El Papa Francisco desea una Navidad de esperanza y “libre de toda mundanidad”

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"No se olviden, el señor pasa, si tu sientes ganas de ser mejor es el señor que toca a tu puerta, en esta Navidad el señor pasa", dijo el Papa Francisco.

(ArgentinosAlerta.org) El Papa Francisco deseó este domingo que la próxima Navidad sea de esperanza, de gozo y “libre de toda mundanidad”, ante miles de personas congregadas en la Plaza de San Pedro.

Durante su reflexión dominical previa al rezo de la oración mariana del Angelus, que pronunció asomado a la ventana de su estudio privado en el Palacio Apostólico del Vaticano, dijo que la actitud de la Virgen María es modelo sobre cómo prepararse a la Navidad.

“Nos encomendamos a la intercesión de nuestra madre y de san José, para vivir una Navidad verdaderamente cristiana, libre de toda mundanidad, prontos a acoger al salvador, el Dios con nosotros”, dijo en italiano.

“No se olviden, el señor pasa, si tu sientes ganas de ser mejor es el señor que toca a tu puerta, en esta Navidad el señor pasa”, agregó.

Recordó que cuando recibió el anuncio del ángel, la Virgen dijo que sí sin saber por cuáles caminos iba a aventurarse, cuántos dolores iba a sufrir o cuáles riesgos afrontar; ella se abandonó totalmente al amor de Dios.

“Cuántas veces Jesús pasa en nuestra vida y cuántas veces nos manda un ángel, cuántas veces no nos damos cuenta porque estamos tan ocupados y sumergidos en nuestras cosas, en nuestros asuntos y en estos días de Navidad en nuestros preparativos para la Nochebuena”, señaló.

 

Precisó que cuando las personas sienten el deseo de ser más buenos, se sienten arrepentidos por algunos de sus actos, es ahí cuando “el señor pasa” porque “te hace sentir el deseo de ser mejor, el deseo de estar más cerca de los demás” y por eso “no hay que dejarlo pasar”.

Añadió que el ejemplo de María y de José es para todos una invitación a acoger con total apertura de ánimo a Jesús porque él vino a traer al mundo el don de la paz: “En la tierra paz a los hombres que él ama”, como anunciaron en coro los ángeles y pastores.

“Deseo a todos un buen domingo y una Navidad de esperanza, con las puertas abiertas al señor, una Navidad de gozo y fraternidad”, ponderó.

Angelus completo

 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Hoy, cuarto y último Domingo de Adviento, la liturgia quiere prepararnos a la Navidad, ya a las puertas, invitándonos a meditar el relato del anuncio de Ángel a María. El Arcángel Gabriel revela a la Virgen la voluntad del Señor, que ella se convierta en la madre de su Hijo unigénito: “Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo” (Lc 1, 31-32).

Fijemos la mirada sobre esta sencilla muchacha de Nazaret, en el momento en que se vuelve disponible al mensaje divino con su “sí”; captamos dos aspectos esenciales de su actitud, que es para nosotros modelo de cómo prepararse a la Navidad.

Dos actitudes de María, modelo de preparación a la Navidad Ante todo, su fe, su actitud de fe, que consiste en escuchar la Palabra de Dios para abandonarse a esta Palabra con plena disponibilidad de mente y de corazón. Al responder al Ángel María dijo: “Yo soy la sierva del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho” (v. 38). En su “sí” lleno de fe, María no sabe por cuáles caminos deberá aventurarse, cuáles dolores deberá padecer, cuáles riesgos afrontar. Pero es consciente que es el Señor quien pide y ella se fía totalmente de Él, se abandona a su amor. Ésta es la fe de María.

Otro aspecto es la capacidad de la Madre de Cristo de reconocer el tiempo de Dios. María es aquella que ha hecho posible la encarnación del Hijo de Dios, “revelando un misterio que fue guardado en secreto desde la eternidad” (Rm 16, 25). Ha hecho posible la encarnación del Verbo gracias precisamente a su “sí” humilde y valiente. María nos enseña a comprender el momento favorable en que Jesús pasa por nuestra vida y pide una respuesta rápida y generosa. Y Jesús pasa. En efecto, el misterio del nacimiento de Jesús en Belén, que se produjo históricamente hace ya más de dos mil años, se produce como evento espiritual, en el “hoy” de la Liturgia.

El Verbo, que encontró morada en el seno virginal de María, en la celebración de la Navidad viene a llamar nuevamente al corazón de cada cristiano. Pasa y llama. Cada uno de nosotros está llamado a responder, como María, con un “sí” personal y sincero, poniéndose plenamente a disposición de Dios y de su misericordia, de su amor. Eh, cuántas veces Jesús pasa por nuestra vida. Y cuántas veces nos envía un ángel. Y cuántas veces no nos damos cuenta, porque estamos tan ocupados e inmersos en nuestros pensamientos, en nuestros asuntos e incluso, en estos días, en nuestra preparación de la Navidad, que no nos damos cuenta que Él pasa y llama a la puerta de nuestro corazón pidiendo acogida, pidiendo un “sí”, como el de María. Un santo decía: “Tengo temor de que el Señor pase”. ¿Saben por qué tenía temor? Temor de no darse cuenta y dejarlo pasar. Cuando nosotros sentimos en nuestro corazón: “Pero yo querría ser más bueno, más buena, me he arrepentido de esto que he hecho, aquí está precisamente el Señor que llama, que te hace sentir ganas de ser mejor, las ganas de permanecer más cerca de los demás, de Dios. Si tú sientes esto, detente. Allí está el Señor. Y ve a rezar, tal vez a la Confesión. A limpiar un poco el orujo. Eso hace bien. Pero acuérdate bien, si tú sientes esas ganas de mejorar, es Él quien llama. No lo dejes pasar.

- Presencia silenciosa de San José - En el misterio de la Navidad, junto a María está la silenciosa presencia de San José, tal como es representada en todo pesebre, también en el que pueden admirar aquí, en la Plaza de San Pedro. - Jesús se ha hecho nuestro hermano por amor - El ejemplo de María y de José es para todos nosotros una invitación a recibir acoger, con total apertura del alma a Jesús, que por amor se ha hecho nuestro hermano.

- El don precioso de la Navidad es la paz - Él viene a traer al mundo el don de la paz: “En la tierra, paz a los hombres que él ama” (Lc 2, 14), como anunciaron a coro los ángeles a los pastores. El don precioso de la Navidad es la paz, y Cristo es nuestra paz verdadera. Y Cristo llama a nuestros corazones para darnos la paz. La paz del alma. Abramos las puertas a Cristo. Nos encomendamos a la intercesión de nuestra Madre y de San José, para vivir una Navidad verdaderamente cristiana, libres de toda mundanidad, dispuestos a acoger al Salvador, el Dios-con-nosotros. (Traducción de María Fernanda Bernasconi - RV).

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