Marea humana junto a Benedicto XVI en aeródromo de Cuatro Vientos en Madrid

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(AA) Antes de iniciar la Misa central de la JMJ en Madrid el domingo 21 de agosto, Benedicto XVI recorrió la explanada del aeródromo de Cuatro Vientos durante unos 15 minutos saludando desde el papamóvil a los dos millones de fieles de quienes recibió muchas muestras de afecto. Los peregrinos habían pasado toda la noche de vigilia, luego de la fuerte tormenta de viento y lluvia que se desató en la noche del sábado. A pesar de las inclemencias del tiempo, el Papa les recordó que “Dios saca bienes de todo”. El Papa saludó a los jóvenes antes de iniciar la Misa diciéndoles:

“Queridos jóvenes, he pensado mucho en vosotros, en estas horas en que no nos hemos visto. Espero que hayáis podido dormir un poco, a pesar de las inclemencias del tiempo. Seguro que en esta madrugada habréis levantado los ojos al cielo más de una vez. Y no sólo los ojos, también el corazón. Eso os habrá permitido rezar. Dios saca bienes de todo. Con esta confianza, y sabiendo que el Señor nunca nos abandona, comenzamos nuestra celebración eucarística llenos de entusiasmo y firmes en la fe”.

La lluvia del sábado a la noche permitió hacer realidad el lema de la Jornada Mundial de la Juventud: “firmes en la fe”. Por más de media hora el obispo de Roma se vio obligado a permanecer simplemente esperando que pasase la lluvia, sentado sobre un trono en medio de un inmenso escenario blanco. Sólo pudo leer el primer párrafo del texto que tenía en sus manos, pero el viento fue tal que lo obligó a cortarlo y quedarse callado; el agua comenzó a caer con más fuerza sobre los presentes, incluso los periodistas que corrieron en masa bajo una carpa.

En ningún momento el Papa perdió la calma e incluso sonrió en diversas ocasiones mientras uno de sus colaboradores le tapaba con un gran paraguas blanco, que también se volaba en ocasiones. Ni bien pudo retomar su discurso pasó inmediatamente a los saludos finales en diversos idiomas, pero antes exclamó: “queridos amigos, gracias por esta alegría, vuestra fuerza es mayor que la lluvia. El señor con la lluvia nos manda muchas bendiciones”.

En el discurso de despedida, antes de dejar España, el Papa pidió “de modo particular a los Obispos, sacerdotes, religiosos y educadores cristianos, el cuidado de la juventud, que desea responder con ilusión a la llamada del Señor”. El Papa fue muy claro frente al hecho de que muchos presentan una imagen distorsionada de Cristo: “no temáis presentar a los jóvenes el mensaje de Jesucristo en toda su integridad e invitarlos a los sacramentos, por los cuales nos hace partícipes de su propia vida”.

Homilía del domingo 21 de agosto: no se puede separar a Cristo de la Iglesia

En su homilía, Benedicto XVI predicó sobre la profesión de fe de Pedro acerca de la persona de Cristo, sobre la cual el Señor ha construido su Iglesia. “El mismo Cristo se refiere a ella como «su» Iglesia. No se puede separar a Cristo de la Iglesia, como no se puede separar la cabeza del cuerpo” dijo el Papa.

El Papa alertó sobre la mentalidad individualista que predomina en la sociedad y que lleva a crease una imagen falsa de Cristo. Por ello subrayó la importancia de la comunión con la Iglesia: “seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación de ir «por su cuenta» o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él”.


El Papa pidió a los fieles que amen a la Iglesia “que os ha engendrado en la fe, que os ha ayudado a conocer mejor a Cristo, que os ha hecho descubrir la belleza de su amor.”

Benedicto XVI, autor de la encíclica Dios es Amor, dijo que no se puede seguir a Jesús “en solitario”. Nuevamente alertó contra las posturas individualistas: “No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto, no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe”.

Reproducimos al final el texto completo de su homilía.

El mensaje preparado para la Vigilia del sábado 20 de agosto: no os conforméis con menos que Cristo

El texto que había preparado para la vigilia de oración que presidió ante más de un millón de personas en el aeródromo de Cuatro Vientos de Madrid no pudo leerse a causa de una intensa lluvia que se abatió sobre el lugar. Pese a que el mensaje no fue pronunciado por el obispo de Roma, fue autorizada su publicación. Sólo había logrado leer el primer párrafo cuando un viento intenso obligó al Papa a permanecer por más de 30 minutos simplemente esperando.

El Papa Benedicto XVI instó a los jóvenes a no temer al mundo, al futuro y a sus debilidades porque aseguró que ellos no son fruto de la casualidad o la irracionalidad, sino de un proyecto de amor de Dios. “Queridos amigos, que ninguna adversidad os paralice. No tengáis miedo al mundo, ni al futuro, ni a vuestra debilidad. El señor os ha otorgado vivir en este momento de la historia, para que gracias a vuestra fe siga resonando su nombre en toda la tierra”, escribió.

“Si permanecéis en el amor de Cristo, arraigados en la fe, encontraréis, aún en medio de contrariedades y sufrimientos, la raíz del gozo y la alegría”, agregó.

Advirtió que precisamente ahora, cuando una cultura relativista dominante renuncia y desprecia la búsqueda de la verdad, que es la aspiración más alta del espíritu humano, los católicos deben proponer con coraje y humildad el valor universal de Cristo, como fuente de esperanza para la vida.

En el mensaje que había preparado el Papa cuestionó “¿cómo puede un joven ser fiel a la fe cristiana y seguir aspirando a grandes ideales en la sociedad actual?”. Aseguró que la fe no se opone a los ideales más altos del ser humano sino, al contrario, los exalta y perfecciona. “Queridos jóvenes, no os conforméis con menos que la verdad y el amor, no os conforméis con menos que Cristo”, exhortó.

“Sí, queridos amigos, Dios nos ama. Ésta es la gran verdad de nuestra vida y que da sentido a todo lo demás. No somos fruto de la casualidad o la irracionalidad, sino que en el origen de nuestra existencia hay un proyecto de amor de Dios”, apuntó.

Según Joseph Ratzinger permanecer en el amor de Jesús significa vivir arraigado en la fe, que no es la simple aceptación de unas verdades abstractas, sino una relación íntima que lleva a abrir el corazón a un misterio de amor y a vivir como personas que se saben amadas por Dios.

Después llamó a todos los jóvenes a elegir su vocación para el futuro, en la sociedad y en la Iglesia así como a perseverar en ella con alegría y fidelidad

Dijo que algunos serán llamados al matrimonio, en el cual remarcó que “un hombre y una mujer, formando una sola carne se realizan en una profunda vida de comunión”. “Es un horizonte luminoso y exigente a la vez. Un proyecto de amor verdadero que se renueva y ahonda cada día compartiendo alegrías y dificultades, y que se caracteriza por una entrega de la totalidad de la persona”, indicó. Por eso afirmó que reconocer la belleza y bondad del matrimonio significa ser conscientes de que solo un ámbito de fidelidad e indisolubilidad, así como de apertura al don de la vida, “es el adecuado a la grandeza y dignidad del amor matrimonial”.

El Papa señaló que a otros les tocará seguir a Jesucristo más de cerca en el sacerdocio o en la vida consagrada. “Queridos jóvenes, para descubrir y seguir fielmente la forma de vida a la que el Señor os llame a cada uno, es indispensable permanecer en su amor como amigos”, estableció.

Reproducimos el texto completo del mensaje en la Vigilia de Cuatro Vientos más abajo.

Homilía de Benedicto XVI en la Misa de la Jornada Mundial de la Juventud

Queridos jóvenes:

Con la celebración de la Eucaristía llegamos al momento culminante de esta Jornada Mundial de la Juventud. Al veros aquí, venidos en gran número de todas partes, mi corazón se llena de gozo pensando en el afecto especial con el que Jesús os mira. Sí, el Señor os quiere y os llama amigos suyos (cf. Jn15,15). Él viene a vuestro encuentro y desea acompañaros en vuestro camino, para abriros las puertas de una vida plena, y haceros partícipes de su relación íntima con el Padre. Nosotros, por nuestra parte, conscientes de la grandeza de su amor, deseamos corresponder con toda generosidad a esta muestra de predilección con el propósito de compartir también con los demás la alegría que hemos recibido. Ciertamente, son muchos en la actualidad los que se sienten atraídos por la figura de Cristo y desean conocerlo mejor. Perciben que Él es la respuesta a muchas de sus inquietudes personales. Pero, ¿quién es Él realmente? ¿Cómo es posible que alguien que ha vivido sobre la tierra hace tantos años tenga algo que ver conmigo hoy?


En el evangelio que hemos escuchado (cf. Mt 16, 13-20), vemos representados como dos modos distintos de conocer a Cristo. El primero consistiría en un conocimiento externo, caracterizado por la opinión corriente. A la pregunta de Jesús: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?», los discípulos responden: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Es decir, se considera a Cristo como un personaje religioso más de los ya conocidos. Después, dirigiéndose personalmente a los discípulos, Jesús les pregunta: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro responde con lo que es la primera confesión de fe: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». La fe va más allá de los simples datos empíricos o históricos, y es capaz de captar el misterio de la persona de Cristo en su profundidad.

Pero la fe no es fruto del esfuerzo humano, de su razón, sino que es un don de Dios: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos». Tiene su origen en la iniciativa de Dios, que nos desvela su intimidad y nos invita a participar de su misma vida divina. La fe no proporciona solo alguna información sobre la identidad de Cristo, sino que supone una relación personal con Él, la adhesión de toda la persona, con su inteligencia, voluntad y sentimientos, a la manifestación que Dios hace de sí mismo. Así, la pregunta de Jesús: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?», en el fondo está impulsando a los discípulos a tomar una decisión personal en relación a Él. Fe y seguimiento de Cristo están estrechamente relacionados. Y, puesto que supone seguir al Maestro, la fe tiene que consolidarse y crecer, hacerse más profunda y madura, a medida que se intensifica y fortalece la relación con Jesús, la intimidad con Él. También Pedro y los demás apóstoles tuvieron que avanzar por este camino, hasta que el encuentro con el Señor resucitado les abrió los ojos a una fe plena.

Queridos jóvenes, también hoy Cristo se dirige a vosotros con la misma pregunta que hizo a los apóstoles: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Respondedle con generosidad y valentía, como corresponde a un corazón joven como el vuestro. Decidle: Jesús, yo sé que Tú eres el Hijo de Dios que has dado tu vida por mí. Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu palabra. Tú me conoces y me amas. Yo me fío de ti y pongo mi vida entera en tus manos. Quiero que seas la fuerza que me sostenga, la alegría que nunca me abandone.

En su respuesta a la confesión de Pedro, Jesús habla de la Iglesia: «Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». ¿Qué significa esto? Jesús construye la Iglesia sobre la roca de la fe de Pedro, que confiesa la divinidad de Cristo. Sí, la Iglesia no es una simple institución humana, como otra cualquiera, sino que está estrechamente unida a Dios. El mismo Cristo se refiere a ella como «su» Iglesia. No se puede separar a Cristo de la Iglesia, como no se puede separar la cabeza del cuerpo (cf. 1Co 12,12). La Iglesia no vive de sí misma, sino del Señor. Él está presente en medio de ella, y le da vida, alimento y fortaleza.

Queridos jóvenes, permitidme que, como Sucesor de Pedro, os invite a fortalecer esta fe que se nos ha transmitido desde los Apóstoles, a poner a Cristo, el Hijo de Dios, en el centro de vuestra vida. Pero permitidme también que os recuerde que seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación de ir «por su cuenta» o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él.

Tener fe es apoyarse en la fe de tus hermanos, y que tu fe sirva igualmente de apoyo para la de otros. Os pido, queridos amigos, que améis a la Iglesia, que os ha engendrado en la fe, que os ha ayudado a conocer mejor a Cristo, que os ha hecho descubrir la belleza de su amor. Para el crecimiento de vuestra amistad con Cristo es fundamental reconocer la importancia de vuestra gozosa inserción en las parroquias, comunidades y movimientos, así como la participación en la Eucaristía de cada domingo, la recepción frecuente del sacramento del perdón, y el cultivo de la oración y meditación de la Palabra de Dios.

De esta amistad con Jesús nacerá también el impulso que lleva a dar testimonio de la fe en los más diversos ambientes, incluso allí donde hay rechazo o indiferencia. No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto, no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios. Pienso que vuestra presencia aquí, jóvenes venidos de los cinco continentes, es una maravillosa prueba de la fecundidad del mandato de Cristo a la Iglesia: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16,15). También a vosotros os incumbe la extraordinaria tarea de ser discípulos y misioneros de Cristo en otras tierras y países donde hay multitud de jóvenes que aspiran a cosas más grandes y, vislumbrando en sus corazones la posibilidad de valores más auténticos, no se dejan seducir por las falsas promesas de un estilo de vida sin Dios.

Queridos jóvenes, rezo por vosotros con todo el afecto de mi corazón. Os encomiendo a la Virgen María, para que ella os acompañe siempre con su intercesión maternal y os enseñe la fidelidad a la Palabra de Dios. Os pido también que recéis por el Papa, para que, como Sucesor de Pedro, pueda seguir confirmando a sus hermanos en la fe. Que todos en la Iglesia, pastores y fieles, nos acerquemos cada día más al Señor, para que crezcamos en santidad de vida y demos así un testimonio eficaz de que Jesucristo es verdaderamente el Hijo de Dios, el Salvador de todos los hombres y la fuente viva de su esperanza. Amén.

Mensaje del Papa en el aeródromo de Cuatro Vientos

(La lluvia impidió pronunciarla pero su publicación fue autorizada)

Queridos amigos:

Os saludo a todos, pero en particular a los jóvenes que me han formulado sus preguntas, y les agradezco la sinceridad con que han planteado sus inquietudes, que expresan en cierto modo el anhelo de todos vosotros por alcanzar algo grande en la vida, algo que os dé plenitud y felicidad.

Pero, ¿cómo puede un joven ser fiel a la fe cristiana y seguir aspirando a grandes ideales en la sociedad actual? En el evangelio que hemos escuchado, Jesús nos da una respuesta a esta importante cuestión: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor» (Jn 15, 9).

Sí, queridos amigos, Dios nos ama. Ésta es la gran verdad de nuestra vida y que da sentido a todo lo demás. No somos fruto de la casualidad o la irracionalidad, sino que en el origen de nuestra existencia hay un proyecto de amor de Dios. Permanecer en su amor significa entonces vivir arraigados en la fe, porque la fe no es la simple aceptación de unas verdades abstractas, sino una relación íntima con Cristo que nos lleva a abrir nuestro corazón a este misterio de amor y a vivir como personas que se saben amadas por Dios.

Si permanecéis en el amor de Cristo, arraigados en la fe, encontraréis, aun en medio de contrariedades y sufrimientos, la raíz del gozo y la alegría. La fe no se opone a vuestros ideales más altos, al contrario, los exalta y perfecciona. Queridos jóvenes, no os conforméis con menos que la Verdad y el Amor, no os conforméis con menos que Cristo.

Precisamente ahora, en que la cultura relativista dominante renuncia y desprecia la búsqueda de la verdad, que es la aspiración más alta del espíritu humano, debemos proponer con coraje y humildad el valor universal de Cristo, como salvador de todos los hombres y fuente de esperanza para nuestra vida. Él, que tomó sobre sí nuestras aflicciones, conoce bien el misterio del dolor humano y muestra su presencia amorosa en todos los que sufren. Estos, a su vez, unidos a la pasión de Cristo, participan muy de cerca en su obra de redención. Además, nuestra atención desinteresada a los enfermos y postergados, siempre será un testimonio humilde y callado del rostro compasivo de Dios.

Queridos amigos, que ninguna adversidad os paralice. No tengáis miedo al mundo, ni al futuro, ni a vuestra debilidad. El Señor os ha otorgado vivir en este momento de la historia, para que gracias a vuestra fe siga resonando su Nombre en toda la tierra.

En esta vigilia de oración, os invito a pedir a Dios que os ayude a descubrir vuestra vocación en la sociedad y en la Iglesia y a perseverar en ella con alegría y fidelidad. Vale la pena acoger en nuestro interior la llamada de Cristo y seguir con valentía y generosidad el camino que él nos proponga.

A muchos, el Señor los llama al matrimonio, en el que un hombre y una mujer, formando una sola carne (cf. Gn 2, 24), se realizan en una profunda vida de comunión. Es un horizonte luminoso y exigente a la vez. Un proyecto de amor verdadero que se renueva y ahonda cada día compartiendo alegrías y dificultades, y que se caracteriza por una entrega de la totalidad de la persona. Por eso, reconocer la belleza y bondad del matrimonio, significa ser conscientes de que solo un ámbito de fidelidad e indisolubilidad, así como de apertura al don divino de la vida, es el adecuado a la grandeza y dignidad del amor matrimonial.

A otros, en cambio, Cristo los llama a seguirlo más de cerca en el sacerdocio o en la vida consagrada. Qué hermoso es saber que Jesús te busca, se fija en ti y con su voz inconfundible te dice también a ti: «¡Sígueme!» (cf. Mc 2,14).

Queridos jóvenes, para descubrir y seguir fielmente la forma de vida a la que el Señor os llame a cada uno, es indispensable permanecer en su amor como amigos. Y, ¿cómo se mantiene la amistad si no es con el trato frecuente, la conversación, el estar juntos y el compartir ilusiones o pesares? Santa Teresa de Jesús decía que la oración es «tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama» (cf. Libro de la vida, 8).

Os invito, pues, a permanecer ahora en la adoración a Cristo, realmente presente en la Eucaristía. A dialogar con Él, a poner ante Él vuestras preguntas y a escucharlo. Queridos amigos, yo rezo por vosotros con toda el alma. Os suplico que recéis también por mí. Pidámosle al Señor en esta noche que, atraídos por la belleza de su amor, vivamos siempre fielmente como discípulos suyos. Amén.

Discurso de despedida de España en el aeropuerto de Barajas

Majestades,

Distinguidas Autoridades nacionales, autonómicas y locales,

Señor Cardenal Arzobispo de Madrid y Presidente de la Conferencia Episcopal Española,

Señores Cardenales y Hermanos en el Episcopado,

Amigos todos:

Ha llegado el momento de despedirnos. Estos días pasados en Madrid, con una representación tan numerosa de jóvenes de España y todo el mundo, quedarán hondamente grabados en mi memoria y en mi corazón.

Majestad, el Papa se ha sentido muy bien en España. También los jóvenes protagonistas de esta Jornada Mundial de la Juventud han sido muy bien acogidos aquí y en tantas ciudades y localidades españolas, que han podido visitar en los días previos a la Jornada.

Gracias a Vuestra Majestad por sus cordiales palabras y por haber querido acompañarme tanto en el recibimiento como, ahora, al despedirme. Gracias a las Autoridades nacionales, autonómicas y locales, que han mostrado con su cooperación fina sensibilidad por este acontecimiento internacional. Gracias a los miles de voluntarios, que han hecho posible el buen desarrollo de todas las actividades de este encuentro: los diversos actos literarios, musicales, culturales y religiosos del «Festival joven», las catequesis de los Obispos y los actos centrales celebrados con el Sucesor de Pedro. Gracias a las fuerzas de seguridad y del orden, así como a los que han colaborado prestando los más variados servicios: desde el cuidado de la música y de la liturgia, hasta el transporte, la atención sanitaria y los avituallamientos.

España es una gran Nación que, en una convivencia sanamente abierta, plural y respetuosa, sabe y puede progresar sin renunciar a su alma profundamente religiosa y católica. Lo ha manifestado una vez más en estos días, al desplegar su capacidad técnica y humana en una empresa de tanta trascendencia y de tanto futuro, como es el facilitar que la juventud hunda sus raíces en Jesucristo, el Salvador.

Una palabra de especial gratitud se debe a los organizadores de la Jornada: al Cardenal Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos y a todo el personal de ese Dicasterio; al Señor Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, junto con sus Obispos auxiliares y toda la archidiócesis; en particular, al Coordinador General de la Jornada, Monseñor César Augusto Franco Martínez, y a sus colaboradores, tantos y tan generosos. Los Obispos han trabajado con solicitud y abnegación en sus diócesis para la esmerada preparación de la Jornada, junto con los sacerdotes, personas consagradas y fieles laicos. A todos, mi reconocimiento, junto con mi súplica al Señor para que bendiga sus afanes apostólicos.

Y no puedo dejar de dar las gracias de todo corazón a los jóvenes por haber venido a esta Jornada, por su participación alegre, entusiasta e intensa. A ellos les digo: Gracias y enhorabuena por el testimonio que habéis dado en Madrid y en el resto de ciudades españolas en las que habéis estado. Os invito ahora a difundir por todos los rincones del mundo la gozosa y profunda experiencia de fe vivida en este noble País. Transmitid vuestra alegría especialmente a los que hubieran querido venir y no han podido hacerlo por las más diversas circunstancias, a tantos como han rezado por vosotros y a quienes la celebración misma de la Jornada les ha tocado el corazón. Con vuestra cercanía y testimonio, ayudad a vuestros amigos y compañeros a descubrir que amar a Cristo es vivir en plenitud.

Dejo España contento y agradecido a todos. Pero sobre todo a Dios, Nuestro Señor, que me ha permitido celebrar esta Jornada, tan llena de gracia y emoción, tan cargada de dinamismo y esperanza. Sí, la fiesta de la fe que hemos compartido nos permite mirar hacia adelante con mucha confianza en la providencia, que guía a la Iglesia por los mares de la historia. Por eso permanece joven y con vitalidad, aun afrontando arduas situaciones. Esto es obra del Espíritu Santo, que hace presente a Jesucristo en los corazones de los jóvenes de cada época y les muestra así la grandeza de la vocación divina de todo ser humano. Hemos podido comprobar también cómo la gracia de Cristo derrumba los muros y franquea las fronteras que el pecado levanta entre los pueblos y las generaciones, para hacer de todos los hombres una sola familia que se reconoce unida en el único Padre común, y que cultiva con su trabajo y respeto todo lo que Él nos ha dado en la Creación.

Los jóvenes responden con diligencia cuando se les propone con sinceridad y verdad el encuentro con Jesucristo, único redentor de la humanidad. Ellos regresan ahora a sus casas como misioneros del Evangelio, «arraigados y cimentados en Cristo, firmes en la fe», y necesitarán ayuda en su camino. Encomiendo, pues, de modo particular a los Obispos, sacerdotes, religiosos y educadores cristianos, el cuidado de la juventud, que desea responder con ilusión a la llamada del Señor. No hay que desanimarse ante las contrariedades que, de diversos modos, se presentan en algunos países. Más fuerte que todas ellas es el anhelo de Dios, que el Creador ha puesto en el corazón de los jóvenes, y el poder de lo alto, que otorga fortaleza divina a los que siguen al Maestro y a los que buscan en Él alimento para la vida. No temáis presentar a los jóvenes el mensaje de Jesucristo en toda su integridad e invitarlos a los sacramentos, por los cuales nos hace partícipes de su propia vida.

Majestad, antes de volver a Roma, quisiera asegurar a los españoles que los tengo muy presentes en mi oración, rezando especialmente por los matrimonios y las familias que afrontan dificultades de diversa naturaleza, por los necesitados y enfermos, por los mayores y los niños, y también por los que no encuentran trabajo. Rezo igualmente por los jóvenes de España. Estoy convencido de que, animados por la fe en Cristo, aportarán lo mejor de sí mismos, para que este gran País afronte los desafíos de la hora presente y continúe avanzando por los caminos de la concordia, la solidaridad, la justicia y la libertad. Con estos deseos, confío a todos los hijos de esta noble tierra a la intercesión de la Virgen María, nuestra Madre del Cielo, y los bendigo con afecto. Que la alegría del Señor colme siempre vuestros corazones. Muchas gracias.

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Comentarios

me pregunto por qué en los medios esto se disminuye y se muestra y agranda la parte negativa de la visita de Su Santidad a España. De no ser por estos sitios, que por cierto mucha gente no conoce ni tiene la posibilidad de visitar, Jornada Mundial de la Juventud se hubiese transformado en una "visita del Papa que se solventó con fondos públicos y la gente enardecida salió a las calles a manifestar su bronca por semejante injusticia". Lastima que no sepan que la injusticia es que a causa de esa imagen fomentadora de odio, no permiten a mies de personas acercarse a Cristo y así conocer LA VERDAD.

Hoy, acabo de leer en el libro "A los Sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen".(Mensajes de la Santísima Virgen María al padre Stefano Gobby, Fundador del Movimiento Sacerdotal Mariano): Pág 807: "Esta infiltración masónica dentro de la Iglesia, ya les ha sido predicha por Mí en Fátima, cuando les anuncié que satanás se introduciría hasta el v é r t i c e de la Iglesia." Pág. 912. "SALISBURGO (AUSTRIA). 13 de mayo 1991. ANIVERSARIO DE LA PRIMERA APARICIÓN DE FÁTIMA. El Papa de mi Secreto". ..."Se sienten muy unidos a mi Papa Juan Pablo II, ... Hoy les confieso que éste el Papa de mi Secreto, el Papa de quien hablé con los niños durante las apariciones; al Papa de mi amor y de mi dolor". ... Pág 913 ... "CUANDO ESTE PAPA HAYA CUMPLIDO LA MISIÓN QUE JESÚS LE HA ENCOMENDADO, YO BAJARÉ DEL CIELO PARA ACOGER SU SACRIFICIO, TODOS SERÁN ENVUELTOS POR UNA DENSA TINIEBLA DE APOSTACÍA QUE ENTONCES LLEGARÁ A SER GENERAL." (Las mayúsculas finales son mías. Que Dios tenga Misericordia de nosostros. Lean el Libro, habla sobre el Dragón Rojo, la Masonería y la Masonería eclesiástica. -Dice que los Medios de Comunicación social, son lo cuernos de satanás de que habla el Apocalipsis...-) Esta edición no-comercial, se imprimió en: la festividad de Ntra Sra. de los Dolores de 1992... en la EDITORIAL "Nuestra Señora de Fátima
" y RADIO "María" F: M: 90.7 Giribone 929-1870 Avellaneda (Rep. Argentina)

Que hermoso es todo esto, como la Transfiguración y la Ascención del Señor, sus apóstoles y seguidores quedaron en contemplación, pero Dios los volvió a la realidad, y los ángeles los invitaron a cumplir con el mandato de extender el Reino de Dios a todos los rincones de la Tierra.
Hagamos carne este mandato, con humildad, mucha oración, PUES SIN EL NADA PODEMOS, trabajando para que TODA PERSONA HUMANA se sienta HIJA DE TAL PADRE QUE NOS AMA y POR ESO NOS DIO A SU HIJO JESUCRISTO.

JESUCRISTO EL CAMINO ,LA VERDAD Y LA VIDA...
SOLO EL

Bellísimo todo, Madrid ha sido como la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, que irrita a algunos y llena de gozo al pueblo fiel. Pero también hay que subir el Calvario, y acompañar a Jesús allí, como lo hizo su Madre, para poder resucitar con Jesús. No hay que perder la paz por los ataques, porque también esto lo previó Jesús: "Serán odiados a causa de mi Nombre... pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará". Ponemos en el corazón de Jesús y María nuestra fidelidad y perseverancia y les agradecemos a ellos, a Jesús y a María, y a todos los peregrinos, estas magníficas JMJ.

Un video con las mejores imágenes de la Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011 pueden verse en:

http://www.youtube.com/watch?v=o6uyxOSAgx0

saludos

2 millones de jóvenes dando un testimonio de alegría y de fe junto al Papa. La JMJ ha sido un gran éxito. Los 2 mil amargados "indignados" no pudieron opacarla.