La amenaza del progresismo internacional: la orientación sexual y la ley internacional

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(AA) Durante el VI Congreso Mundial de las Familias en Madrid, Piero Tozzi (Alliance Defending Freedom) alertó en su conferencia sobre los mecanismos internacionales para inventar nuevos derechos basados en la "orientación sexual" en desmedro del derecho natural de las familias a educar a sus hijos. "El control del sistema educativo es fundamental para aquellos que quieren avanzar en la agenda homosexual" resaltó.

Piero A. Tozzi es asesor legal de Alliance Defending Freedom (ADF) en su central en Scottsdale, Arizona, donde desarrolla un papel clave en la actividad mundial de ADF. Desde que se unió a ADF en el 2012, Tozzi se ha centrado en litigar en el ámbito internacional de los derechos humanos. Obtuvo su doctorado en la Escuela de Derecho de la Universidad de Frodham en 1996. Es también miembro de la sección para la práctica del derecho internacional de la asociación de abogados de Nueva York.


Tozzi subrayó la importancia de recordar la "noción de derechos fundados en la naturaleza" que son anteriores al estado y frente a los cuales la función del estado es de reconocerlos. "El Estado que no puede crear derechos, sino sólo reconocerlos".

Presentamos la traducción de la conferencia de Pierro Tozzi durante el VI Congreso Mundial de las Familias en Madrid.

La amenaza del progresismo internacional: la orientación sexual y la ley internacional

Piero A. Tozzi, VI Congreso Internacional de Familias, 26 de Mayo de 2011

Uno oye hablar mucho sobre "derechos humanos" en estos días, pero muchos de los nuevos "derechos" que se escuchan -tales como "derechos reproductivos", interpretados para incluir el derecho al aborto, o "derechos" basados en "la orientación sexual e Identidad de Género "- suenan como un puñado de injusticias.

En efecto, tal como un amigo y colega, Jakob Cornides, lo ha expresado sucintamente: "Lo que alguna vez fue considerado un crimen debe ser transformado en un derecho, y lo que alguna vez fue considerado justicia, debe ser transformado en una violación de los derechos humanos."

El escenario está listo para un enfrentamiento entre derechos que compiten, puesto que los derechos basados en nuevos conceptos se insinúan en el discurso de los derechos humanos y el Estado está llamado a hacer cumplir esos derechos recién fabricados.

"La orientación sexual" es un término nebuloso que no está definido en el derecho internacional en ningún sentido vinculante. A primera vista, esto implica una disposición interior, o una orientación. Véase, por ejemplo, la intervención de la Santa Sede en Ginebra, en marzo de 2011.

Sin embargo, algunos consideran ampliarla más allá de una disposición interior que necesariamente debe manifestarse en formas de comportamiento que tradicionalmente se han considerado anormales, peligrosas, inmorales y en muchos casos criminales.

Los que seguimos creyendo que esto es así y lo manifestamos públicamente con un sentido de obligación hacia la Verdad y hacia el bien común –por ejemplo, como monseñor Reig Pla- comenzamos luego a ser atacados como delincuentes que ofenden los derechos humanos.

Entonces, ¿qué pasa con los derechos humanos fundamentales, tales como la libertad de religión, de conciencia y de expresión?

Aquí hay una cita de Chai Feldbum, profesora de derecho en la Universidad de Georgetown (una "escuela en la tradición jesuita"), nombrada por el presidente Obama en la comisión federal que supervisa la no discriminación el trabajo (comisión de igualdad de oportunidad en el trabajo) y lesbiana autodeclarada :

  • "Puede existir un conflicto entre la libertad religiosa y la libertad sexual, pero en casi todos los casos, la libertad sexual debe ganar porque es la única manera de que la dignidad de los gays se pueda afirmar de manera realista. Estoy teniendo dificultades para encontrar algún caso en el que la libertad religiosa debe ganar".

Esto es preocupante, porque implícitamente moviliza al poder del Estado para "reafirmar" los derechos y la dignidad de las personas que se identifican como homosexuales en contra de aquellos que disienten basados en creencias religiosas y en la objeción de conciencia.

Creo que ésto nos obliga a plantear la cuestión sobre qué son los derechos humanos, de dónde provienen y cuál es la relación con el poder del Estado.

El discurso moderno de derechos humanos se remonta a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, que a su vez nació del rechazo a los horrores de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto perpetuado por la Alemania nazi, donde la ley y el poder del Estado no respondían a ninguna ley superior.

Charles Malik, la persona tal vez más responsable de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se hizo la pregunta acerca de dónde provienen los derechos:

  • "¿Con qué título los posee el hombre?", se preguntó a Malik. "¿Se los confiere el Estado, o son conferidos por la sociedad, o por las Naciones Unidas? ... Ahora bien, si simplemente se originan en el estado o en la sociedad o en las Naciones Unidas, está claro que lo que el estado ahora otorga, algún día lo podría retirar sin violar por ello ninguna ley superior. Pero si estos derechos y libertades pertenecen al hombre como hombre, entonces el Estado o las Naciones Unidas, lejos de conferírselos, deben reconocerlos y respetarlos... Esta es la cuestión sobre si el Estado está sujeto a la ley superior, la ley de la naturaleza, o si se trata de una ley que se basta a sí misma. Si se trata de lo segundo, entonces nadie lo juzga: [el estado] es el juez de todo. Pero si hay algo por encima de él, algo que puede descubrir y a lo que pueda ajustarse, entonces cualquier ley positiva que contradiga la norma trascendente es por naturaleza nula y sin efecto. "

Esta formulación del problema por Charles Malik es muy importante al evaluar el conflicto de derechos provocado por aquellos que avanzan en nuevos conceptos tales como derechos basados en la "orientación sexual".

Una distinción mientras nos involucramos en el discurso de los derechos que es muy importante es la distinción entre "derechos negativos" y "derechos positivos".

Aquí debemos ser claros, cuando decimos derechos "negativos" no nos referimos a "malo", ni positivo se refiere a "bueno".

Por el contrario, los derechos negativos son los derechos fundados en la Naturaleza, los cuales no pueden ser vulnerados por el Estado –uno detenta derechos frente al Estado, de ahí el término "Negativo". El Estado no puede otorgar estos derechos, sólo puede reconocerlos. A lo que nos referimos como los Derechos Negativos también podrían llamarse "inalienables" o "derechos inalienables", en base a las leyes de la Naturaleza y del Dios de la Naturaleza de acuerdo al lenguaje de la Declaración de Independencia Americana.

Los Derechos Positivos, en cambio, son los derechos que otorga el estado. La sustancia de los derechos puede ser buena o mala.

Para ayudar a ilustrar la diferencia, aquí hay un ejemplo tanto de derechos negativos y positivos uno al lado del otro en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que es un documento un tanto esquizofrénico, por razones en las que no tenemos tiempo de entrar aquí.

En lo que respecta a la educación, la Declaración Universal dice que "Los padres tendrán un derecho anterior a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos." Artículo 26 (3).

Este derecho está fundado en la idea expresada en otras partes de la Declaración Universal respecto de que la familia es el elemento fundamental de la sociedad (artículo 16), y que el derecho de los padres a elegir el tipo de educación tiene sus raíces en la naturaleza, porque es "anterior”, preexiste al Estado y es un derecho negativo contra el cual el Estado no puede atentar.

Sin embargo, el mismo artículo también habla de la educación como un derecho "positivo" a ser garantizado por el Estado:
"Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en las etapas elementales y fundamentales. La instrucción elemental deberá ser obligatoria. "(Artículo 26)

Noten aquí cuánto más se proyecta el cuando hablamos de un derecho como positivo ... y consideren las implicancias potenciales cuando el contenido sustantivo del derecho povisto por el Estado es moldeado por líderes como Obama o Zapatero.

En España, ustedes vieron un curso de ciudadanía propuesto por el gobierno anterior que no respetaba el derecho (negativo) de los padres a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos, y en su lugar trató de imponer un plan de estudios que estaba lleno de derechos recién fabricados, tales como los basados en la "orientación sexual" en conflicto con el derecho fundamental de los padres y las familias.

Esta misma agenda - lo que se llama el Proyecto Zapatero - con respecto a la "orientación sexual", cuenta con un análogo transnacional.

Se llaman los Principios de Yogyakarta.

Los Principios de Yogyakarta pretenden ser una "declaración sobre la aplicación de la ley internacional de derechos humanos con relación a la orientación sexual e identidad de género", así como una "Guía universal a los derechos humanos que afirman normas legales internacionales vinculantes con las que todos los Estados deben cumplir."

Sin embargo, no tienen carácter vinculante en el derecho internacional, no hay naciones soberanas que se hayan reunido para negociar. En cambio, aproximadamente 30 miembros (auto-elegidos) de diversos comités de seguimiento de tratados de las Naciones Unidas y organizaciones no gubernamentales, así como los relatores especiales y otros "expertos" comprometidos con la agenda homosexual a nivel mundial, han creado un documento que servirá como vehículo para avanzar en su agenda política. Sus defensores luego lo empújan con vehículos transnacionalistas, tales como los órganos de supervisión de tratados de las Naciones Unidas y los reportes de los relatores especiales para darle la apariencia de tener algún tipo de peso jurisprudencial que exigen debe ser reconocido.

Se trata básicamente de un menú de ansiados derechos positivos a ser creados e impuestos por el Estado. Las piezas son modeladas directamente después de la Declaración Universal de Derechos Humanos -sin embargo, crea un conflicto intrínseco con los derechos fundamentales negativos reconocidos en la Declaración Universal.

Los Principios de Yogyakarta se basan en ciertas nociones antropológicas que creo que son falsas. Sexualidad humana -es decir, "orientación sexual" e "identidad de género" – constituyen una construcción social fluida, no es algo arraigado en la complementariedad biológica de los dos sexos.

Así, los Principios estipulan: "La orientación sexual debe entenderse como referida a la capacidad de cada persona de sentir una profunda atracción emocional, afectiva y sexual hacia, y las relaciones íntimas y sexuales con, los individuos de un género diferente o del mismo género o de más de un género."

Tengan en cuenta la frase "más de un género" - ¿implicará ésto dos géneros?

¡No! Porque el género es una construcción social maleable que no tiene sus raíces en la complementariedad biológica de los sexos –ellos dicen que puede haber una multiplicidad de “géneros”. Es un término ideológico, que no hunde sus raíces en la realidad biológica.

¿Cuáles son entonces los derechos basados en la "orientación sexual" que los Principios de Yogyakarta solicitan, y cuál es el conflicto?

El artículo 19 de los Principios de Yogyakarta, por ejemplo, afirma que "Toda persona tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión, independientemente de su orientación sexual o identidad de género".

Hasta aquí esto es ciertamente verdadero -los derechos de libre expresión como una cuestión general son universales, y esto es una reafirmación de un derecho negativo fundamental: puesto que todos somos pecadores o nos equivocamos en uno u otro modo, ese derecho no depende de que el individuo esté en un estado de gracia para ejercer el derecho.

Pero luego pasa a comentar que "los Estados deberán... asegurar que el ejercicio de la libertad de opinión y de expresión no viole los derechos y libertades de las personas de diversas orientaciones sexuales e identidades de género".

Esto es muy inquietante en sus implicaciones -consideren lo que sucede en la España de hoy con Monseñor Reig Pla, o en Suecia con el Pastor Ake Green hace varios años atrás, cuando él predicó un sermón a los romanos.

Lo mismo sucede con el Principio de Yogyakarta 21: "Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, independientemente de su orientación sexual o identidad de género".

Una vez más, es cierto. Pero el comentario continua para recitar: "Los Estados deben ... asegurar de que la expresión, la práctica y promoción de diferentes opiniones, convicciones y creencias con respecto a las cuestiones de orientación sexual o identidad de género no se lleve a cabo de una manera incompatible con los derechos humanos.”

¿Qué implica esto, a la luz de la cita a Chai Feldblum que leímos antes?

También debemos considerar a la posibilidad de conflicto con la familia y el llamado para que el gobierno intervenga en las familias.

Los Principios de Yogyakarta defienden políticas educativas que socavan el papel de los padres como los principales educadores de sus hijos y exponen a los niños a la propaganda homosexual.

Por ejemplo, el Principio de Yogyakarta 15 asume que "los niños" son capaces de identificarse con una orientación sexual particular, o una identidad de género, que algunas veces será opuesta a la de las familias.

Esto requiere la intervención de los servicios sociales estatales - de ahí la necesidad de establecer "programas sociales" para abordar "los factores relacionados con la orientación sexual o identidad de género", entre "los niños y jóvenes" que puedan sufrir "el rechazo de las familias."

Los Principios avanzan para afirmar que los gobiernos deben garantizar que "los métodos de enseñanza, planes de estudio y los recursos sirvan para mejorar la comprensión y el respeto para ... diversas orientaciones sexuales e identidades de género".

Además, los gobiernos deberán "Garantizar la formación ... En todos los niveles de la educación pública ... para promover ... normas de acuerdo con estos Principios, así como para contrarrestar las actitudes discriminatorias por motivos de orientación sexual e identidad de género".

Por supuesto, el control del sistema educativo es fundamental para aquellos que quieren avanzar en la agenda homosexual. Por su propia naturaleza, los actos homosexuales son incapaces de dar sus frutos - de hecho, estrictamente hablando, no son sexuales, ya que son incapaces de ser generativos o procreativos. Por lo tanto existe la necesidad de desensibilizar y corromper las mentes jóvenes, tanto para socavar la resistencia a la agenda como para reclutar ente los que están en una etapa emocionalmente vulnerable de su desarrollo.

Para obtener los objetivos que los autores de los Principios de Yogyakarta quieren, entonces, se requiere entre otras cosas, la conquista del discurso de derechos humanos, y empujar a la gente lejos de la comprensión del respeto de los derechos negativos que existen frente al Estado hacia la concepción de los derechos como las obligaciones positivas del Estado, y luego tratar de controlar el contenido sustantivo de dichos derechos positivos, tal como el "derecho a la educación", proporcionada por el Estado. Aunque al principio puedan hablar en términos de derechos negativos, como el "derecho a la privacidad" (y algunos de hecho pueden ser sincero en querer ésto), la verdadera batalla se lucha entre concepciones rivales de los derechos, con el Estado alistado de un solo lado.

Aquí está el peligro: está en la naturaleza del gobierno el tratar de "llenar los espacios", para crecer y desplazar a instituciones mediadoras como la Iglesia y la familia. Uno de los bandos en la batalla por los derechos ha descubierto una manera para enrolar al Estado, de aquí la presión implacable en la que nos encontramos.

Les dejo con un pensamiento final: aquí en Europa, creo que a veces las personas se burlan de lo que consideran las nociones de derechos "anglosajonas" - en esencia, los derechos clásicos negativos que hemos hablado, o la libertad. Existe una mayor conformidad con el rol del Estado como prestador de derechos positivos, como el "derecho a la educación," o el "derecho a la salud."

Pero la realidad que enfrentamos es que, en general, los que van a proporcionar el contenido sustancial de dichos derechos positivos en el futuro, serán aquellos que buscan imponer la contra-cultura de la muerte en sus diversas manifestaciones, ya sea el aborto en la salud o los derechos a la "orientación sexual" en la política educativa.

Así, a aquellos que se preocupan por la familia, y la Iglesia, y las demás instituciones mediadoras a las que el gran filósofo político Edmund Burke se refirió como los "pequeños pelotones" que sustentan una cultura no sólo horizontal sino también verticalmente, en comunión con las generaciones pasadas y las generaciones por venir, yo los exhorto a pensar de una manera más "anglosajona" en lo que atañe al discurso de los derechos humanos. Tal concepción de los derechos es, por supuesto, el patrimonio de todos nosotros, de Charles Malik, y de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

¿Quién ganará en el "enfrentamiento de derechos" depende en gran parte, en quién pueda aprovechar la superioridad moral, y controlar los términos del debate. El terreno de nuestra elección, en la que creo que podemos ganar, debe ser la reivindicación de la noción de derechos fundados en la naturaleza, frente al Estado: el Estado que no puede crear derechos, sino sólo reconocerlos. Si podemos hacer eso, para replantear el conflicto de derechos como uno en que los derechos negativos deben prevalecer frente el poder del Estado, entonces creo que el resultado será muy positivo.

Muchas gracias.

The threat from transnationalist progressivism: sexual orientation and international law

Piero A. Tozzi. World Congress of Families Madrid. May 26, 2011

One hears a lot of talk about “human rights” these days, but many of the new “rights” one hears of – such as “reproductive rights,” interpreted to include a right to abortion, or “rights” based on “Sexual Orientation and Gender Identity” –
sound a lot like wrongs.

Indeed, as on friend and colleague, Jakob Cornides, has succinctly phrased it: “What was once considered a crime is to be transformed into a right, and what was once considered justice into a human rights violation.”

The stage is set for a clash of competing rights, as rights based on novel concepts insinuate themselves into human rights discourse and the State is called upon to enforce such newly-fabricated rights.

“Sexual orientation” is a nebulous term not defined in international law in any binding sense. On its face, it implies an inward disposition, or orientation.

[(See, for example, the intervention given by the Holy See in Geneva in March of 2011.)]

Yet it is deemed by some to extend beyond an inward disposition that must necessarily manifest itself in forms of behavior that have traditionally been considered deviant, harmful, immoral and in many cases criminal.

Those of us who continue to believe that this is the case and state this publicly out of a sense of obligation to Truth and to the common good – for example, Monsignor Reig Pla – then become attacked as human rights offenders.

What then, happens to fundamental human rights, such as freedom of religion, conscience and expression?

Here is a quote from Chai Feldbum, a law professor at Georgetown University (a “school in the Jesuit tradition”), President Obama’s appointee to the federal commission that oversees employment non-discrimination (Equal Employment Opportunity Commission) and a self-described lesbian:

“There can be a conflict between religious liberty and sexual liberty, but in almost all cases the sexual liberty should win because that’s the only way that the dignity of gay people can be affirmed in any realistic manner. I’m having a hard time coming up with any case in which religious liberty should win.”

This is frightening, because it implicitly enlists the power of the State to “affirm” the rights and dignity of those who identify as homosexual against those who dissent based upon religious belief and conscientious dissent.

This I think forces us to raise the question of what are human rights, where do they come from, and what is the relationship with State power.

Modern Human Rights discourse dates back to the Universal Declaration of Human Rights of 1948, which in turn was born out of revulsion of the horrors of World War II and the Holocaust perpetuated by Nazi Germany, where the law and State Power was unchecked by fidelity to any higher law.

Charles Malik, the person perhaps most responsible for the Universal Declaration of Human Rights, asked the question of where rights come from:

“By what title does man posses them?,” Malik asked. “Are they conferred upon him by the state, or by society, or by the United Nations?... Now if they simply originate in the state or society or in the United Nations, it is clear that what the state now grants, it might one day withdraw without thereby violating any higher law. But if these rights and freedoms belong to man as man, then the state or the United Nations, far from conferring them on him, must recognize and respect them… This is the question of whether the state is subject to higher law, the law of nature, or whether it is a sufficient law unto itself. If it is the latter, then nothing judges it: it is the judge of everything. But if there is something above it, which it can discover and to which it can conform, then any positive law that contradicts the transcendent norm is by nature null and void.”

This framing of the issue by Charles Malik is very important as we assess the conflict of rights brought on by those who advance novel notions such as rights based on “sexual orientation.”

One distinction as we engage in rights talk which is very important is the distinction between “negative rights” and “positive rights.”

Here we must be clear, when we say “negative” rights we do not mean “bad,” nor positive “good.”

Rather, NEGATIVE rights are those rights grounded in Nature, which the State can NOT infringe upon – one holds rights AGAINST the State, hence the term “Negative.” The State cannot grant these rights, but only recognize them. What we refer to as Negative Rights might also be called “inalienable” or “unalienable” rights, based on the laws of Nature and Nature’s God according to the language of the American Declaration of Independence.

POSITIVE Rights, however, are rights which the state grants. The substance of rights can be good or bad.

To help illustrate the distinction, here is an example of both negative and positive rights side by side in the Universal Declaration of Human Rights, which is a somewhat schizophrenic document for reasons that we don’t have time to go into here.

With respect to Education, the UDHR says that “Parents have a prior right to choose the kind of education that shall be given their children.” Article 26(3).

This right is grounded in the notion expressed elsewhere in the UDHR that the family is the fundamental group unit of society (article 16), and that the right of parents to choose the kind of education is grounded in nature; because it is “prior,” it preexists the state and it is a Negative right which the State cannot infringe upon.

Yet the same article also speaks of education as a “positive” right to be guaranteed by the State:
“Everyone has the right to education. Education shall be free, at least in the elementary and fundamental stages. Elementary education shall be compulsory.” (Article 26)

Note here how much larger the State looms when we speak of a right as a positive one… and consider the potential implications when the substantive content of the right being provided by the State is shaped by leaders such as Obama or Zapatero.

In Spain, you saw a Citizenship course proposed by the former government that disregarded the (Negative) right of parents to choose the kind of education to be given to their children, and instead sought to impose a curriculum that was full of newly fabricated rights, such as those based on “sexual orientation” in conflict with the fundamental right of parents and families.

This same agenda – what you call the Zapatero Project – with respect to “sexual orientation,” has a transnational analogue.

It is called the Yogyakarta Principles.

The Yogyakarta Principles purport to be a “statement concerning the application of international human rights law in relation to sexual orientation and gender identity” as well as a “Universal Guide to human rights which affirm binding international legal standards with which all states must comply.”

Yet it has no binding status in international law; no sovereign nations came together to negotiate it. Rather, roughly 30 (self-selected) members of various United Nations treating monitoring committees and non-governmental organizations as well as special rapporteurs and other “experts” committed to the homosexual agenda on a global scale created a document to serve as a vehicle to advance their policy agenda. Advocates then push it using transnationalist vehicle ces such as United Nations treaty monitoring bodies and reports of special rapporteurs to give it the veneer of having some sort of jurisprudential weight that they demand must be recognized.

It is basically a charter of desired positive rights to be created and enforced by the State. Parts are modeled directly after UDHR – yet it creates an intrinsic conflict with fundamental negative rights recognized in the UDHR.

The Yogyakarta Principles are premised upon certain anthropological notions that I believe are false. Human sexuality – i.e., “sexual orientation” and “gender identity” – is a fluid, social construct, not something rooted in the biological complementariness of the two sexes.

Thus the Principles state: “Sexual orientation is understood to refer to each person’s capacity for profound emotional, affectional and sexual attraction to, and intimate and sexual relations with, individuals of a different gender or the same gender or more than one gender.”

Note the phrase “more than one gender” – would that be two genders?

No! For gender is a malleable social construct not rooted in the biological complementariness of the sexes – they claim there can be a multiplicity of “genders.” It is an ideological term, not one rooted in biological reality.

What then are the rights based on “sexual orientation” that the Yogyakarta Principles call for, and what is the conflict?

Article 19 of the Yogyakarta Principles, for example, affirms that “Everyone has the right to freedom of opinion and expression, regardless of sexual orientation or gender identity.”

This is certainly true as far as it goes – free expression rights as a general matter are universal, and this is a restatement of a fundamental negative right: as we all are sinners or fall short in one way or another, such a right does not depend on the individual being in a state of grace to exercise the right.

But then it goes on to comment that “States Shall…Ensure that the exercise of freedom of opinion and expression does not violate the rights and freedoms of persons of diverse sexual orientations and gender identities.”

This is very ominous in its implications – consider what we see happening in Spain today with Monsignor Reig Pla, or in Sweden with Pastor Ake Green several years ago, when he preached a sermon on Romans.

The same thing happens with Yogyakarta Principle 21: “Everyone has the right to freedom of thought, conscience and religion, regardless of sexual orientation or gender identity.”

Again, true enough. But the Commentary goes on to recite: “States Shall… Ensure that the expression, practice and promotion of different opinions, convictions and beliefs with regard to issues of sexual orientation or gender identity is not undertaken in a manner incompatible with human rights.

What does this imply, in light of the quote from Chai Feldblum we read earlier?

We need also to look at the potential for conflict with the family and the call for the Government to intervene in families.

The Yogyakarta Principles advocate educational policies that undermine the role of parents as primary educators of their children and expose children to homosexual propaganda.

For example, Yogyakarta Principle 15 assumes that “children” are capable of identifying with a particular sexual orientation or gender identity, which will sometimes be opposed by families.

This requires the intervention of state social services -- hence the need to establish “social programs” to address “factors relating to sexual orientation or gender identity” among “children and young people” who may suffer “rejection by families.”

The Principles go on to state that governments must ensure that “education methods, curricula and resources serve to enhance understanding of and respect for…diverse sexual orientations and gender identities.”

Further, governments shall “Ensure training…At all levels of public education…to promote…standards in accordance with these Principles, as well as to counter discriminatory attitudes based on sexual orientation and gender identity.”

Of course control of the educational system is central to those who want to advance the homosexual agenda. By its very nature, homosexual acts are incapable of bearing fruit – indeed, strictly speaking, they are not sexual, as they are incapable of being generative or procreative. Thus there is the need to desensitize and corrupt young minds, both to undermine resistance to the agenda and for recruitment among those that are at an emotionally vulnerable stage of development.

To obtain the objectives that the framers of the Yogyakarta Principle want, then, requires among other things a capturing of human rights discourse, and moving people away from an understanding of respect for negative rights held against the State towards thinking of rights as positive obligations of the State, and then seeking to control the substantive content of such positive rights, such as a “right to education,” provided by the State. Though initially they may speak in terms of negative rights, such as the “right to be left alone” (and some indeed may be sincere in wanting that), the real battle is over fought over competing conceptions of rights, with the State enlisted on one side.

Here is the danger: it is the nature of government to seek to “fill in the spaces,” to grow and to crowd out mediating institutions such as the Church and the family. One side of the rights battle has discovered a way to enlist the State on their side, hence the unrelenting pressure that we find ourselves in.

I will leave you with one final thought: Here in Europe, I find sometimes people deride what they consider “Anglo-Saxon” notions of rights – in essence, the classic negative rights that we have spoken about, or liberty. There is greater comfort with the role of the State in providing positive rights, such as a “right to education,” or a “right to health care.”

But the reality we face is that by and large those who will be providing the substantive content of such positive rights in the future, will be those seeking to impose the anti-Culture of Death in its various manifestations, be it abortion under health care or “sexual orientation” rights in education policy.

Thus those of us who care about the family, and the Church, and the other mediating institutions that the great political philosopher Edmund Burke referred to as the “little platoons” which sustain a culture not only horizontally but also vertically, in communion with past generations and those generations to come, I would urge you to think in a more “Ango-Saxon” manner when it comes to human rights discourse. Such a conception of rights is of course, the patrimony of us all, of Charles Malik, and of the Universal Declaration of Human Rights.

Who will win the “clash of rights” depends in large part as to who can seize the moral high ground, and control the terms of the debate. The terrain of our choosing, where I think we can win, should be by reclaiming a notion of rights as grounded in nature, against the State: the State which cannot create rights, but only recognize them. If we can do that, to reframe the rights conflict as one where negative rights should prevail against the power of the State, then I think that the outcome would be very positive indeed.

Thank you very much.

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