Corte Interamericana de Derechos Humanos: la corte de oropel y el exilio de la razón

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Un detallado análisis del fallo del lamentable fallo de la CIDH condenado a Costa Rica por haber prohibido la fecundación in-vitro hace 12 años. La desprotección jurídica del embrión humano.

(ArgentinosAlerta.org / Ultreia) Presentamos un detallado análisis dividido en tres partes del fallo de la CIDH contra el Estado de Costa Rica en el que se promueve la desprotección jurídica del embrión humano.

PRIMERA PARTE  

Dice Larralde en su canción Herencia pa’ un hijo gaucho:

 

Cuando no se quiere ver

No hay más que cerrar los ojos,

Pero no es bueno a mi antojo

Ser ciego por voluntad,

Castiga más la verdad

En rancho que usa cerrojo

 

Y recordando estos versos no pudimos menos que pensar en la insólita Sentencia fechada el 28 de Noviembre de 2012, y notificada el 24 de Diciembre del mismo año, sobre el “Caso Artavia Murillo y Otros vs. Costa Rica” por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). En la misma, se sancionó a Costa Rica por haber considerado inconstitucional la práctica de la técnica de Fecundación in Vitro, el 15 de Marzo del año 2000 por medio de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia de Costa Rica. Dicha sanción parece no solo violar la soberanía de esta Nación, sino también, y a juzgar por lo “argumentado” en la Sentencia, violar el derecho de toda persona a hacer uso de la razón que le es propia por su condición de ser humano.

 

Analizando cada una de las argumentaciones emitidas, parece ser que los mismos miembros de la Corte, que dicen abogar por los derechos humanos, son los primeros damnificados de esta privación del raciocinio. Concedámosle que tal vez la Corte sí abogue por lo derechos humanos; pero lo mínimo que debiera hacer la misma, acto seguido, es aclararnos a qué humanos nos referimos: si a los seres humanos que ellos catalogan de “personas”, o a los que catalogan de “no personas”, o cuanto menos, de “pre-personas”.

 Esto que parece ser un juego de palabras sin sentido que costean el absurdo, es lo que concluyó la Corte para sancionar al Estado de Costa Rica, favoreciendo a una gran industria. Es que la Corte consideró que se trata de “diferentes aspectos de la vida privada” (sic), donde mencionan el derecho a fundar una familia, a la integridad física y mental, y los derechos reproductivos de las personas. Es decir, que los derechos mencionados parecieran estar antes que el derecho a la vida, cosa que resulta un tanto incompatible con el más sensato sentido común, si comprendemos que no existe derecho que pueda ejercerse sin vida. Lo que sucedió, es que en la argumentación esgrimida, se analizaron determinados términos para ver el alcance de los artículos 1.2 y 4.1 de la Convención Americana. Estos fueron: “persona”, “ser humano”, “concepción” y “en general”. Para la tarea mencionada se tomaron en cuenta diferentes perspectivas de interpretación, aunque las perspectivas de la sensatez parecieron ausentarse.

 

Creemos oportuno reflexionar brevemente sobre los primeros tres términos tratados, tarea que intentaremos desarrollar en tres artículos consecutivos. En esta primera parte abarcaremos solo el concepto de “concepción” tratado en la Sentencia.

 

Con respecto al término de “concepción”, luego de recordar que debe valorarse “a partir de la literatura científica”, concluyó que “al cumplirse el segundo momento (implantación) se cierra el ciclo que permite entender que existe la concepción” agregando que: “(…) si dicho embrión no se implanta en el cuerpo de la mujer sus posibilidades de desarrollo son nulas.(…) Teniendo en cuenta lo anterior, el Tribunal entendió el término “concepción” desde el momento en que ocurre la implantación”.

 

Lo primero que cualquiera de nosotros podría preguntarse es ¿cuáles fueron las fuentes que utilizaron como literatura científica para arribar a tal interpretación? Pero, conociendo que abunda la literatura científica de calidad (entiéndase, de rigor científico) lo que es más llamativo aun, es la (in)competencia que parecen demostrar los ilustrados a la hora de interpretar dichos textos. Imposible de negar es que el proceso de la implantación es fundamental para continuar con el desarrollo del embrión, como también imposible resulta, al menos para alguien que esté en sus cabales, negar que alimentar al neonato es esencial para su supervivencia y posterior desarrollo que, aun habiendo nacido, no ha terminado todavía. Nadie podría suponer que por depender de la madre o de un tercero para alimentarse y cumplir sus necesidades básicas, el neonato no esté aun concebido. Concepción y dependencia, materna o de cualquier tipo, no parecen ser términos equivalentes. Es llamativo, además, que para definir  el estatuto de un embrión humano y su consecuente valor ontológico, se apoyen en un suceso que puede ocurrir o no como la implantación; siguiendo la misma “lógica”, podríamos suponer que el embrión ya implantado no es un concebido aun por la posibilidad de no formar la placa neural correctamente por alguna falla en la secreción de evocadores (sustancias químicas) por el complejo cordomesodérmico u organizador primario, por citar algún ejemplo, (que también es un paso esencial en el desarrollo normal embrionario, tanto como la implantación); o lo mismo sería decir que un niño neonato no fue concebido aun por la posibilidad de no desarrollar completamente su sistema nervioso central. Con esta secuencia de absurdos enunciados al azar, lo que queremos decir es que es impensable valorar ontológicamente un ser viviente por lo que pueda llegar a ocurrirle en su desarrollo y crecimiento.

 

Cierto es que la implantación es un paso fundamental en el desarrollo embrionario y que la neurulación también lo es, como tantos procesos necesarios involucrados, pero no menos cierto es que el único salto cualitativo que da origen a un nuevo organismo es la fecundación. Es este el momento clave y crítico que pone en marcha el desarrollo perfecto y armónicamente coordinado, donde comienza a expresarse un programa de desarrollo auténtico e irrepetible, que tendrá las peculiaridades de este individuo único. Creemos pertinente resaltar que la implantación ocurre gracias al diálogo bioquímico que se desarrolla entre la madre y el embrión, con el fin de controlar que este último entre en contacto con el endometrio (pared del útero) de la madre en el momento adecuado, diálogo en el que intervienen diversos mensajeros químicos. Esto es una muestra más, en la evidencia científica, de la autonomía del embrión pre-implantado, que “gestiona” la preparación del ambiente fisiológico apropiado para su futura anidación en el útero materno. 

 

Resulta entonces arbitraria la identificación de la concepción con el de la anidación. Nada se parece más al frustrado intento que hubo hace un tiempo, ya considerable, de denominar “pre-embrión” al embrión no implantado; neologismo que no pudo sostenerse por la falta de datos empíricos en la evidencia científica que sostengan dicho estatuto biológico. Permítasenos citar a la Dra. Anna Giuli para aclarar un poco la cuestión, mientras concluimos esta primera parte. La razón por la que afirmamos que la fecundación es el evento crítico que inicia un nuevo organismo es, al decir de la Bióloga Molecular, porque “en biología cada individuo se identifica en el organismo cuya existencia coincide con su ciclo vital, esto es, la extensión en el espacio y en el tiempo de la vida de una individualidad biológica(…) Un nuevo individuo biológico humano, original respecto a todos los ejemplares de su especie, inicia su ciclo vital en el momento de la penetración del espermatozoide en el ovocito.” 

 

SEGUNDA PARTE

Antes de continuar con el análisis del Fallo de la CIDH contra el Estado de Costa Rica, que abordamos en el artículo anterior, creemos conveniente advertir las implicancias del mismo en el Continente. Dicho Fallo trae aparejada una posible desprotección jurídica de los seres humanos en estado embrionario, ya sea en su fase pre-implantatoria como en las sucesivas, debido a que, como se puede observar en el mismo, se intenta distorsionar el valor intrínseco del embrión humano al desconocerlo como persona. Consecuentemente a lo mencionado, el aborto, la fecundación in vitro, la crio-conservación y demás manipulaciones indignas resultan ser un riesgo casi inevitable.

 

Los otros dos términos de los que intentaremos ocuparnos requieren un gran esfuerzo de nuestra parte, sobre todo en cuanto a capacidad imaginativa. Sucede que la CIDH sentenció que: “el embrión no puede ser entendido como persona para efectos del artículo 4.1 de la Convención Americana (…)”, y añade “es posible concluir de las palabras “en general” que la protección del derecho a la vida, con arreglo a dicha disposición no es absoluta, sino es gradual e incremental según su desarrollo, debido a que no constituye un deber absoluto e incondicional, sino que implica entender la procedencia de excepciones a la regla general”.Nos es difícil imaginar un embrión humano, es decir un ser humano, que no sea persona. Asumimos que para los magistrados toda persona es un ser humano, pero no todo ser humano es una persona. Lo que se parece más a una ficción que a los principios fundamentales que debieran defender desde sus estrados.

 

En otras palabras, para los jueces existen seres humanos que no son personas. Nos preguntamos: ¿con qué autoridad ellos pueden otorgar categorías de personas y no-personas? Debido al cariotipo, es decir, el patrón cromosómico de una especie que describe las características de sus cromosomas, no pueden negar la pertenencia del individuo en cuestión, en estado embrionario, a la especie homo sapiens y el estatuto biológico del ser humano que por ello le corresponden. Sin embargo, debido a que esto no parece estar alineado con su propósito, intentan divorciar la realidad del ser humano de los atributos que lo hacen persona. Nos sorprende la semejanza entre lo sentenciado y las palabras de Adolf Hitler en 1939: “Un judío independientemente de su edad, es claro que es un ser vivo; ahora bien, no puede afirmarse que sea un ser humano, no hay base científica para ello”. Pero ellos van más allá, porque claro, ya no es posible negar la pertenencia a la especie humana a un individuo que posea los 23 pares de cromosomas que lo hace ser: “uno de nosotros”.

 

Deshilachando el telar que con todo su talento retórico intentaron elaborar, encontramos que tuvieron que rodear, indefectiblemente, los principios básicos para toda convivencia humana pacífica. Crearon arbitrariamente, y sin más vueltas, una nueva clase de seres humanos: los homo sapiens que no son personas. Si consideramos que es el obrar el que sigue al ser y no al revés, no entendemos cuáles son las razones para que aceptemos, a modo de dogma, el paradigma de los seres humanos no-personas.Las personas nos alimentamos, hablamos, pensamos, nos movilizamos, nos relacionamos, porque esa secuencia de acciones y muchas más son propias del ser humano; realizamos actos concretos y característicos del ser humano que no modifican “gradualmente” nuestra condición de persona. De lo anterior se desprende que nadie puede considerar a una  persona muda (por no tener la posibilidad del habla), una persona autista (por tener dificultada la posibilidad de relacionarse), a una persona cuadripléjica (por no poder movilizarse por sus medios), a una persona con retraso mental (por tener condicionada su posibilidad de pensar a más limitaciones que otros), entre otros ejemplos, menos persona por tener disminuido alguno de los atributos que permiten a los seres humanos, sin las dificultades mencionadas, realizar diferentes acciones o realizarlas, cuanto menos, en forma autónoma. Un bebé no puede alimentarse por sus medios, del mismo modo que tampoco puede hacerlo un niño de 2 años; que adquiera progresivamente la capacidad de ser autónomo para satisfacer sus necesidades no modifica, cualitativamente, la valoración ontológica que lo hacen ser un Ser humano, y en consecuencia, persona y miembro de nuestra especie.

 

La Corte Suprema de E. U. sentenció, en 1857, que “Un negro no es un ser humano” (Dred Scott vs. Sanford). Aunque los años pasaron, no pareciera que estamos tan lejos de esta época, ya que ahora el argumento es otro, pero la consecuencia es la misma: la destrucción sistemática de seres humanos y/o su instrumentalización, como consecuencia de la desprotección jurídica que ocasiona la CIDH al considerar que el embrión humano, no es persona. Aristóteles decía que “es imposible que algo sea y no sea simultáneamente” (Met. B 2,996b30) aludiendo al principio de No Contradicción que emana del más sano sentido común. Y es nada menos que bajo la luz del mismo principio, por el que rechazamos la incoherencia que existe en el divorcio de los términos “ser humano” y “persona”, como también lo hacemos con la atribución de considerar el derecho a la vida en forma “(…) gradual e incremental según su desarrollo, debido a que no constituye un deber absoluto e incondicional (…)”. No existe ningún criterio objetivo que permita atribuir un derecho a la vida diferencial acorde al grado de desarrollo: es tan lógico como decir que un bebé de tres meses es menos merecedor del derecho a vivir que un niño de seis años. Por último, si el derecho a la vida no es incondicional ni absoluto, nos preguntamos: ¿cuál lo es? ¿No es acaso la vida, la condición necesaria para que se aplique y ejerza cualquier otro derecho, y por lo mismo, el derecho a la vida es la base de cualquier Estado de derecho que se considere civilizado?

Decía Chesterton: “Cuando los hombres ilustrados comienzan a usar su razón, generalmente descubro que no tienen ninguna”. Nosotros nos preguntamos sobre los motivos de fondo que mueven a la CIDH a “argumentar” en esta dirección. Tal vez haya sido que en algún Fallo no publicado ni conocido sentenciaron al exilio a la Razón, para dejarnos lo poco que el sentido común, huérfano de la misma, pudo hacer con la nada que le quedaba. Quizás no podamos desconocer que la Corte, se trata de una Corte Interamericana, pero permítasenos cuestionar, cuanto menos, que se trate de una que abogue por los Derechos Humanos, porque ellos abogan por los derechos de “las personas”, y ser persona en estos tiempos, no es para cualquier humano.

TERCERA PARTE 

“La naturaleza ontológica de un ser vivo no viene determinada por el mecanismo utilizado para su generación sino por el tipo de organismo adulto que de ese ser vivo primigenio pueda derivarse” Revista Human Reproduction 22; 905-911, 200. 

 

En esta tercera parte, creemos conveniente concluir con el decálogo del Doctor Justo Aznar de Lucea sobre las razones biológicas que nos permiten afirmar, desde la evidencia científica, “que el producto de la fecundación, el cigoto, y la entidad biológica, que surge tras la primera división celular, no es un conglomerado celular, sino un ser vivo de nuestra especie, es decir de la especie humana”.

A continuación el decálogo:

§  El cigoto, y concretamente el embrión de pocos días, posee identidad genética propia, pues en su genoma está contenida toda la información necesaria para que el nuevo ser se desarrolle completamente hasta su condición de ser adulto vivo. Es decir, en él el genoma está determinando su identidad genética, base de su identidad individual. La evolución posterior del embrión es un proceso biológico continuo que va dando lugar a las distintas realidades fenotípicas, pero siempre dentro de una unidad vital que lo identifica como un ser humano, genéticamente distinto a todos los demás. Sin embargo, identificar la individualidad del ser humano con su genoma parece un concepto limitado e incluso erróneo. Cada día existen más argumentos biológicos para admitir que un individuo humano es algo más, seguramente bastante más, que su código genético. Cada vez se tiene más información sobre mecanismos no genéticos que influyen en el desarrollo del embrión. El ADN del genoma humano es necesario pero no suficiente para identificar a un individuo humano. 

§  Un concepto biológico cada día más consolidado es que no toda la información genética está expresada en su genoma primigenio, sino que dicha información crece con la expresión de los genes en él contenidos, es decir, con la activación de su programa específico de desarrollo, lo que va produciéndose fundamentalmente debido a la interacción del genoma con su medio ambiente. A esto se le denomina activación epigenética. Dicha activación determina ligeras modificaciones en el genoma, como pueden ser: metilación de las citosinas del ADN, remodelación de su cromatina por acetilaciones, metilaciones y fosforilaciones, pero siempre sin modificar su secuencia nucleotídica. 

§  Pero sin duda, el inicio de la vida puede identificarse con la activación de su programa de desarrollo, que en la fecundación sexuada comienza con la fusión de las membranas de los gametos. Incluso se ha sugerido que puede iniciarse con la fusión de los pronúcleos y completarse tras la primera división celular. La activación del programa de desarrollo va especialmente dirigida a la desmetilación de citosinas del ADN por acción de desmetilasas específicas. 

§  Otro hecho biológico determinante del inicio de la vida del ser humano es la fusión de las membranas de los gametos, que origina la estructura asimétrica del embrión de dos células y que viene determinada por la línea de polarización del cigoto que se establece entre el punto por el que el espermatozoide penetra en la capa pelúcida del ovocito y su pronucleo. Esta división asimétrica da lugar a dos blastomeros desiguales cada uno de ellos con funciones bien precisas en el subsiguiente desarrollo embrionario. 

§  Pero el espermatozoide no penetra en la membrana del ovocito por un lugar escogido al azar, sino que lo hace por un sitio concreto determinado por la activación de una glicoproteina, la fertilicina, lo cual viene regulado por la elevación de la concentración de iones calcio en esa zona concreta de la membrana pelúcida. Esta elevación de los iones calcio activa una quinasa, dependiente de la proteína quinasa II y una fosfatasa, la calcineurina, que posteriormente también participa en el desarrollo embrionario. La elevación de los niveles de calcio también influirá en la distribución espacial de las células del embrión. 

§  Otra razón biológica que avala que el producto resultante de la primera y subsiguientes divisiones del cigoto no es un conglomerado celular, sino un ser biológico vivo de la especie humana, es todo lo referente a la denominada información de posición. Esta hace referencia a determinados mecanismos que regulan la diferenciación de las células del embrión temprano dependiente de las interacciones que se establecen entre las propias células y entre cada una de ellas con su nicho celular, interacciones que promueve la expresión de nuevos genes. Cada vez se van conociendo más algunos de los factores implicados en esta interacción celular. Entre ellos, los morfógenos, moléculas que favorecen la expresión de genes silentes ubicados en las células vecinas. 

§  Pero no solamente existen mecanismos bioquímicos que regulen la evolución de ese embrión temprano, sino también genéticos. En efecto, es sabido que las células del embrión a medida que progresa su evolución biológica pierden plasticidad, es decir, van perdiendo la capacidad de generar tipos celulares distintos. Pues bien, este proceso está genéticamente regulado. Son varios los genes que participan en este proceso, pero fundamentalmente son tres el Oct-4, el Sox 2 y el Nanog, aunque recientemente se ha sugerido que probablemente sea este último el que juegue un papel más determinante. 

§  Un mecanismo biológico a nuestro juicio sumamente interesante, que refleja que el embrión temprano es un ser vivo organizado, es el diálogo bioquímico que se establece entre él y su madre, especialmente orientado a controlar que aquel se ponga en contacto con el endometrio uterino de la madre en el momento adecuado. En este diálogo molecular se han identificado distintos mensajeros. Así, por parte del embrión están la gonadotropina coriónica humana, prolactina, interleuquina-1, prostaglandina-2, diversas leptinas y el factor activador de las plaquetas, entre otros. Por parte de la madre, el factor transformador del crecimiento β, la metaloproteinasa 7, el factor liberador de corticotrofina, la calcitonina y también diversas leptinas. Todo ello expresión de un dinámico diálogo bioquímico que se establece entre el embrión y su madre. 

§  El mecanismo que regula la tolerancia materna a la implantación de su hijo. Un hecho biológico, que en lo que alcanza mi conocimiento es único en la biología del ser humano, es la regulación de la respuesta inmune de la placenta para que la implantación del embrión en su madre sea tolerada, todo ello fundamentalmente dependiente de mecanismos que permiten que los aloantígenos codificados por genes paternos sean tolerados por la madre. Recientemente se va progresando en el conocimiento de los mecanismos que regulan la inmunotolerancia materna a las células del trofoblasto fetal, entre ellas que la función de las células T sea deprimida para facilitar la tolerancia inmunológica ente el embrión y su madre. Pero últimamente se ha determinado que la galectina-1, una glicoproteína, tiene un papel fundamental en la regulación de la inmunotolerancia entre el embrión y su madre. 

§  Finalmente conviene señalar que la identidad fenotípica del embrión no viene solamente determinada por su genoma, sino también por las proteínas que éste codifica y por los sistemas que regulan su producción, como son determinados procesos proteolíticos, o de oxidación, activación de uniones disulfuro, fosforilaciones, glicosilaciones, ect, actividades todas que difícilmente se podrían desarrollar si el embrión temprano no fuese un ser biológico perfectamente organizado que posee todos los mecanismos y capacidades para desarrollar los programas que lo conducirán a su fenotipo definitivo. 

Ademas de esta síntesis, el Doctor Aznar señala que: “aún se puede añadir una última razón, que hace referencia a las investigaciones del grupo de Zernicka-Goetz, que demuestran cómo desde la primera división celular, cada uno de los dos blastómeros generados tienen una función definida, ya que uno de ellos dará lugar a la masa granulosa interna del blastocisto, de la cual surgirá el cuerpo del embrión y otro al trofoblasto. Aunque no se conocen completamente las razones últimas de esta especificación de las funciones de cada una de los dos blastómeros, el propio grupo de Zernicka-Goetz ha demostrado que existen mecanismos epigenéticos que contribuyen a determinar la actividad específica de cada uno de ellos, al comprobar que los que poseen niveles elevados de metilación de la histona H3 presente en los residuos arginina, son los precursores de la masa granulosa interna. Estos hallazgos indujeron a Helen Pearson a afirmar, en un artículo publicado en Nature en 2002, que nuestro destino biológico estaba determinado desde el primer día de nuestra vida, algo que es absolutamente incompatible con que ese ser biológico que inicia su andadura vital con la fecundación no sea un ser vivo de nuestra especie”.

Confirmando y enriqueciendo la experiencia recién enunciada del grupo Zernicka-Goetz, un artículo publicado por Plachta y colaboradores en Nature Cell Biology (13; 117-123, 2011) viene a añadir nuevos y sugerentes datos al mejor conocimiento de que ese ser biológico de pocas células, el embrión humano temprano, es un ser organizado, que de alguna forma regula su propio desarrollo, y que de ninguna manera se puede considerar una masa celular anárquica y desorganizada.

En consecuencia podemos afirmar que todas aquellas maniobras clínicas o experimentales que conduzcan a terminar con un embrión humano antes o después de que su implantación en el útero materno se consolide, implicarán el atentado contra el primer derecho de todos, el DERECHO A LA VIDA. 

 

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