Se estrenó Cristiada en cines de Argentina

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La película relata la historia de la guerra civil que sacudió a México durante la década del 20 con el fin de consolidar la libertad religiosa en México, fuertemente limitada por la sanción y aplicación de leyes anticlericales.

(ArgentinosAlerta.org) La película, producida por Dos Corazones Films y dirigida por Dean Wright, fue éxito de taquilla en México, Estados Unidos y España. Cuenta en escena con intérpretes de la talla de Andy García, Rubén Blades y Eva Longoria, entre otros.

Cristiada ("For Greater Glory", según su título en inglés) relata la verdadera historia de la guerra civil que sacudió a México en la década del 20 del pasado siglo luego de que el gobierno del presidente Plutarco Elías Calles sancionara e hiciera cumplir una serie de leyes abiertamente anticlericales. La cinta muestra “un apasionado grupo de hombres y mujeres que deciden arriesgarlo todo por su familia, su fe y el propio futuro de su país”, calificaron desde la distribuidora.


La historia gira en torno a la figura del general Enrique Gorostieta (protagonizado por Andy García), quien enfrenta las peores probabilidades en el conflicto contra un gobierno poderoso e inflexible. Sin embargo, Gorostieta es sacado de su escepticismo por el testimonio de jóvenes idealistas, renegados y, principalmente, un notable adolescente, llamado José Sánchez del Río (beatificado en 2005 por Benedicto XVI).

Las aventuras del filme se desarrollan en el contexto de la verdadera historia, oculta durante mucho tiempo, de la Guerra Cristera en la década de 1920, y en los parajes históricos donde se sucedieron los conflictos armados entre el ejército federal y los rebeldes cristeros. En todo su guión, el film realiza una fuerte defensa de la libertad religiosa, que en algunos sitios y culturas se encuentra restringida.


El actor cubano-norteamericano Andy García encarna en el filme a Enrique Gorostieta Velarde, un caudillo que lidera un destacamento cristero en Jalisco, mientras que Eduardo Verástegui, el intérprete de Bella, interpreta a Anacleto González Flores, beatificado por el Papa Benedicto XVI en 2005 como mártir de la rebelión de los católicos mexicanos contra la persecución desatada en los años veinte por Plutarco Elías Calles.

 

Breve biografía de Anacleto Gonzales Flores

Organizó la Unión Popular en Jalisco, fundó en 1916 la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM), y se distinguió como profesor, orador y escritor católico. El Maestro Cleto, como solían decirle con respeto y afecto, era un cristiano muy piadoso, devoto de Santa María de Guadalupe.

Con la edición de libros y artículos, discursos y en el ejercicio profesional de abogado defendió los derechos de los católicos públicamente y con tal audacia, que mereció ser condecorado por la Santa Sede con la Cruz «pro Ecclesia et Pontífice». A causa de tan diligente actividad apostólica se despertó el odio de los enemigos, que finalmente el día 1º de abril de 1927 le dieron muerte, a los 38 años. Se había casado el 17 de noviembre de 1922, en la capilla de la ACJM con María Concepción Guerrero Figueroa, con quien tuvo 2 hijos.


Anacleto fue martirizado mediante un refinado suplicio, muy popular en aquella época: fue suspendido de los pulgares, flagelado, le descoyuntaron los dedos y le hirieron las plantas de los pies. Un golpe brutal de fusil le desencajó el hombro y le atravesaron el costado de un bayonetazo, y como sangraba mucho, el general que mandaba dispuso la ejecución, pero los soldados elegidos se negaban a disparar, y hubo que formar otro pelotón. Antes de recibir catorce balas, aún alcanzó a decir Anacleto: «¡Yo muero, pero Dios no muere! ¡Viva Cristo Rey!».

El decreto vaticano del martirio de Anacleto Gonzáles puede leerse aquí.  

Semblante de Anacleto Gonzales Flores

Reproducimos abajo algunos párrafos de su libro “Tu Reinarás” que permiten formarse una imagen de quién fue el beato Anacleto Gonzalez Flores.

  • "Pero -habrá que repetirlo y recalcarlo- hay que comenzar por matar nuestro apocamiento y poner en su lugar todo el inmenso arranque de acometida de la osadía cristiana. No nos parecerán entonces ni altas, ni sagradas, ni inviolables las murallas de todos los dominios a donde debemos llevar la púrpura victoriosa de Cristo; y, con un acto permanente de presencia en la mitad de las batallas del pensamiento, de la palabra, de la prensa, del libro, de la cátedra, de las escuelas, de la política, de la organización y de la totalidad de la vida..., llegaremos a ser reyes, no para nosotros, no para nuestra vanidad ni para nuestros planes personales; sino para que reine Cristo sobre las montañas y sobre los tejados."
  • "Y mientras los viejos del cuerpo y del alma tiemblan y se azoran delante de todos los riesgos y se entregan a la parálisis, a la inercia y a la indecisión de los que a nada saben atreverse, ellos —los mártires y los santos— llenan sus ánforas en la corriente de la osadía eterna y marchan tranquilos en presencia del inmenso riesgo de ser mártires y de ser santos."
  • "Por esto, no basta ser ni haber sido joven una vez. No basta haber sido vivo y palpitante boceto de Cristo, ni basta haberse asociado un día a su eterna juventud. Es preciso ser joven con la juventud de los mártires y de los santos; todos los días y en todas partes. Es preciso vivir permanentemente asociados a la osadía inmensa de Cristo, a su inacabable juventud, para no ser solamente el resto ennegrecido y mutilado del naufragio de una vida que ha sido saqueada y entregada a la lumbre devoradora del incendio que arruina y que mata las fuerzas vivas de donde arranca la audacia santa de ser buenos, de ser mártires y de ser santos."
  • "Es la hora de los grandes riesgos y de las grandes osadías. Nos hallamos en el cruce donde se han dado cita, y a donde han llegado en tropel vertiginoso todos los riesgos. No se le puede rezar a Dios, no se puede bendecir a Cristo, no se le puede cantar a la libertad sin que el puño de los verdugos estruje brazos, amordace labios, quiebre plumas y hunda su espada hasta la empuñadura en el pensamiento y en las conciencias. El que se atreve a cantar a Dios tiene que ir a platicar con la sombra, a beber y apurar el cáliz de la soledad a la mitad de la noche y encontrarse rodeado de picas ensangrentadas. Y porque esta es la hora de los grandes riesgos y de las grandes osadías, es también la hora de la juventud, solamente de la juventud. Los viejos del cuerpo y del alma no quieren, ni pueden tener puesto en esta batalla. Ellos han perdido la osadía y no podrán tolerar ni la visión lejana de los grillos y de los calabozos."
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