Las vertientes de la Argentinidad

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(ArgentinosAlerta.org) El sábado 6 de Noviembre de 2010, el padre Aníbal Fosbery -fundador de la Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino (FASTA)- presentó en la ciudad de Córdoba su libro titulado “Las vertientes de la Argentinidad”.

Desde Argentinos Alerta consideramos este libro de gran actualidad, teniendo presente el proyecto de desculturización que viene sufriendo nuestra Patria desde hace ya muchos años. Buscando estimular su lectura, reproducimos el índice, el capítulo introductorio y el capítulo final de conclusiones.  

En “Las vertientes de la Argentinidad” se subraya que cuando la comunidad política que conforma la Nación no puede discernir su identidad, es decir, su estilo y su norma de vida, conforme a los parámetros de su cultura fundacional, es porque ha perdido su conciencia de Patria y, consecuentemente, deja a la Nación sin cumplimiento de su destino histórico común. 

Cuando la identidad de la Nación se vacía al perder  “la conciencia de su origen y la voluntad del bien común, al Estado sólo le queda el ejercicio de un poder ideológico, coyuntural o pragmático, sin representatividad nacional”. El P. Fosbery sostiene que esto origina “la mayor de las corrupciones políticas de la sociedad y el más peligroso vaciamiento de la Nación”. Como consecuencia, “la posibilidad misma de elaborar un proyecto político que permita instaurar el bien común de la argentinidad” se ve imposibilitado.

 Reproducimos a continuación el índice, el capítulo introductorio y el capítulo final de conclusiones.
 
INDICE
 
Introducción
 
Ia Parte: Enmarque conceptual     
 
1. Patria, Nación y Estado
2. Estilo y norma de vida
3. Poder político e identidad nacional
4. La observación de la realidad        
5. Estado, bien común y ser nacional
6. Orden político y criterios de identidad
7. La comunidad política y la continuidad histórica de la Nación
 
IIa Parte: Enmarque histórico-jurídico-cultural
 
8. Hacia el encuentro con la identidad nacional
9. El enmarque ideológico y su influencia en el Río de la Plata
10. El influjo de los aborígenes en la identidad argentina
11. Lo criollo como expresión folklórica de la argentinidad
12. Los dos hijos de la Pampa: el gaucho y el indio
13. Los aborígenes argentinos y los voroganos o mapuches invasores
14. El federalismo como expresión del transplante cultural
15. El Preámbulo de la Constitución y la identidad nacional
16. La libertad de enseñanza, el origen del poder y la libertad de culto como postulados de la identidad nacional
17. Unidad e identidad nacional
18. Las dos vertientes de la argentinidad        
19. El divorcio de las generaciones argentinas
20. La aspiración argentina hacia un movimiento de identidad nacional
21. Acción social, política y argentinidad
22. Identidad y soberanía nacional
23. La "argentinidad" en el pensamiento de Juan Pablo II
 
IIIa Parte: Conclusiones
Oración a Nuestra Señora de Buenos Aires, de Francisco Luis Bernárdez
Bibliografía

 INTRODUCCION

Con motivo de la promulgación del Decreto 1086/2005 del Poder Ejecutivo Nacional, por el cual se aprueba el do­cumento titulado "Hacia un Plan Nacional contra la Discriminación. La Discriminación en la Argentina. Diagnóstico y Propuesta", la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina, durante el transcurso de la 143° reunión celebrada en Buenos Aires, el 14 y 15 de mayo de 2006, hizo una muy importante declaración demostrando que el texto de tal documento "extenso y complejo" adolece de gra­ves errores, tanto en lo que respecta a las afirmaciones y propuestas que son erróneas en sus fundamentos doctrinales y en lo que mira a la dignidad de la persona humana, como en los temas constitucionales, culturales e históricos.

Nuestros Obispos nos alertan afirmando que: el documento "Hacia un Plan Nacional contra la Discrimina­ción" contiene afirmaciones y propuestas que no se corres­ponden con tal objetivo, por cuanto reflejan una concepción de la persona y la familia de un acentuado individualismo, que desfigura la vocación comunitaria del ser humano. En particular nos referimos a la gravedad de las propuestas con­tenidas en el mismo, que afectan al derecho a la vida -que es el primero de los derechos humanos-, la institución matri­monial, la dignidad de la mujer y la libertad religiosa. El re­ferido documento utiliza de una manera ambigua el concep­to "discriminación". De este modo llegan a imponer criterios que no reconocen la dignidad y la valiosa complementariedad del ser humano: mujer y varón. El uso tan equívoco del tér­mino "discriminación" podrá servir para acusar de intoleran­tes a quienes no coincidan con las perspectivas que se pro­ponen.

El párrafo concluye con una afirmación muy clarificadora:

El no discriminar no equivale a "igualar", silenciando el relieve propio de las legítimas diversidades.

No es intención de este trabajo hacer una refutación del documento en cuestión, acorde con la clara enseñanza de nuestros obispos. La Iglesia siempre ha iluminado esta realidad, afirmando la sana doctrina evangélica sobre la dignidad de la persona humana, los derechos inviolables de la mis­ma, hecha a imagen y semejanza de Dios, y el fundamento del orden natural, para la perfección tanto de los individuos como de las comunidades sociales, políticas y religiosas.

Lo que aquí intentamos es mostrar que existe un relieve propio, una legítima diversidad que configura el ser argen­tino, fundado como está en un "humus tradicional" que comienza a manifestarse con la instauración del Virreinato del Río de la Plata (1776), se afirma en la reconquista y defen­sa de Buenos Aires contra las invasiones inglesas y eclosiona en la Revolución de Mayo de 1810 y la declaración final de la Independencia en la ciudad de Tucumán, el 9 de Julio de 1816, cuando nace una "nueva y gloriosa Nación".

De estos hechos han pasado dos siglos. Afirmar, más allá de los avatares políticos que acompañaron la causa nacio­nal, que este "humus tradicional" de argentinidad estuvo y debe seguir estando presente para configurar la cultura fun­dacional de esta "nueva y gloriosa Nación", es afirmar una legítima diversidad nutrida de un patrimonio de aconteci­mientos, hechos, cultura, lengua, creencias, religión, es de­cir, todos los elementos que integran la ecuación de histo­ria, realidad y razón, los cuales vivifican y actualizan la vi­gencia de la tradición en la Patria.

El documento elaborado por el INADI (Instituto Nacio­nal contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) considera como discriminatorios todos los elementos del ser nacional. En este sentido está respondiendo a las pautas gramscianas de la revolución cultural y, de modo muy parti­cular, al pensamiento de Toni Negri [1], quien elabora una interpretación personal del gramscismo, afirmando, en la era de la globalización, el paso de las colectividades, corpora­ciones e instituciones a las multitudes. Las multitudes, según este pensamiento, deben configurar el ser de la socie­dad. De esta manera, afirmando un craso individualismo, lo que llamamos Nación Argentina no sería otra cosa que una multitud de individuos a quienes se les reconocen sin más los derechos que reclaman, usen los medios que usen, y aunque compartan delitos aberrantes contra la dignidad de la persona y contra los valores fundamentales de nuestra cultura nacional, criolla por americana y católica. De este modo, el documento en cuestión excede el contenido de la "Declaración y Propuesta de Acción de la III Conferencia mundial contra el Racismo, la Discriminación, la Xenofo­bia y las formas conexas de intolerancia".

Entendemos que este "humus de argentinidad" fundamen­ta la soberanía nacional no sólo desde lo geopolítico, sino desde lo "neumopolítico".

En este sentido interpretamos la enseñanza del Concilio Ecuménico Vaticano II, cuando afirma:

Si consideradas las peculiares circunstancias de los pue­blos, se atribuye a una comunidad religiosa un especial reco­nocimiento civil en la ordenación jurídica de la sociedad, es necesario que al mismo tiempo se reconozca y respete el de­recho a la libertad en materia religiosa de todos los ciudada­nos y comunidades religiosas (Concilio Ecuménico Vaticano II, Declaración sobre la libertad religiosa, Nro 6).

Esto es lo que lograron los constituyentes del 53 cuando afirmaron, a la vez, por parte del Estado, el sostenimiento del culto católico y la obligación de que el Presidente de la Nación sea católico. Porque lo católico en la Argentina no es sólo un culto sino una cultura fundacional, desde la evangelización de los aborígenes emprendida por la Iglesia. El mismo Código de Derecho Civil reconoció a la Iglesia Ca­tólica como una sociedad de existencia necesaria, con la cual las autoridades gubernamentales tenían y tienen lazos de re­lación jurídica, como el régimen de patronazgo primero y, después, el concordato con el Estado Vaticano. En el mis­mo sentido, la Constitución impuso la libertad de culto como un derecho a preservar.

Este modelo jurídico de relación de la Iglesia con el Es­tado, al tiempo que reconocía los valores que la Iglesia apor­taba a la cultura nacional, afirmando el perfil propio de la argentinidad, abría el camino para que pudieran incorporar­se, como ciudadanos, los aborígenes y los inmigrantes, sin más condición que la "buena voluntad", como reza nuestro Preámbulo Constitucional, "invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia".

En este trabajo queremos mostrar cómo se fue confor­mando este "humus tradicional" de la argentinidad y los de­safíos que hoy encuentra el argentino de ley que quiere sos­tener, proteger y afirmar la soberanía política, económica y cultural de la Nación, actualmente discriminado por los mo­delos de la revolución cultural de tono gramsciano, afirma­da desde los organismos del poder político y nutrida en la ideología apátrida del documento elaborado por el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Ra­cismo.

Como bien dicen nuestros obispos, "este Plan contradi­ce los objetivos que postula alcanzar". Frente al modelo de Argentina utópica, abstracta, ideologizada, discriminatoria de los verdaderos valores de una Argentina real, pretende­mos, como lo afirmaba en su tiempo Ricardo Rojas, ayudar a las jóvenes generaciones a "argentinizar la Argentina".

Con el Plan Nacional contra la Discriminación, afirman nuestros obispos, se estaría imponiendo por Decreto, a la sociedad Argentina, una ideología de construcción cultural que discrimina la na­tural y legítima ecología humana, prescinde de una compren­sión federal de las diversidades, y potencia un arbitrario in­dividualismo que diluye la vocación y el compromiso social de las personas.

Indagando las vertientes de la argentinidad, resulta claro que, en este Bicentenario que estamos celebrando, se hace un deber de conciencia afirmar las notas distintivas que die­ron existencia cultural, política y social a esta "nueva y glo­riosa Nación".

Sintámonos orgullosos de ser argentinos y no profane­mos, con bastardas ideologías y modelos importados, lo que la Providencia de Dios nos ha entregado para el cumplimien­to de un destino de grandeza y salvación, no de corrupción y profanación.

[1] Toni Negri es un pensador italiano nacido en 1933, militante del marxismo gramsciano, quien elaboró una teoría política propia donde plantea el supuesto fin del imperialismo y de la clase trabajadora como sujeto de los cambios revoluciona­rios. Reemplazó al imperialismo por un Imperio suprarracional, sin sede fija, que controla el orden global; a las clases sociales las sustituye por el concepto de "mul­titud". Cf. Kohan, N., Toni Negri y los desafíos del Imperio, edit. Campos de Idea, Madrid 2002.

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 IIIa Parte: Conclusiones

1. Sin conciencia de la identidad nacional es imposi­ble pretender elaborar un auténtico proyecto político que consolide y desarrolle a la Nación.

2. Sin conciencia de la identidad nacional no se pue­den percibir con claridad los intereses vitales de la Nación.

3. Una clara conciencia de la identidad nacional permi­te integrar la realidad de Patria y Nación que conforma la argentinidad.

4. La conciencia de identidad nacional facilita la verda­dera unidad nacional.

5. La conciencia de identidad nacional permite no sólo vivir sino habitar la Patria y la Nación, es decir, generar hábitos y sentimientos profundos de participación y perte­nencia.

6. Al no haber un proyecto político fundado en la iden­tidad nacional, tampoco se sabe el "para que" de la educa­ción hoy. La educación es el instrumento más apto para trans­mitir los valores de la identidad nacional.

7. La identidad nacional está plasmada en sus dos ver­tientes: la cultural (im sanguinis) y la institucional (ius soli). Ellas conforman como el alma y el cuerpo de la argentinidad.

8. Para salvar la identidad nacional hay que intentar una lectura nueva de la Constitución Nacional. La reforma de 1994, al reconocer a la persona a partir del acto de su concep­ción, afirma la dignidad del hombre-ciudadano como perso­na trascendente, valor irrenunciable de la cultura fundacio­nal argentina.

9. La Constitución no es la norma suprema de la Na­ción, porque ella misma, en el Preámbulo, reconoce la exis­tencia de un orden que la trasciende: Dios fuente de toda razón y justicia. La normativa constitucional debe ser inter­pretada, de modo que no transgreda el orden natural y los principios fundamentales de la nacionalidad [202].

10. La Constitución reconoce un orden superior de justi­cia que ella quiere afianzar. Ese orden es el "orden natural".

11. Desde el punto de vista jurídico positivo, la Constitu­ción se dictó en "cumplimiento de pactos preexistentes". Luego esos pactos están incorporados al normativismo cons­titucional y tienen plena vigencia. La cultura fundacional o criolla fundamenta la existencia de esos pactos.

12. Por esa razón, el federalismo forma parte irrenuncia­ble de esa normatividad supraconstitucional, no sólo como afirmación de la autonomía territorial sino como integración a la Nación, de la cultura criolla, fundacional.

13. El federalismo no supone sólo el reconocimiento a las provincias de su autonomía territorial, sino la forma des­de la cual se ha dado continuidad histórica a la Patria en la Nación.

14. Esta continuidad histórica surge del reconocimiento de una cultura fundacional.

15. La cultura fundacional es el fundamento de la iden­tidad nacional.

Hemos cerrado el círculo y volvemos a encontrarnos con lo que expresara el Papa Juan Pablo II en una de sus alocu­ciones: "en muchas ocasiones he recordado que la cultura es el fundamento de la identidad пасional” [203].

Es urgente restaurar la conciencia colectiva de la identi­dad nacional, no sólo como expresión folklórica de lo atávi­co, sino como iluminación actual del estilo y norma de vida argentinos, porque no podemos dejar de señalar que la Ar­gentina de hoy, transformada en coto de caza de los subver­sivos ideológicos, económicos y políticos, se va desmem­brando y diluyendo en la conciencia colectiva, sin que ésta atine a recrear la urdimbre misteriosa de su ser. Mientras tanto, aprovechándose de nuestra perplejidad, nos aturden por todos los medios de difusión disponible, con los cantos de sirena de la modernización, el pacifismo y una democra­cia jacobina desconociendo las vertientes de la argentinidad y vaciando, consecuentemente de identidad a la Nación [204].

En esta Argentina de hoy, el pueblo fiel sigue peregrinan­do en multitud a los santuarios marianos. Ese modo de reli­gión popular forma parte, también, de la identidad nacional.

Nuestros obispos nos recuerdan que "la Patria es un don, la Nación una tarea"[205]. El gran desafío hoy consiste en ha­cer que ese "don" que hemos recibido como expresión de la Providencia Divina, se vuelva a hacer presente en la vida de la Nación. Dicho con palabras de Ricardo Rojas, el gran desafío a enfrentar en este Bicentenario es el de "argentinizar la Argentina".

Quiero terminar, a modo de plegaria, con unos versos esa gran poeta que fue Francisco Luis Bernárdez:

Oración a Nuestra Señora de Buenos Aires

Virgen que con tus manos aseguras,

Virgen que con tus ojos iluminas

los derroteros y las singladuras

de las generaciones argentinas

Nuestra Señora de los Buenos Aires:

Antes de que aparezca el Anticristo,

pídele a Dios que funde a Buenos Aires

por tercera vez, pero en Jesucristo.

[202] Cf. Hernández, Héctor, H., "Otro pensamiento constitucional", en Revis­ta Jurídica de Mar del Plata, edit. FASTA, U.I., pp. 169-196.

[203]  Juan Pablo II, Angelus del 22-09-02.

[204] Fosbery, A., La República ocupada, edit. Vórtice, Buenos Aires 1988, p.68.

[205] Conferencia Episcopal Argentina, Declaración del 10 de marzo de 2010.

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Comentarios

Muy bueno pero es demasiadooo !!!!!! :-?