asistentes.
11.30 Mesianismos temporales en los utopismos históricos. Dr. Bernardino Montejano
12.30 Almuerzo
14.30 Algunas tergiversaciones del fin de los tiempos. Dr. Antonio Caponnetto
16.30 Santa Misa
17.45 Colación
18.15 Escatología y Apologética. Ing.Daniel Iglesias Grézes
19.30 Las cartas a las Iglesias del Apocalipsis. S.E.R.Mons. Antonio Baseotto
20.45 Cena
21.45 Vía Crucis con antorchas (por el parque)
22.30. Exposición del Ssmo. Sacramento – Completas
Noche Santa de Adoración (inscribirse para cubrir los turnos).


Sábado 3: (San Francisco Javier)
04.00 Vigilias
07.30 Levantarse-aseo
08.00 Laudes - Reserva del Santísimo -
08.30 Desayuno
09.30 La acción diabólica en los últimos tiempos. R.P. Carlos Mancuso, exorcista
11.00 In expectatione Gloriae: Último Juicio, Última batalla. Dr. Federico Mihura Seeber
12.30 Almuerzo. Sobremesa (café): apreciación del Mesías, de Haendel, a cargo del Dr. F. Mihura Seeber
14.30 Santo Rosario (por el parque)
15.30 Objeto y fundamento de la esperanza cristiana. Horacio Bojorge s.j
17.00 Santa Misa celebrada por S.E.R.Mons. Baseotto (forma extraordinaria), con celebración de Confirmaciones para asistentes que lo requieran con anticipación.
18.30 Colación festiva
19.00 La pequeña grey: misterio de gracia y fidelidad. Alberto Caturelli
20.30 Perspectiva teológica de los Últimos tiempos. Mons. Gabriel Delgado
22.00 Cena con Espectáculo musical
Descanso


Domingo 4 (San Juan Damasceno - Sta. Bárbara)
8.00 Levantarse - Aseo
8.30 Laudes
9.00 Desayuno
9.30 La figura del Anticristo como recapitulación del Mal, según San Ireneo. R.P. Alfredo Sáenz s.j
11.00 La Mujer vestida de Sol: María Reina del Universo. Giorgio Sernani
12.30 Almuerzo
14.00 Santo Rosario
14.30 Religiones y poder global. R.p. Juan Claudio Sanahuja
16.00 El misterio del mal y las Parábolas del fin de los tiempos. PANEL r.p. Alfredo Sáenz s.j. / Alberto Caturelli
17.30 Santa Misa de clausura
18.30 Colación de cierre del Encuentro. Entrega de certificados de asistencia.
19.30 Despedida y regreso.

Aranceles:
Con alojamiento en habitación $490.-
Carpas (promoción) $230.-
“Pasaporte” (los 3 días) sin habitación $320.-
Por día, sin alojamiento $150.-
(Incluye: Conferencias, pensión completa -desde el viernes a la mañana hasta el domingo 4 por la tarde, en la clausura-, y espectáculos).
Servicio de guardería. Exposición y venta de Libros e imágenes.
Transporte desde capital federal con previa reserva.
 

Informes e Inscripción:
cfsanbernardo@yahoo.com.ar
En Bella Vista: La Plata 1721 -
011.4666.3817 / 02320.492119/ 011.156.666.1759

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La presidente se acerca al episcopado ratificando su oposición al aborto

(AA) La cúpula del episcopado argentino encabezada por el recientemente elegido presidente de la Conferencia Episcopal Argentina se entrevistó con la presidente. La reunión (según palabras de Mons. Arancedo) fue muy cordial y, ante la mención por parte de los obispos sobre su posición respecto a la “defensa de la vida", Cristina Fernández aprovechó para ratificar su actitud opuesta al aborto. Extraemos algunos párrafos de la nota publicada por Noticias Argentinas.

 

En una entrevista difundida por el equipo de prensa de la CEA, el arzobispo de Santa Fe, de 71 años, Mons. José María Arancedo consideró que la opinión de la Iglesia no responde a "una óptica político-partidaria opositora u oficialista", reivindicó su postura "dialoguista" y remarcó que el encuentro con la presidente Cristina Kirchner fue "muy útil para las relaciones con el Gobierno"

Arancedo dijo que durante la conversación hablaron "de la vida, del matrimonio, de la familia, de la pobreza, de la educación, de la cultura", entre otros temas, por lo que confirmó tácitamente lo que había anunciado Noticias Argentinas, la ratificación de la postura de Cristina Kirchner sobre el aborto.

"Ustedes saben lo que pienso sobre ese tema", sostuvo la jefa de Estado ante la Mesa Ejecutiva de la CEA luego de que los huéspedes mencionaran su posición en "defensa de la vida", una manera de definir su doctrina antiabortista.

Junto a Arancedo estuvieron el vicepresidente primero de la CEA, arzobispo de Neuquén, Virginio Bressanelli; su par de Salta y vice segundo, Mario Cargnello; y el secretario general, Enrique Eguía Seguí, quien fue reelecto, mientras que también se calzaron el rol de anfitriones el jefe de gabinete, Aníbal Fernández; el canciller Héctor Timerman, y el secretario de Culto, Guillermo Oliveri.

"Hablamos de todo. Le dijimos `somos pastores`, por lo tanto, los temas que tocamos no son desde una óptica político-partidaria opositora u oficialista sino desde nosotros, como pastores, con fidelidad al Evangelio y al servicio del hombre", le aclaró Arancedo a los representantes del Gobierno nacional.

En ese sentido, consideró que "la relación de la Iglesia y el Gobierno tiene que moverse en esa sana autonomía y también cooperación en el bien común y al servicio del hombre".

"Nosotros tenemos que estar cerca del pobre y no es una estrategia demagógica. Es fidelidad y si no nos ven cerca, recuérdennoslo. Hay sinceridad y libertad en lo que decimos, tenemos una relación madura, libre, responsable, en la que podemos conversar", señaló.

Arancedo aceptó la calificación de "dialoguista" con la que la mayoría de los medios lo tildaron una vez electo al frente de la CEA, aunque aclaró que "tal vez" lo "ponderaron demasiado".

"Creo que soy dialoguista. Tengo algunos días en los que quizás no dialogo tanto. Algunos me dicen `usted escucha todo pero después hace lo que quiere`. Somos obispos que nacimos con el Concilio en el marco de la Iglesia-mundo como misión propia de la Iglesia. Existe para evangelizar, por lo tanto, su relación con el mundo es clave y ahí el diálogo aparece como un elemento importante", afirmó

Arancedo es representante del sector moderado, al que también pertenece Bergoglio, grupo que ostentó el dominio de la Mesa Ejecutiva por sobre los "conservadores", agrupados por el arzobispo de La Plata Héctor Aguer y el enviado de El Vaticano a la Argentina, el nuncio Adriano Bernardini.

"La unidad es un tema teológico, profundo, eclesial, que me ha movido mucho siempre. En esa línea pensé trabajar y también en el tema misionero con la conciencia de que permanentemente tenemos que dar el Evangelio", indicó

Obviamente, si no queremos pecar de ingenuos, debemos saber que,  ante los difíciles tiempos que se avecinan (problemas económicos y financieros, corte de los subsidios y consecuente aumento de tarifas, inflación y el desordenado proceso de sinceramiento de la economía que puede acarrear repercusiones sociales), el gobierno nacional necesita del poder apaciguador de los obispos argentinos, dicho lo cual cabe esperar que la presidente cumpla con la posición que ha manifestado.

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El magisterio provida de Mons. José María Arancedo, nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Argentina

(AA) El arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, Mons. José María Arancedo, fue elegido el martes 8 de noviembre como presidente de la Conferencia Episcopal Argentina. Argentinos Alerta ha recopilado en esta nota su magisterio provida. Nos hemos basado en informaciones periodísticas y en el registro de homilías y documentos de Mons. Arancedo publicado por AICA.

Pedimos a nuestros lectores que nos ayuden a difundir este rico magisterio provida y desde esta columna saludamos a Mons. Arancedo como nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Argentina.

 A lo largo de los años, Mons. Arancedo se ha pronunciado sobre el don de la vida humana y sobre la necesidad de defenderla frente a la postura abortista que considera a la libertad como un absoluto y que se arroga el derecho de decidir quién va vivir y quién no. La persona "no es un objeto que dependa de la voluntad de nadie, sino un sujeto de derechos".

Citando al entonces Card. Joseph Ratzinger (ahora Benedicto XVI) en "La sacralidad de la Vida Humana", Mons. Arancedo recordaba que "un Estado que se arrogue el derecho de definir qué seres humanos son o no sujetos de derechos, y que, en consecuencia, reconozca a algunos el poder de violar el derecho de otros a la vida, contradice el ideal democrático. En efecto, aceptando que se violen los derechos del más débil, acepta al mismo tiempo, que el derecho de la fuerza prevalezca sobre la fuerza del derecho".

En el año 2006 resaltaba que "no podemos callar, ni dejar de movilizarnos para expresar nuestro firme y claro rechazo al aborto" y en el año 2008 le recordaba al Ministro de Salud de Santa Fe que “el aborto no es negociable”.  Pero privilegiar la vida no implica ser insensible frente a los problemas del embarazo para la mujer: "este hecho requiere una cercanía y acompañamiento a la mujer tanto de la familia como de la sociedad, pero nunca es una actitud humana y responsable resolver el problema quitando una vida".

En 2011 advertía que los promotores del aborto pretenden convertirse "en creadores, en pequeños dioses"..."que se basan en un concepto del hombre y su libertad como algo absoluto, una suerte de un dios creador que no tiene límites". "El aborto es un signo de debilidad cultural, de retroceso moral y de claudicación política".

Que la Virgen de Guadalupe, invocada por Mons. Arancedo en muchas de sus homilías, lo guíe como presidente de la Conferencia Episcopal Argentina.

Índice de documentos:

2005: la defensa de la vida: un acto de verdad, de justicia y de amor

En el mensaje de Pascua del año 2005 expresó:

... En este contexto de la celebración de la Pascua no puedo dejar de referirme a un tema que nos ocupa por su importancia y gravedad, dado que ataca a la vida en su etapa más indefensa, me refiero al aborto. La doctrina permanente de la Iglesia sobre esta materia, la defensa de la vida desde el seno de la madre, debemos considerarla como un acto de verdad, de justicia y de amor. Es un acto de verdad en primer lugar; la verdad no depende de nosotros, está ahí, y aunque nos sorprenda nos obliga a valorarla y a ponernos a su servicio, no nos está permitido moralmente ignorarla. Es también un acto de justicia; a la justicia pertenece dar a cada uno lo que le corresponde y en el momento preciso, en nuestro caso el primer derecho que debe atender la justicia es el derecho a la vida del ser naciente. En esta doble certeza se fundamenta la sabiduría de una sana legislación. Y finalmente es un acto de amor; el amor dice referencia al otro, no sólo a uno mismo, y este amor, como todo amor, tiene una dimensión oblativa que se alegra por el bien del otro y cuida de su desarrollo.

Frente al misterio de la vida no cabe otra actitud moral. Puede parecer dura esta doctrina frente a una cultura que parte de la libertad del hombre como de un absoluto creador y, por lo mismo, le cuesta aceptar los límites que nos impone una realidad objetiva. Este planteo doctrinal de la Iglesia, que se fundamenta en razones científicas, filosóficas y teológicas, es lo que me compromete a predicarlo, con la firmeza, el respeto y la seriedad que merecen, porque es una exigencia de orden moral que hace a la dignidad del hombre y a la cultura de un pueblo.

Queridos amigos, reciban de su Obispo este mensaje de Pascua para vivir la alegría de la Resurrección del Señor que nos señala un camino de esperanza y de solidaridad, para juntos caminar y reconstruir los lazos de una sociedad herida pero que nos pertenece y a la que nos debemos. Que el Señor Jesús y Nuestra Madre de Guadalupe, a quién visitaremos próximamente en su Fiesta mayor los acompañen. Felices Pascuas. Santa Fe de la Vera Cruz, Pascua de 2005.

2005: Vida humana debe defenderse también con sanciones penales

Días antes de las elecciones legislativas del 23 de octubre del 2005, Mons. Arancedo reflexionaba sobre la defensa de la vida y la responsabilidad cívica:

La defensa de la vida y el rechazo del aborto es una exigencia que compromete y determina el nivel moral de una comunidad. La vida naciente como valor que se funda en un derecho inalienable, es un límite moral y jurídico que se convierte en un principio constitutivo de la sociedad civil y de su legislación. La vida naciente es una realidad objetiva que nos habla con su propio lenguaje, al que debemos saber escuchar en su dignidad única e irrepetible. Ella nos diría: mi existencia ya no depende de tu decisión o libertad, sino que necesita y espera de tu cuidado. El aborto es un signo de debilidad cultural, de retroceso moral y de claudicación política. Para el cristiano, además, esta actitud ante la vida es una expresión que compromete la identidad de su fe y hace, por lo mismo, al compromiso social y político que debe asumir por el bien y salud espiritual de la Patria.

En este contexto de responsabilidad cívica al que estamos convocados, tanto ciudadanos como dirigentes políticos, quiero recordar los principios y algunas definiciones del magisterio de la Iglesia referidas al tema de la vida y a la consiguiente responsabilidad jurídica y social frente al aborto.

"Los derechos inalienables deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Estos derechos del hombre no están subordinados ni a los individuos ni a los padres, y tampoco son una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana y son inherentes a la persona en virtud del acto creador que la ha originado. Entre estos derechos fundamentales es preciso recordar a este propósito el derecho de todo ser humano a la vida y a la integridad física desde la concepción hasta la muerte". (...) "Cuando una ley positiva priva a una categoría de seres humanos de la protección que el ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quién es más débil, se quebrantan los fundamentos mismos del Estado de derecho. El respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma concepción, a quién debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violación de sus derechos". (Catecismo de la Iglesia Católica n° 2273).

2006: Carta sobre el aborto: no podemos callar, ni dejar de movilizarnos para expresar nuestro firme y claro rechazo al aborto

Con motivo de las celebraciones del día de la Familia y el día de la Madre en el mes de octubre de 2006, Mons. Arancedo presentó la siguiente carta sobre el aborto:

Queridos hermanos:

En este mes de Octubre celebramos el día de la Familia y en él, el día de la Madre. Dos acontecimientos que se corresponden y marcan la cultura de un pueblo. Detener la mirada en una fecha nos sirve para fijar nuestra atención y reflexionar sobre el significado que esa realidad tiene hoy para nosotros. Como todos los años les he escrito una carta a las familias en la que las invitaba a reflexionar sobre: “La Familia, camino de plenitud”. Ella es el ámbito natural y espiritual en la que cada miembro va creciendo en comunidad sin anularse, por ello se la llama con razón, les decía, la primera escuela de la dignidad y socialización del hombre. En este sentido hablamos de la familia como un “patrimonio de la humanidad”. Su presencia y testimonio es la primera escuela para la sociedad. No dudemos que fortalecer la familia es la mayor inversión que debe hacer una comunidad responsable para asegurar en el futuro su nivel de vida moral y cultural.

En esta carta quisiera detenerme en un tema que hace a la responsabilidad no sólo de la familia, sino de todo ciudadano y de la misma sociedad, me refiero al tema del aborto. No se trata de algo secundario y que pueda quedar librado a la determinación de cada persona u opinión circunstancial, sino que estamos ante un hecho que reclama definiciones claras y comprometidas. No es un tema sólo de fe, aunque no podemos olvidar su importancia al tratarlo, sino de una realidad que pertenece al ámbito de los derechos humanos que deben ser tutelados por la misma sociedad. Dada la importancia del tema es que no podemos callar, ni dejar de movilizarnos para expresar nuestro firme y claro rechazo al aborto. El tema de la vida es parte integrante del contenido de nuestra fe en un Dios que es creador y providente. El don de la vida no es un producto más, sino un proyecto que tiene el sello de lo divino y que sólo necesita del tiempo para su realización y verdad plena.

Es importante observar que cuando el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia Católica nos habla del aborto lo hace precisamente en el capítulo III, en el que trata sobre los Derechos Humanos. Sacar el aborto de este contexto es desconocer la dignidad y las exigencias de la vida concebida, y no ponderar su gravedad intrínseca. Cuando no se parte de la realidad de la vida como un dato objetivo comprobable científicamente, y frente al cual no se puede admitir la gradación del más o menos, sino que es una existencia nueva y que como tal debe ser tratada, entonces perdimos de vista el lugar correcto desde el cual debemos observar la realidad. Estamos ante un nuevo ser que tiene autonomía genética, aunque no tenga aún una independencia total. Esta realidad de fragilidad no disminuye, sin embargo, su grandeza en el orden del ser, que es lo que determina su condición de sujeto de derechos. Por ello debemos afirmar y defender que el primer derecho del hombre es el derecho a la vida.

En esta línea de pensamiento la Doctrina Social de la Iglesia concluye que la fuente última de los derechos humanos no depende de la voluntad o libertad de ninguna persona, ni reside en poder del Estado ni en la promulgación positiva de sus leyes, sino sólo en la dignidad del mismo hombre que le es connatural a su propia vida y que es igual en toda persona. Estos derechos, por otra parte, son universales, inviolables e inalienables, es decir, están presentes en todos los seres humanos, sin excepción alguna de tiempo, lugar o sujeto. Además de su universalidad estos derechos tienen la nota de la indivisiblidad, es decir: “Tales derechos se refieren a todas las fases o etapas de la vida y en cualquier contexto…. Son un conjunto unitario..” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia nº 154). Desde esta certeza filosófico-científica se define y garantiza el respeto por todos y cada uno de los derechos humanos. Cuando dejamos de pensar a partir de las exigencias que nos plantea esta realidad, aún en su estado o etapa de fragilidad dependiente, pero siempre como sujeto real de derechos, quebramos el orden del ser y de la justicia.

Un tema que se esgrime es el de la libertad de la madre como un derecho absoluto que no admitiría límites. Se lo llama el derecho a la libre decisión. Debemos recordar que la libertad no es un principio absoluto creador de normas, sino una determinación personal y voluntaria que debe reconocer, y éste es su límite, los derechos que emanan del otro o de un ordenamiento jurídico, en este caso la vida concebida que se convierte en una realidad que vincula y compromete. Lo que existe en la madre, después de la concepción es un ser distinto y goza, por lo mismo, de derechos que deben ser tutelados por el Estado por medio de sus leyes justas. No es un objeto que dependa de la voluntad de nadie, sino un sujeto de derechos. La justicia es dar a cada uno lo que le corresponde, por ello es tan sabia y necesaria la tutela jurídica frente a la vida naciente e indefensa. Como vemos no se trata sólo de un cuestión de fe, o de pertenencia religiosa, sino de un tema que compromete la conciencia y que como ciudadanos tenemos el derecho y la obligación de defenderlo ante la sociedad y reclamarlo a las autoridades. Esto lo digo como Obispo, pero también, y tal vez antes, como ciudadano de esta Patria a la que pertenezco y amo.

Esta polémica no es, decía recientemente la Declaración de la Comisión Permanente del Episcopado Argentino, una discusión entre tantas. Es una cuestión de fondo que involucra a todos los ciudadanos de cualquier credo o condición social. La opción por el aborto desconoce la dignidad e inviolabilidad de la vida que tiene su fundamento en el orden del ser, que es el fundamento de la justicia. Como vemos estamos ante un tema que no podemos desatender, debemos dar razones de lo que proclamamos y defendemos, sin complejos, pero con la certeza que nos da la fe y la razón, que no se oponen sino que se complementan y ayudan, como así también con el debido respeto a las personas. No se trata de un tema opinable para un cristiano sino que es parte integrante de nuestra fe en un Dios que es Padre, y que nos ha revelado el valor de la vida en la exigencia de un mandamiento, no matar.

Queridos hermanos, les he escrito esta carta con la responsabilidad de Pastor ante un tema instalado y del que nadie puede sentirse ajeno, sino comprometido con su fe para prestar un servicio al bien de la sociedad desde cualquier lugar que ocupe, sea en la familia como en la escuela, alumno o docente, político o empresario, profesional, empleado, trabajador o simple ciudadano. Pongo la intención y el contenido de esta carta a los pies de María Santísima, Nuestra Madre de Guadalupe, para que nos acompañe en este camino del Evangelio de la Vida que hemos recibido de su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo. Junto a mi afecto y oraciones, reciban mi bendición de Padre y Obispo.

2006: Privilegiar la vida no significa ser insensible

Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo emitido el sábado 5 de agosto de 2006 por LT9:

En estos días ha ocupado un lugar destacado el tema del aborto, por atención al caso de una mujer violada, con el agravante de disminución mental y cuyo embarazo se encontraba en el quinto mes. Son varios los componentes que entran en esta situación. Por un lado la violación como hecho aberrante, la condición de disminución de la madre junto al pedido de interrupción del embarazo, y por otro, la realidad de la vida ya gestada a la espera de su nacimiento y que necesita, aún, de los cuidados necesarios. Frente a ello el ordenamiento jurídico que defiende la vida desde la concepción.

Nos encontramos ante una situación difícil y dolorosa que merece respeto. En ella aparece lo aberrante de una violación y la debilidad de la madre, pero también el hecho indudable de una vida que existe, que tiene autonomía e identidad genética, pero que aún no es independiente, es decir, no puede existir ni decidir por si, sino que necesita de la ayuda y tutela jurídica. Plantear bien un problema es reconocer tanto las dificultades, como las exigencias del hecho, este es el camino para dar una respuesta justa, que no excluye lo doloroso. Ante una situación difícil la tentación puede ser suprimir uno de los términos de la ecuación, lo correcto, en cambio, es considerar la totalidad del hecho y asumir las exigencias como los derechos de cada una de las partes. Esto me lleva a afirmar que la ley, en este caso, debe castigar al agresor, que es el violador, defender la vida como un hecho que reclama el cuidado y su tutela, y acompañar con todos los medios al agredido, es decir, a la madre.

Entra otro elemento en juego que es el ejercicio y el límite de la libertad. Creo que este aspecto es el que más se esgrime y se lo considera como un derecho absoluto. Se lo llama el derecho a decidir que tiene la madre. La libertad, sin embargo, no es un principio absoluto o una decisión creadora de normas o valores, sino que es una determinación personal y voluntaria que debe reconocer, y éste es su límite, los derechos que emanan del otro o de un ordenamiento jurídico, que es algo objetivo, en este caso la vida naciente con su necesaria tutela, que se convierte para ella en una realidad que la vincula y compromete.

Siempre estamos llamados a decidir y a realizar opciones, pero éstas deben ser hechas de acuerdo a una jerarquía de verdades. En este caso concreto se trata de privilegiar la vida humana como hecho único e irrepetible, más allá de las circunstancias en las que ella se nos hace presente, esto lo considero un acto de justicia frente a un ser inocente. Esto no significa ser insensible al dolor sufrido por la madre, todo lo contrario, es necesario acompañarla, incluso hasta prever la posibilidad de una adopción si llega el caso. En toda opción hay algo que debemos privilegiar, la opción por el aborto quiebra la jerarquía de verdades y valores, como el orden moral de una sociedad. Por ello es tan sabia y necesaria la tutela jurídica frente a la vida indefensa.

Queridos amigos, sé que este mensaje puede parecer exigente, pero creo que lo reclama la verdad de la vida como fundamento de la justicia. Reciban junto a mi expresión de afecto mis saludos y bendición.

2007: El derecho a la vida es el primer derecho humano

Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, emitido el sábado 17 de marzo de 2007 por LT 9:

El derecho a la vida es el primer derecho humano. En esta frase tan simple se expresa una verdad que sostiene y construye una cultura. Esto que nos parece tan evidente en su formulación, hoy, desgraciadamente, se lo cuestiona desde diversos discursos y actitudes, incluso desde la misma autoridad civil. En lugar de afirmar con claridad la defensa de la vida desde su nacimiento, como lo marca nuestra Constitución, se buscan caminos que relativicen este principio.

Este tema no es secundario para la vida moral de una comunidad. No se trata de un tema religioso sino que es primariamente un tema humano. Desconocer, o no querer asumir la realidad de la vida como un hecho objetivo que tiene y reclama sus derechos, es determinar que la moralidad de un acto depende solo de mi voluntad o de mi libertad de decisión, sin que intervenga en ello una realidad objetiva, sea una persona o una norma. Este hecho por su importancia social requiere de decisiones claras, como de su necesaria tutela jurídica.

La justicia es la virtud que nos enseña a dar a cada uno lo suyo, lo que le corresponde, por ello es la garantía de los derechos. En el tema del aborto lo que no se tiene en cuenta es, precisamente, el derecho del que ya existe con su propia identidad genética, pero que aún no ha nacido. Por ello es tan justa y necesaria la legislación que tutela a aquel que no puede ejercer por si mismo, su primer derecho, el derecho al desarrollo de la vida que ya posee. El hombre se realiza en el ejercicio de la libertad, pero siempre que ella reconozca a la verdad como su fuente, su grandeza y también su límite. Pensar solo desde nuestra libertad como un absoluto, es desconocer la condición humana y sentirnos indebidamente dueños, en este caso, de la vida, del otro. Esto significa que la fuente de los derechos humanos no se encuentra en nuestra voluntad, ni en el la realidad del Estado o de los poderes públicos, sino en la dignidad irrepetible de cada hombre. Estos derechos son universales, inviolables e inalienables.

Causa dolor y preocupación escuchar que el derecho a la vida pueda quedar librado la decisión de la mujer como dueña de su cuerpo. Esto no puede considerarse es un verdadero progresismo, porque no parte ni tiene en cuenta la exigencia moral de lo que existe. No se atenta contra la libertad de la mujer cuando se defiende la vida naciente, por el contrario se la valora en su dignidad y responsabilidad. Cuando se quiebra la armonía entre la verdad, el derecho y la justicia, no progresa el hombre en su condición de ser espiritual y libre. Toda forma de aborto provocado es ilícito: esta afirmación no es un hecho religioso o privado, sino que es humano y público, y necesita, por lo mismo, de la sabiduría de las leyes y del ejercicio de la justicia. En este tema se juega no sólo la vida de un nuevo ser, sino principios que definen una cultura, por ello es también un tema de responsabilidad política.

Deseándoles un buen fin de semana en familia, reciban de su Obispo junto a mis oraciones y afecto, mi bendición en el Señor.

2007: El tema de la vida humana no es un hecho privado que queda a la libre determinación de una persona

Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo emitido el sábado 6 de octubre de 2007por LT 9:

En este mes dedicado a la Familia quiero referirme al tema de la Vida como fundamento ético y jurídico del bien común de la sociedad. Me refiero al derecho a la vida de toda persona concebida como primer derecho humano y fundamento del orden jurídico. Esto implica una clara posición frente al aborto. El Santo Padre incluía este tema entre aquellos “principios no negociables”, decía, que hacen a la salud moral y jurídica de una comunidad. No se trata de principios religiosos ni de un tema que pueda quedar librado a la sola de decisión de una persona, sino de considerar la vida naciente como la realidad de un ser que en su autonomía y dignidad, reclama el cuidado de sus derechos, precisamente el primero de ellos es el de la vida. El tema de la vida humana no es un hecho privado que queda a la libre determinación de una persona, sino que en su dignidad compromete a la sociedad política y jurídicamente organizada.

Por ello ha sido llamativo y preocupante que en estos días, en Paraná, la autoridad política en lugar de orientar los pasos en una clara defensa de la vida del niño por nacer, se haya manifestado en actitudes a favor de una ampliación y generalización del aborto. También preocupa que en sede judicial no se tenga en cuenta los Pactos Internacionales, por ejemplo el de San José de Costa Rica o la convención sobre los Derechos del Niño que obligan de modo inequívoco a garantizar la vida del niño por nacer. Argentina es signataria de estos acuerdos. Es bueno recordar, además, la interpretación que por unanimidad dio la Academia de Ciencias Morales y Jurídicas respecto a las llamadas “excusas absolutorias” contenidas en la reforma al art. 86 del Código Penal. En un reciente editorial del diario La Nación se recuerda el origen de esta cláusula en la que se declaraba no punible el aborto “para evitar, se decía, que de una mujer idiota nazca un ser anormal y degenerado”, y concluía, el aborto debe ser consentido “cuando es practicado a los fines del perfeccionamiento de la raza”. Esta teoría, lamentablemente, existía en algunos países de Europa e influyó en algunos marcos jurídicos.

Si bien se trata de un tema primariamente humano y no confesional no puedo dejar de recordar las palabras que con tanta verdad y belleza nos propone la fe bíblica al referirse a esta realidad de la vida por nacer: “Por que tú Señor…me has tejido en el vientre de mi madre…cuando era formado en lo secreto…mis días estaban escritos y señalados, antes que uno solo de ellos existiera” (Salmo 138). La fe ilumina a la razón. Quiero concluir esta reflexión con las palabras del Documento de Aparecida a los dirigentes: “Esperamos, dice, que los legisladores, gobernantes y profesionales de la salud, conscientes de la dignidad de la vida humana y del arraigo de la familia en nuestros pueblos, la defiendan y protejan de los crímenes del aborto y de la eutanasia” (Ap. 436). Esta defensa de la vida, además de la tutela jurídica, debe comenzar por acompañar humana y espiritualmente a la madre para que lleve a buen término lo que en ella ya existe, y no en ofrecerle una aparente pero equivocada solución.

Deseándoles un buen fin de semana en compañía de sus amigos y en familia, les hago llegar junto a mi afecto y oraciones mi bendición en el Señor.

2008: El aborto no es negociable

En noviembre de 2008, el ministro de Salud de la provincia de Santa Fe, Miguel Ángel Cappiello, funcionario del gobernador Hermes Binner, apoyó abiertamente la gestión de la presidente del bloque de diputados nacionales del Partido Socialista, la rosarina Silvia Augsburger, para dejar de punir el aborto y también la decisión de no obligar a los médicos a denunciar dichas prácticas. Frente a esta situación Mons. Arancedo expresó ante la prensa:

“Me preocupa de una autoridad que tiene la responsabilidad del bien común. Yo creo que el aborto hay que verlo como lo que es, no hay que darle muchas vueltas. El acto del aborto se impone a la libertad de una persona, (porque) donde hay vida ya existe derecho. El chico que se está engendrando en el vientre de su madre tenga 20 días, tenga un mes, ya es un ser vivo y sujeto de derecho y por lo tanto la ley debe tutelar esos derechos”.

“A la chica (con un embarazo no deseado) habrá que acompañarla, habrá que hacer todo, pero no poner de entrada la solución imprudente del aborto. El aborto no es negociable. Si existe vida, esa vida reclama respeto, tiene derechos”.

Frente a las declaraciones de Ministro de Salud de que “no hay ninguna obligación de denunciar estos casos”, Mons. Arancedo respondió:

“Espero que los médicos no se dejen llevar por esas medidas ¿Cómo no va a denunciar a alguien que se practicó un aborto? La postura de la Iglesia es el respeto por la vida; ¿y quién dice que hay vida? Lo dice la ciencia”.

2009: Día del niño por nacer: La defensa de la vida abarca todo el desarrollo de la vida

Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, emitido 22 de marzo de 2009 por LT 9:

El próximo 25 de Marzo, Fiesta de la Anunciación del Señor, celebramos el Día del niño por nacer. La Anunciación nos recuerda la concepción de Jesús en el seno de la Virgen María. Concepción y nacimiento son dos momentos en el desarrollo de una misma vida. Desde el momento de la concepción la vida adquiere una entidad independiente que nos compromete en su defensa por ser su primer derecho. Esto tan fácil de expresar presenta, sin embargo, una serie de objeciones que no parten del derecho que esta vida nueva reclama, sino desde la libertad del hombre como un absoluto que le da derecho a decidir. Ahora bien, si no aceptamos que mi libertad tiene un límite en el derecho del otro, estamos ejerciendo un poder sobre el otro que no nos corresponde. La vida del ser naciente no es un objeto del que soy dueño, sino un sujeto con su entidad, autonomía y derechos.

Estamos hablando del aborto, no de un método anticonceptivo. Aquí no se habla de impedir la concepción, aquí se habla de eliminar lo ya concebido. Esta es la gravedad del aborto. No se trata, por ello, de un tema religioso que pueda quedar reducido a la esfera de lo personal o a las convicciones de un grupo, sino que estamos ante un derecho que hace a la dignidad del ser humano. La negación al aborto no comienza por un acto de fe sino por un dato científico con consecuencias éticas y jurídicas, es decir, cuando la ciencia nos dice aquí hay vida humana, en ese mismo momento comienza la exigencia de una actitud de respeto y de cuidado que la fe, es cierto, lo va a reforzar y a defender, incluso haciendo referencia a un mandamiento de la Ley de Dios, que nos dice: “no matarás”. Como vemos, el hecho de la vida es, ante todo, una realidad humana que nos compromete moralmente. Por ello es obligación del Estado proteger y tutelar con sus leyes, el camino de esta vida nueva desde su concepción a su nacimiento. Desde esta perspectiva podemos comprender por qué la Iglesia habla del aborto como un tema “no negociable”.

La defensa de la vida no se reduce, por otra parte, sólo a luchar contra el aborto sino que abarca todo el desarrollo de esta vida, principalmente en sus momentos de mayor fragilidad, comenzando por el embarazo, pero siguiendo por el nacimiento y su cuidado posterior. Pienso en la soledad y la pobreza de muchos niños que viven en un mundo que se jacta de sus logros y carece de sensibilidad para dar una respuesta a su realidad. No defiende la vida, como primer derecho humano, una sociedad que vive con indiferencia frente a la marginalidad de sus hijos. No se trata se suprimir pobres sino de atacar la pobreza. Dios ama al pobre pero no quiere la pobreza impuesta. ¿Es justa una sociedad, me pregunto, que ve crecer en la degradación de la pobreza a sus hijos? ¿No nos debemos sentir responsables como sociedad, políticamente organizada, del futuro de una juventud que crece desde la niñez debilitada en su salud física, psicológica y cultural? Es por ello que el tema de la defensa de la vida abarca la totalidad de etapas y aspectos en los que ella se desarrolla, pero debemos poner el acento, ciertamente, en aquellos momentos que más necesita de la presencia y responsabilidad de los adultos y la sociedad. El primer momento de fragilidad la puede padecer el niño por nacer.

Quiero agradecer la presencia y entrega de “Grávida” como institución dedicada a acompañar la vida naciente desde el seno de la madre, que ha permitido el nacimiento de muchos niños que hoy son la alegría de sus madres. También quiero valorar el trabajo desinteresado de muchas familias que asumen el rol generoso de ser “Hogares de Tránsito” para aquellos niños que nacen sin la posibilidad inmediata de un hogar propio. Todas ellas son familias sin grandes recursos pero con sólidas convicciones morales, en ellas veo una reserva moral de nuestra sociedad.

Reciban de su Obispo junto a mi respeto y afecto, mis oraciones y bendición en el Señor Jesús y María Nuestra Madre.
Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz.

2010: La vida, don y responsabilidad

Con motivo de la vigilia por la vida convocada para toda la Iglesia por el Papa Benedicto XVI para el sábado 27 de noviembre de 2010, Mons. Arancedo pronunció las siguientes palabras en el micro radial de LT 9:

El Santo Padre ha querido iniciar el tiempo de Adviento con una solemne “Vigilia por la vida naciente”. El nacimiento de Jesús nos habla no sólo del valor de su vida y misión, sino que se convierte, para toda la humanidad, en el camino que ilumina y protege la vida de cada ser humano. La vida naciente presenta la exigencia de un derecho y reclama la responsabilidad de una tarea que nos compromete. La fe no me aísla en una relación personal con Dios, sino que me compromete con su obra, en especial con su obra mayor que es el hombre.
La gloria de Dios consiste, decía San Ireneo, en que el hombre viva, y la vida del hombre consiste en el encuentro con Dios. Todo este misterio de la grandeza de la vida y el destino del hombre está encerrado en la fragilidad de la vida naciente. Por ello, la realidad de esta vida es un don y una responsabilidad para el hombre y la sociedad.

No somos dueños de la vida humana, pero sí partícipes necesarios de su concepción y cuidado. Esta verdad pertenece al orden natural y es captado por la razón y compromete, por lo mismo, una actitud moral. No podríamos hablar de la dignidad de la vida humana sino asumimos la exigencia de la tutela de su primer derecho, que es el derecho a la vida. Esto pertenece al orden la justicia que nos habla de dar a cada uno lo que le corresponde, en este caso el cuidado de la vida concebida. La correcta lectura de este hecho sólo requiere de una mirada simple, pero necesita de una actitud responsable.

Cuánto debemos agradecer el esfuerzo de personas e instituciones que acompañan este don de la vida, pienso entre nosotros en Grávida. Y qué triste es escuchar voces que proclaman el aborto seguro como un logro de la ciencia.

Cuando el hombre olvida, por otra parte, su origen y destino trascendente queda encerrado en un mundo inmanente sin raíces ni horizonte. Esta afirmación que es fruto de la fe no es ajena a la razón, pero sí le agrega a la vida del hombre un valor de trascendencia que le da un sentido de plenitud. A aquellas razones humanas sobre la dignidad de la vida del hombre, esta mirada de fe le agrega la dimensión de una vocación que es única y personal, y para la cual Jesucristo ha venido para ser su Camino, su Verdad y su Vida. Toda la historia del amor de Dios, que en Jesucristo se ha hecho don personal para cada uno de nosotros, tiene en la vida naciente de todo hombre el comienzo de un diálogo que es la razón del envío y misión de Jesucristo.

Para esto he venido, nos dirá, para que el hombre participe de la vida de Dios. Estas razones que conocemos por la fe, porque provienen de la Palabra de Jesucristo, enriquecen a la razón y comprometen con más fuerza el cuidado de la vida.

Que esta Vigilia por la vida naciente, con la que el Santo Padre ha querido inaugurar este tiempo de Adviento, renueve en nosotros el compromiso con la defensa de la vida en todas sus etapas. Reciban junto a mi afecto y oración, mi bendición en el Señor Jesús y María Santísima, Nuestra Madre de Guadalupe.

2010: El aborto, ¿es un derecho?

En octubre de 2010, en el marco del mes de la Familia, Mons. Arancedo emitió el siguiente mensaje por LT 9:

En el marco del mes de la Familia quiero referirme a un tema actual que se lo presenta como un derecho, en este caso de la mujer, y que la sociedad debería garantizar con sus leyes. Me refiero al tema del aborto. Creo que todos coincidimos que estamos ante una situación límite y no querida, entiendo que nadie quiere abortar; pero nadie, tampoco, puede negar actualmente la existencia de una vida nueva a partir de la concepción, es decir, estamos ante un ser vivo que tiene su propia identidad genética.

El embrión no es un fragmento de la madre, es un nuevo ser perfectamente individualizado con su propio ADN. En los modernos sistemas jurídicos el ADN se ha convertido en la "prueba reina", para determinar la identidad y los derechos de las personas desde su concepción.

Lo dramático de una situación no puede alterar o desconocer lo que es propio de cada ser en cuanto sujeto de derechos. Para este ser ya concebido su primer derecho es, precisamente, el derecho a la vida. Esto no es quitar un derecho a alguien, sino defender el derecho de alguien. A la sabiduría de la ley le corresponde tutelar esta verdad que hace a la dignidad de todo ser humano. Esto no depende de una creencia religiosa sino de una realidad que, por su misma naturaleza humana y científica, reclama principios éticos que comprometen el ordenamiento jurídico de la sociedad. Estamos ante un hecho que trasciende lo individual o privado, porque está en juego tanto la vida de una persona como la cultura de una sociedad.

No puedo dejar de mencionar el testimonio de alguien que actuó con la serenidad y la firmeza que estos casos reclaman. Se trata de un médico que también es político. Me refiero al Dr. Tabaré Vázquez, presidente del Uruguay. Al fundamentar su veto a la ley de despenalización del aborto llama la atención sobre un dato que no es menor: "en los países que se ha liberalizado el aborto, estos han aumentado", y lo ejemplifica: "en los Estados Unidos, en los primeros diez años, se triplicó y la cifra se mantiene, para concluir, la costumbre se instaló". Qué triste e injusto es escuchar: "la costumbre se instaló", que equivale a decir, se ha instalado una cultura. La ley que penaliza el aborto tiene, por ello, una razón preventiva y pedagógica, en cuanto tutela y defiende el valor de la vida. Por ello va a concluir: "El verdadero grado de civilización de una nación se mide por cómo se protege a los más necesitados". He querido traer el testimonio de alguien que no habló desde una fe religiosa, sino desde su condición de profesional y de estadista.

Algunos para justificar el aborto sostienen que los embriones son sólo potencialmente humanos. No se puede fragmentar la vida humana, ella debe ser entendida como una totalidad dinámica que supone, tanto una identidad desde el origen como una unidad en su desarrollo, esto lo revela la existencia de un ADN que es único e irrepetible. No se puede decir que lo que aún no ha nacido o no conozco no existe. Por otra parte, si bien el embrión humano es autónomo desde la concepción, aún no es independiente, es decir, depende del cuidado de su madre o incluso de la sociedad. Esta es su grandeza, pero también su fragilidad. Con sabiduría de estadista concluía: "es más adecuado buscar una solución basada en la solidaridad que permita promocionar a la mujer y a su criatura, otorgándole la libertad de poder optar por otras vías y, de esta forma, salvar a los dos". Cuando la realidad y el cuidado de la vida no es un límite legal, crece una cultura sin fundamento que hiere al hombre y empobrece a la sociedad.

¿El aborto es un derecho?. Si partimos del hecho comprobado científica y filosóficamente de que el óvulo fecundado inaugura una vida nueva que ya no es un fragmento del padre o de la madre, debemos concluir que las prácticas abortivas son injustificables e injustas y, por lo mismo, no son un derecho. Tampoco se puede argüir desde la libertad de decisión de la mujer, porque se viola el derecho de un ser vivo que ya es una persona. En nombre de la libertad de quién tiene poder y voz, no se puede negar el derecho de quién no tiene la posibilidad de hacerse oír. Aquí entra el sentido y la finalidad de la ley, como un principio de equidad que debe regir la vida de la sociedad. Por ello: "un Estado que se arrogue el derecho de definir qué seres humanos son o no sujetos de derechos, y que, en consecuencia, reconozca a algunos el poder de violar el derecho de otros a la vida, contradice el ideal democrático. En efecto, aceptando que se violen los derechos del más débil, acepta al mismo tiempo, que el derecho de la fuerza prevalezca sobre la fuerza del derecho" (Ratzinger J. La sacralidad de la Vida Humana).

Me permito sugerir la lectura de un pequeño libro que ha publicado el equipo de Pastoral Familiar de nuestra Arquidiócesis, y que lleva como título: La vida humana en sus inicios: El problema del aborto y sus desafíos. Creo que tanto legisladores y políticos, como los simples ciudadanos, debemos asumir este tema con la responsabilidad cívica y moral que ello implica. Lo que está en juego son principios y comportamientos que hacen tanto al respeto por la vida naciente, como al nivel de una cultura que privilegia el primer derecho de todo ser vivo, el derecho a la vida. Reciban de su Obispo junto a mi respeto y afecto, mis oraciones y bendición en el Señor.

2011: Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe: no podemos ser espectadores que comentamos la realidad, sino comprometernos con los valores y la docencia de una cultura de la vida

Con motivo de la 112ª Peregrinación Arquidiocesana a la Basílica de Guadalupe en la ciudad de Santa Fé en mayo de 2011, Mons. Arancedo predicó la siguiente homilía:

Queridos hermanos:

Como todos los años venimos a celebrar la Fiesta de Nuestra Madre. Como todos los años Guadalupe nos sorprende por el fervor de un pueblo que peregrina movido por la fe y el amor, y con la certeza de un camino que le pertenece. La presencia de la Virgen en Guadalupe tiene su razón de ser en la vida e historia de nuestra comunidad. La lectura de este hecho nos muestra cómo nació en el pueblo y fue marcando un camino de encuentro con Dios en este preciso lugar y en torno a esta venerada imagen, que se convirtió en patrimonio y punto de referencia para la fe de los santafesinos. Qué triste, cuando no se conoce ni valora el significado religioso y cultural de una tradición que nace de la fe y expresa a una comunidad.

La devoción católica a la Virgen tiene su centro en Jesucristo, el único mediador entre Dios y los hombres. Ella nos orienta hacia él y nos dice hoy, como ya le dijo a los apóstoles: “Hagan todo lo que él les diga” (Jn. 2, 5). Acercarnos a María es renovar nuestro encuentro con Jesucristo para vivir de su Palabra y los Sacramentos, que nos ha dejado para caminar junto a nosotros. Este mensaje simple y profundo es el que se vive y renueva cada año en Guadalupe. Una auténtica devoción a la Virgen es, por ello, la que mantiene viva en nosotros el amor a la palabra de su Hijo y el sentido de pertenencia y comunión con la Iglesia. El lugar de María en la Iglesia es un lugar único elegido por Dios, y que el mismo Jesucristo nos la ha dejado como madre: “Aquí tienes a tu madre” (Jn. 19, 26-27), nos sigue diciendo.

Esta 112° Peregrinación Arquidiócesana a Guadalupe nos convoca bajo el lema: “Madre, danos fuerza para amar y servir a la vida”. El lema se ubica en el marco del “Año de la Vida”, que la Iglesia en la Argentina nos ha propuesto. La vida humana no es una idea que podamos considerar abstractamente, ella existe en cada hombre concreto. No estamos ante una idea más, sino ante una realidad que es única y personal. Hablar de la dignidad de la vida humana significa hablar de la dignidad de todo hombre y a lo largo de toda su vida. Es la ciencia la que nos dice que esta vida ya existe desde el embrión, es decir, que desde la concepción estamos ante la realidad de un nuevo ser con su propia identidad. Este hecho, que marca el inicio de una vida, nos compromete a lo largo de toda su historia, principalmente desde el embarazo, pero también en su nacimiento, educación y desarrollo integral. No defendemos ideas, defendemos la dignidad concreta de todo ser humano.

Los ataques que sufre la vida se presentan en momentos de especial fragilidad, pienso en el tiempo del embarazo con el peligro del aborto, consecuencia de una mentalidad que ha perdido el sentido de su gravedad moral y cultural. Parecería que la vida del otro ha dejado de ser un límite a mi libertad. ¡A cuánto niños hoy se le impide nacer! Hay una crisis en el modo de vivir la exigencia de los valores, que va debilitando el sentido de responsabilidad social y política. Pienso en una niñez que crece sin referencias que la contenga, ni ejemplaridad que la anime; víctimas, en algunos casos, de la marginalidad. Pienso en la vida de los jóvenes frente al ataque de la droga que avanza con la complicidad del silencio y la impotencia de la autoridad. Pienso en el tema de la inseguridad que se vive, donde el paso del robo a la muerte se convierte en algo común. Estamos ante signos de una sociedad enferma que debemos asumir y de la que somos parte; no podemos ser espectadores que comentamos la realidad, sino comprometernos con los valores y la docencia de una cultura de la vida.

Es la vida humana la que ha perdido valor, por ello venimos hoy a pedirle a nuestra Madre en Guadalupe, “danos fuerza para amar y servir a la vida”. En primer lugar para amar a la vida como un don que poseemos y poseen nuestros hermanos, del que estamos agradecidos y nos sentimos responsables de su cuidado. El amor debe hacerse servicio a la vida. Aprovecho esta oportunidad para pedirles a los diversos candidatos políticos en este año electoral y con el respeto que me merecen, que presten una especial atención al tema de la vida en todo su desarrollo, y no tengan miedo en defender a la vida desde la misma concepción. La defensa de la vida es una causa que necesita claridad y compromiso. La importancia de este tema no admite ambigüedades, requiere de una clara definición que tutele el valor de toda vida humana. No es coherente con su fe un cristiano, o un político cristiano, que apoye el aborto. Esto venimos a hacerlo oración y compromiso a los pies de nuestra Madre en Guadalupe: Madre, le decimos, danos fuerza para amar y servir a la vida.

Al finalizar esta celebración, como lo venimos haciendo todos los años, vamos a iniciar el camino anual de la Misión Arquidiocesana haciendo entrega de una imagen de la Virgen de Guadalupe, Patrona y Misionera de Santa Fe. La Misión es signo de una fe madura y de compromiso eclesial. Una Iglesia que pierda su ardor misionero es una Iglesia que se va adormeciendo en sus pastores y en sus fieles, y va perdiendo el sentido de su presencia en el mundo. A esta exigencia de la fe se le agrega, además, la orfandad religiosa de un pueblo que hemos bautizado. ¡Cuánta gente vive con alegría el reencontrarse con su madre, la Iglesia, que un día los había bautizado, y que tal vez los había abandonado! Hay una deuda con el bautismo que hemos dado a nuestros hermanos. Por ello les recomiendo a todos, sacerdotes, religiosos o laicos, que sean generosos con su tiempo y animen a sus comunidades a asumir y ser parte de esta convocatoria que hace a la vida y madurez de nuestra fe, como a la presencia de la Iglesia en el mundo.

Queridos hermanos, solo me queda agradecerles esta fervorosa presencia que se renueva cada año en Guadalupe, que fortalece nuestros lazos de pertenencia y nos anima a renovar el compromiso de nuestra vida cristiana. Que María Santísima nos acompañe y que su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, sea siempre nuestro Camino, nuestra Verdad y nuestra Vida. Amén.

2011: Aborto, derecho y libertad: abortistas pretenden convertirse en pequeños dioses

Días antes de las elecciones presidenciales y en el contexto del debate de proyectos de aborto que se dio en 2011 en la Comisión de Legislación Penal de la Cámara de Diputados, monseñor José María Arancedo emitió el siguiente micro radial el 8 de octubre de 2011 por LT 9:

Cuando trato de comprender cuál es la razón última de quienes sostienen el aborto, llego a la conclusión de que se basan en un concepto del hombre y su libertad como algo absoluto, una suerte de un dios creador que no tiene límites. Parecería que las razones biológicas y científicas, que no dudan en hablar de vida humana desde el embrión, no son suficientes. Les cuesta reconocer esta realidad humana del embrión, es más, tratan de evitar que se presenten sus imágenes por la crudeza que tienen.

El no ver, parecería, tranquiliza la conciencia. Tampoco alcanzan las razones jurídicas, cuando se nos habla del derecho a la vida como el primer derecho del hombre y, por lo mismo, reclama ser tutelado por las leyes. No hay nada superior a la libertad del hombre entendida como un poder absoluto de decisión.

Habría, para esta postura pro aborto, una omnipotencia de la libertad personal que exime de toda referencia ética o jurídica que sea vinculante. Algunos lo justifican diciendo que esa vida aún no tiene voz propia, no es persona como nosotros, agregan. No es suficiente, para ellos, la verdad de un ser que está en camino y que, aún, necesita de ayuda. Lo que importa es la libre decisión de quién engendra y lo lleva, convirtiéndose en creadores, en pequeños dioses de algo que les es propio, y no necesita, ni admite, una tutela legislativa y jurídica. Es una suerte de creación, si es posible la comparación hablaría de una creación sin sentido de providencia o responsabilidad respecto a la vida engendrada.

Puede parecer un tanto simple esta presentación, pero creo que es necesario plantearla en estos términos para comprender el fondo de la cuestión. Estamos ante la gravedad de una cuestión que define no sólo el valor único de una vida, sino el alcance gnoseológico y ético de una cultura. Campea como telón de fondo los principios de una filosofía de corte constructivista que, aunque no se lo exprese claramente, lleva necesariamente al planteo de una moral relativista, donde todo es posible.

No podemos dejar de pensar, ciertamente, en los problemas que puede plantear un embarazo para la mujer. No se trata de una actitud que no tenga en cuenta esta realidad, por el contrario hay que asumirla; lo que si marca una diferencia frente a esa postura es que estamos ante una vida nueva con sus exigencias y derechos. Este hecho requiere una cercanía y acompañamiento a la mujer tanto de la familia como de la sociedad, pero nunca es una actitud humana y responsable resolver el problema quitando una vida. Es importante buscar respuestas educativas y propositivas frente a esta realidad.

¡Cuántos niños hoy están creciendo con la alegría y gratitud de sus madres, porque han tenido la cercanía de personas que han sabido acompañarlas! Pienso en la obra silenciosa de Grávida, que es testimonio de un amor auténtico y responsable. El verdadero concepto de libertad, por otra parte, no es un límite a la grandeza del hombre, sino una condición necesaria que hace de la libertad un signo de su dignidad.

Reciban de su Obispo en este mes dedicado a la Familia, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor Jesús y María Santísima.

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Pedimos a nuestros lectores que nos ayuden a difundir este rico magisterio provida de Mons. José María Arancedo.

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