LA FAMILIA EN LA EDUCACION

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(AICA) Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor” (28 de agosto de 2010)

Cuando se piensa en educación, se habla o se discute sobre este tema, se suele soslayar el papel de la familia.

La atención va dirigida al sistema educativo, a la escuela, y se piensa entonces en su funcionamiento, en sus exigencias, en sus defectos; sin embargo, si hablamos de educación, y no simplemente de instrucción, el papel de la familia es fundamental.

Por empezar: hay todo un tramo de la vida del niño que queda a responsabilidad de la familia en cuanto a la educación en los saberes y valores elementales, en su primer contacto con el mundo, en su primer ensayo de curso por la vida, antes de que vaya al colegio.

Algo análogo podríamos decir acerca de la educación religiosa, de la formación religiosa: antes que el niño o la niña entren en el sistema catequístico para completar la iniciación cristiana, si son bautizados han tenido que recibir apoyo y alimento de su fe, que es un don de la gracia, para que se vaya haciendo consciente y personal. Es en el hogar donde el niño debe aprender a rezar.

Con mayor razón, podríamos decir, cuando un niño o una niña inician el ciclo lectivo en una escuela, sobre todo en los primeros años, se requiere la atención, el acompañamiento, el compromiso permanente de la familia, la afectuosa vigilancia de la mamá o del papá. Es fundamental el acompañamiento del proceso educativo por parte de los padres.

Hoy día se puede registrar un defecto, una falla, en este punto. Suele haber padres abandónicos. No sé si se debe decir padres abandónicos o hijos abandónicos. Pero, en fin, de abandono se trata. Los chicos son depositados en la puerta de la escuela y los padres se desentienden de ellos. Sigamos con la analogía. Pasa lo mismo en la parroquia o en el colegio católico. En este campo hay un defecto a enmendar.

Por supuesto que la atención de los padres sobre el proceso educativo de sus hijos tiene que ir variando progresivamente a medida que crecen. En realidad todo camino educativo se convierte, en definitiva, en un camino de autoeducación, a medida que va despuntando la libertad del chico, que tiene que participar de un modo mucho más consciente, más personal, más activo. No es simplemente un sujeto paciente de la educación; tiene que ser siempre un protagonista y ese protagonismo va creciendo con los años.

Pero el papel de la familia no se puede soslayar nunca, y aquí hay algo que en la cultura actual –y no solamente en la Argentina, sino que pasa en muchos países del mundo- es necesario volver a atender con mucha diligencia porque sin el papel de la familia no hay educación plena.

Hay algunos ámbitos en los que esta presencia familiar, la presencia de los padres, es mucho más importante. Es absolutamente imprescindible. Pienso, por ejemplo, en nuevas asignaturas que han entrado en la currícula oficial, como Construcción de Ciudadanía o Educación Sexual. En estos temas, cuyos contenidos han sido formulados de una manera que no respeta siempre la convicción moral, religiosa, filosófica de las familias, hace falta una especial atención y cercanía de los padres.

Sobre todo pensemos en la escuela de gestión estatal, donde los chicos son instruidos en estas materias sin que sus padres sepan qué se les enseña. Esto no es posible. Los padres no pueden abdicar el derecho y el deber que tienen de ser los primeros responsables de la educación de sus hijos.

Aquí se ha producido en la opinión general una especie de corrimiento de responsabilidades. El papel del Estado es siempre subsidiario y sin embargo aquí pareciera que la subsidiariedad ha caído al revés y lo subsidiario es el papel de la familia. No es así. La familia es la primera encargada de la educación de los hijos y en estos casos, como he dicho, en temas en los cuales se juega la formación de la inteligencia, de la voluntad, la plasmación de una manera de ver el mundo, es imprescindible que los padres hagan valer su derecho y ejerciten su deber. Tengan en cuenta que se trata de la libertad fundamental, que no se puede renunciar.

El Papa Benedicto XVI dice que la libertad de los padres respecto de la educación de sus hijos para que sean formados de acuerdo a sus propias convicciones es un dato irrenunciable. Es uno de esos principios a los cuales no se puede renunciar. La Iglesia siempre ha defendido esto y lo seguirá defendiendo y está dispuesta, entonces, a asistir a los padres de familia para que puedan prepararse ellos mismos a ejercer con responsabilidad este papel imprescindible.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata

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Comentarios

Los padres y madres.

Qué linda reflexión nos regala el Obispo Aguer. La familia unida, fiel, estable, que sabe que participa del amor de Dios y de su fecundidad, es la que es capaz de educar a sus hijos hacia la madurez y plenitud. Los que aman transmiten amor, los que están unidos transmiten unidad, los que se desunen tranmsiten desunión. Una sociedad más humana, reconciliada, perdonadora, honesta, será el resultado de personas y familias que vivan y testimonien eso. Nadie da lo que no tiene. Por eso es tan verdad lo que señala del papel imprescindible e irrenunciable de la familia, que es la "presa" por la que han ido para destruir todo lo demás y encaramarse ellos.

One has to prove something.

One has to prove something. So that others can take it. - Steven Wyer