Informe especial: la cultura del vicio

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Por Dr. Martín Patrito (Argentinos Alerta)

Robert Reilly [1] escribió en 1996 un ensayo titulado “la cultura del vicio” [2]. En este ensayo Reilly explica el proceso por el cual aquel que posee un vicio -y no quiere desprenderse del mismo- comienza todo un proceso de auto-justificación que tiene profundas consecuencias sociales. No existe un vicio que pueda ser absolutamente privado y aislado de la sociedad. Los vicios “privados” se convierten finalmente en leyes públicas que se imponen a todos en forma autoritaria. En primer lugar, el proceso de auto-justificación libera a la persona del reproche de la conciencia: “nos convencemos de que los deseos hasta ahora prohibidos están permitidos” explica Reilly. En última instancia, se pretende que aquello que es un desorden moral, que es malo, se convierta en algo bueno. Por cierto que no se puede convertir el mal en bien, pero lo que sí puede hacerse es dar la impresión de que es posible, y para lograr esto se utiliza el poder de la opinión pública y la ley positiva.

“Las personas que buscan protegerse a sí mismas mediante la auto-justificación no están interesadas en encontrar la verdad, sino en mantener la ilusión que les permita seguir con su comportamiento” expresa Reilly en su ensayo. Esta es la razón por la cual estas personas quieren un cambio revolucionario.

Reilly ejemplifica este proceso con casos muy ilustrativos tales como la práctica de la eutanasia durante el régimen Nazi, el debate por los abortos por nacimientos parciales durante la presidencia de Bill Clinton así como la propaganda homosexual actual a favor del “matrimonio” gay.

El proceso de auto-justificación no queda en la esfera privada del individuo, sino que tiene una proyección social muy importante. Al principio sólo se exige la tolerancia del vicio. Pero inmediatamente después, la necesidad de auto-justificación requiere la complicidad de toda la cultura y todos deben adherir a esta visión. No hay posibilidad de disenso. No hay posibilidad de un análisis racional (porque la verdad no interesa). El que auto-justifica su vicio, odia al mundo que define el vicio como vicio. Aquel que se opone a esta revolución cultural es un “fanático”.

Y no sólo se busca el reconocimiento del desorden moral como algo bueno. Sino que, además, el derecho positivo debe reconocerlo como un derecho. Tenemos “derecho” a practicar nuestro vicio y la ley tiene que garantizar nuestro “derecho” a practicar lo que definimos como bueno. Nadie puede cuestionar la legitimidad del vicio-convertido-en-virtud. Toda la estructura de la educación, el trabajo, el ejército, el gobierno y la religión tiene que conformarse a la “nueva ley” que rige ahora para todos.

Es tan radical este proceso que, en el caso del aborto, esto ha llevado a algunos a hablar del “sacramento del aborto” como una “elección amorosa”. Los partidarios de la eutanasia argumentan: “la muerte es vida”. De esta forma, el niño o el anciano sucumben indefensos ante la auto-justificación y mueren en un nuevo "sacramento".

El desprecio por la verdad y la forma autoritaria en que se imponen nuevas legislaciones tienen ejemplos grotescos en la actualidad. Valga mencionar a Viviana Aído, que ocupa el Ministerio de Igualdad, creado por el gobierno de Zapatero en España. Por un lado, ella ha insistido en que el aborto no supone «eliminar una vida» [3]. Sin embargo, en otra oportunidad, ha reconocido que un feto de 13 semanas es un ser vivo “pero no es un ser humano” [4]. Eso sí, ella también se considera provida, pues ha expresado que “provida somos todos” [5].

Otro ejemplo grotesco se vió en Argentina en el año 2010 durante el debate por el “matrimonio” homosexual. Un sacerdote católico de la provincia de Córdoba (Nicolás Alessio) realizó un activo proselitismo a favor del “matrimonio gay” al extremo de que en una manifestación de homosexuales llegó a afirmar que “la homosexualidad es una riqueza, es un don, es una maravilla de la vida” [6].

Para dar un último ejemplo, recordemos el eslogan repetido hasta el hartazgo de “anticonceptivos para no abortar”. Sin embargo es bien sabido que la distribución masiva de anticonceptivos lleva a un aumento de las relaciones sexuales casuales y, como los anticonceptivos tarde o temprano fallan, se producen más embarazos que finalmente terminan en abortos. Exactamente al revés de lo que se pregona. Esto ha sido verificado recientemente en un estudio estadístico publicado en la revista Contraception [7] donde se muestra que en el período 1997-2007 ha aumentado el uso de anticonceptivos y ha aumentado también el número de abortos en España (la tasa de abortos se duplicó en ese período). Pero las feministas radicales seguirán vociferando “anticonceptivos para no abortar”, porque la verdad no interesa.

Las controversias sobre la vida, la reproducción y la muerte son decisivas para el destino de toda civilización. Robert Reilly sostiene que una sociedad puede soportar que cualquier número de personas traten de promover sus propios desórdenes morales como política pública. Pero no puede sobrevivir una vez que se adopta la justificación de esos desórdenes morales como propia de la sociedad. Esto es lo que está en juego en la guerra cultural actual.
No existe un vicio que pueda ser absolutamente privado y aislado de la sociedad. Los vicios “privados” se convierten finalmente en leyes públicas que se imponen a todos en forma autoritaria.

Reproducimos a continuación la traducción del ensayo de Robert Reilly que hemos realizado para los lectores de Argentinos Alerta.

La cultura del vicio

En “La Ética” Aristóteles escribió: "los hombres comienzan cambios revolucionarios por motivos relacionados con su vida privada”. Esto también se aplica cuando los cambios revolucionarios son culturales.

El ataque de Bob Dole a Hollywood [8], la defensa de Bill Clinton de los abortos por nacimiento parcial, y las deliberaciones del Congreso sobre la Ley de Defensa del Matrimonio, todos estos hechos indican claramente que la guerra cultural está en pleno auge. Pero ¿por qué hay una guerra cultural y qué es lo está en juego en ella?

En “La Ética” Aristóteles escribió: "los hombres comienzan cambios revolucionarios por motivos relacionados con su vida privada”. Esto también se aplica cuando los cambios revolucionarios son culturales. ¿Cuáles podrían ser estos motivos "privados", y por qué se hacen públicos en forma de cambios revolucionarios? La respuesta a estas preguntas está en la psicología íntima del fracaso moral.

P

Bibiana Aído Ministro de Igualdad Española

ara cualquier persona, el fracaso moral es difícil de aceptar debido al reproche de la conciencia.  El fracaso moral habitual, lo que antes se llamaba vicio, se puede aceptar sólo destruyendo la conciencia a través de un proceso de auto-justificación. Cuando nos autojustificamos, nos convencemos de que los deseos hasta ahora prohibidos están permitidos. La realidad de los deseos avanza sobre la realidad del orden moral a la que los deseos deberían estar subordinados. En nuestras mentes se sustituye la realidad del orden moral con algo más afín con la actividad de la que nos estamos justificando. En resumen, podemos afirmar que lo malo es bueno.

A menudo es difícil detectar las autojustificaciones cuando uno vive directamente bajo su influencia, y tantos ejemplos históricos son muy útiles. Uno de los más claros se vio en los juicios de Nüremberg. El doctor Karl Brandt, que había estado a cargo del programa de eutanasia del régimen nazi, denominado “Aktion T-4”, dijo en su defensa: "... cuando dije 'sí' a la eutanasia lo hice con la convicción más profunda, tal como es mi convicción hoy en día, de que estaba en lo cierto. La muerte puede significar la liberación. La muerte es vida”.

A diferencia del Dr. Brandt, la mayoría de las personas se recuperan de sus procesos de auto-justificación cuando el remordimiento y la realidad se imponen nuevamente. Pero cuando los actos moralmente desordenados se convierten en la pieza central y definitoria de la propia vida, el vicio puede pervertir en forma permanente a la razón.

Entonces, las aberraciones morales arraigadas impulsan a la gente a buscar una justificación del vicio, no sólo para ellos, sino también para otros. Así, los procesos de auto-justificación pueden convertirse en el motor para un cambio revolucionario que afectará a la sociedad en su conjunto.

El intento por justificar nuestras acciones mediante razonamientos aparentemente lógicos es la fuerza que mueve la guerra cultural, le da su carácter particularmente revolucionario y hace que sus defensores sean infatigables.

El proceso de auto-justificación puede extraer su energía de la desesperación, pero es aún más poderoso que ésta. El fracaso en el proceso de auto-justificación se debe evitar a toda costa debido a que lleva a la  auto-recriminación. Por esta razón, las diferencias por las que se batalla en la guerra cultural no están sujetas a un discurso racional. Las personas que buscan protegerse a sí mismas mediante la auto-justificación no están interesadas en encontrar la verdad, sino en mantener la ilusión que les permita seguir con su comportamiento. Para que ellos puedan tener éxito en esto, todos deben adherir a sus argumentos. Esta es la razón por la cual se requiere un cambio revolucionario.

La necesidad de auto-justificación requiere la complicidad de toda la cultura. Los que se resisten no pueden ser tolerados porque son potenciales acusadores. El auto-odio, la ira y la culpa por hacer el mal que siente una persona que tiene una conciencia que funciona normalmente, son redirigidos y proyectados por el proceso de auto-justificación sobre la sociedad en su conjunto (si la sociedad es sana), o sobre aquellos en la sociedad que no aceptan la auto-justificación.

Según el Dr. Jack Kevorkian, por ejemplo, todos aquellos reacios a participar en su falsa argumentación para matar gente (inclusive algunos que ni siquiera están enfermos) son el verdadero problema, el sistema judicial es "corrupto", la profesión médica es "una locura", y la prensa está "prostituida". Del médico forense que no encontró nada médicamente mal en varias de sus víctimas, el Dr. Kevorkian dijo que era un "mentiroso y un fanático religioso loco”.

El proceso de auto-justificación del movimiento homosexual está mucho más avanzado en sus reclamos. De acuerdo con Jeffrey Levi, ex director ejecutivo de la fuerza nacional de tareas de gays y lesbianas (National Gay and Lesbian Task Force), "Nosotros (los homosexuales) ya no sólo estamos buscando un derecho a la intimidad y un derecho a la protección del mal. Tenemos el derecho -como los heterosexuales ya tienen- de ver al gobierno y a la sociedad a afirmar nuestras vidas”. Dado que sólo el acto de sodomía diferencia a un homosexual activo de un heterosexual, los homosexuales quieren que el "gobierno y la sociedad" afirmen que la sodomía es moralmente equivalente al acto conyugal. "Salir del armario" sólo puede significar una ratificación a nivel de principio moral de lo que de otra manera sería considerado como moralmente desordenado.

Una sociedad puede soportar que cualquier número de personas traten de promover sus propios desórdenes morales como política pública. Pero no puede sobrevivir una vez que adopta la justificación para estos desórdenes morales como propia de la sociedad.

Y así debe ser. Si usted va a centrar su vida pública en el acto privado de la sodomía, mejor es que transforme la sodomía en un acto altamente moral. Si la sodomía es un desorden moral, no puede ser promovida legítimamente en el plano jurídico o civil. En cambio, si se trata de un acto altamente moral, debería ser la base para el matrimonio, la familia (adopción), y la comunidad. Como un acto moral, la sodomía debería ser normativa. Si es normativa, debería ser enseñada en nuestras escuelas como un estándar. De hecho, la homosexualidad debería ser jerárquica: los homosexuales activos deberían ser ordenados como sacerdotes. Todo esto está sucediendo. Era previsible. La causa homosexual evolucionó naturalmente desde un pedido de tolerancia hasta una conquista cultural.

Lo exitosa que ha sido esta conquista se puede ver en la pobreza de la retórica de sus adversarios. En apoyo a la Ley de Defensa del Matrimonio, lo mejor que un congresista pudo hacer fue decir: "Estados Unidos no está listo para el matrimonio homosexual", como si simplemente necesitásemos un tiempo prudencial para ajustarnos a su llegada inevitable.

La argumentación homosexual es tan exitosa que incluso la campaña contra el SIDA es parte de ella, con su mensaje de que "todo el mundo está en riesgo". Si todo el mundo está en riesgo, la enfermedad no puede estar relacionada con un comportamiento específico. Sin embargo, los actos homosexuales son el mayor factor de riesgo para contraer el SIDA. Este hecho desagradable invita a una atención no deseada a la naturaleza de los actos homosexuales, por lo que debe ser ignorado.

El movimiento a favor del aborto es igualmente amplio en sus reclamos a la sociedad. La lógica interna del aborto requiere la extensión de la muerte desde los no nacidos a los próximos a nacer, y luego a los enfermos y a los individuos por demás onerosos. La psicología de la justificación también empuja a las personas involucradas con el aborto a difundir la aplicación de sus principios a fin de multiplicar las fuentes de apoyo.

Si usted va a matar a personas inocentes, es mejor que se convenza a si mismo y que convenza otros de que es "correcto", que lo hace por compasión. Así, Beverly Harrison, profesor de ética cristiana en el Union Theological Seminary, sostiene que el aborto es un "bien positivo", e incluso una "elección amorosa”. La analista junguiana Ginette Paris piensa que es aún más. En su libro, El sacramento del Aborto, exige "nuevos rituales, así como leyes para restaurar al aborto en su dimensión sagrada”. En la defensa del derecho al aborto por nacimiento parcial durante el reciente debate en el Senado de los EE.UU., la senadora Barbara Boxer aseguró a sus colegas que las madres que han abortado a sus hijos por este medio "enterraron esos bebés con amor”. Si el aborto es amor, entonces, de hecho, como dijo el Dr. Brandt, "La muerte es vida”.

El aborto es la última instancia en el amplio proceso de auto-justificación de la revolución sexual: si el sexo es sólo un trámite o una diversión o una autorrealización (como debe ser cuando se divorció del orden moral), ¿por qué la concepción de un niño debería interponerse en el camino del placer, o penalizar su realización? La vida del niño implica un reproche físico y moral a esta proposición. Pero el niño es demasiado débil para vencer el poder de la auto-justificación. La realidad virtual de la auto-justificación es más fuerte que la realidad actual del niño. El niño sucumbe a la auto-justificación y muere en un nuevo "sacramento".

Con más de 35 millones de abortos realizados desde 1973 [9], la inversión en la negación del mal del aborto ha llegado a ser tremenda. Cualquiera que haya sido testigo de la erupción del dolor y el horror (a menudo vienen muchos años después del evento) en una mujer que se enfrenta por primera vez con la realidad de lo que ha hecho en un aborto, conoce los extremos a los que debe ir la gente para impedir que ocurra.

Así, el cambio de actitudes hacia el aborto puede relacionarse directamente con el creciente número de personas, entre padres, médicos y enfermeras, con la necesidad de justificarlo. Como informó la Fundación Kaiser Family, el número de personas que piensan que el aborto debería ser ilegal en todas las circunstancias se ha reducido de 21 por ciento en 1975 a sólo el 15 por ciento en 1995. La proporción de personas que apoyan el aborto en todos los casos se ha incrementado de 21 por ciento al 33 por ciento en el mismo período. Este cambio ha tenido lugar no porque los pro-abortistas estén ganando los argumentos, sino por el enorme aumento en el número de personas con una necesidad personal, psicológica, de negar lo que es el aborto.

Las controversias sobre la vida, la reproducción y la muerte son decisivas para el destino de toda civilización. Una sociedad puede soportar que cualquier número de personas traten de promover sus propios desórdenes morales como política pública. Pero no puede sobrevivir una vez que se adopta la justificación de los desórdenes morales como propia de la sociedad. Esto es lo que está en juego en la guerra cultural.

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[1] Robert Reilly ha escrito recientemente el libro titulado: The Closing of the Muslim Mind: How Intellectual Suicide Created the Modern Islamist Crisis (La cerrazón de la mente musulmana: cómo el suicidio intelectual creó la crisis islámica moderna). En dicho libro el autor analiza, entre otras cosas, las consecuencias que ha tenido para la cultura islámica el desprecio a la razón humana, particularmente en el grupo de los sunitas. Puede ver la presentación del libro por su autor en el siguiente video de la Heritage Foundation:
http://www.heritage.org/events/2010/05/the-closing-of-the-muslim-mind-how-intellectual-suicide-created-the-modern-islamist-crisis

[2] Reilly, Robert R. “Culture of Vice”. National Review (Noviembre 25, 1996): 60-61. Se puede acceder al ensayo en inglés en: http://catholiceducation.org/articles/civilization/cc0020.html

[3] Aído insiste en que el aborto no supone «eliminar una vida»
 
http://www.abc.es/20101006/espana/aido-insiste-aborto-supone-20101006.html

[4] Aído: «Un feto de 13 semanas es un ser vivo pero no es un ser humano»
http://www.abc.es/20090519/nacional-sociedad/bibiana-aido-feto-semanas-200905191028.html

[5] Aído: «Provida somos todos» http://www.elmundo.es/elmundo/2009/05/19/espana/1242718797.html

[6] Tres semanas después de ese discurso, el arzobispo de Córdoba, Mons. Carlos Ñáñez, suspendió e inició juicio canónico contra el sacerdote Nicolás Alessio. En agosto de 2010, y luego de la aprobación de la ley de “matrimonio” homosexual en Argentina, el sacerdote dejó los hábitos para dedicarse a la política. Puede escuchar el discurso completo en: http://www.argentinosalerta.org/index.php/aa-tv/29-pro-familia/1084-padre-alessio-ienemigo-de-la-iglesia

[7] Dueñas JL, Lete I, Bermejo R, Arbat A, Pérez-Campos E, Martínez-Salmeán J, Serrano I, Doval JL, Coll C. Contraception. 2011, vol. 83, págs. 82-7.
[8] Bob Dole fue el candidato del partido republicano en las elecciones presidenciales de 1996 en Estados Unidos. Realizó durante su campaña una crítica feroz a Hollywood por promover la violencia y la pornografía. Finalmente resultó electo el candidato demócrata Bill Clinton, tristemente famoso por aprobar la ley de aborto por nacimientos parciales.
[9] Reilly escribió su ensayo en 1996. El número de abortos en la actualidad es muchísimo mayor.

 

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