Hay 5 veces más pobres que lo que dice el Indec

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(AA) El Barómetro de la Deuda Social Argentina de la UCA muestra que hay 10,8 millones de pobres, cinco veces más que lo que dice el Indec. El 7,4% de los hogares urbanos no cuenta con los ingresos suficientes para acceder a una canasta básica de 1200 pesos.

 

Para el Indec, la pobreza y la indigencia se sitúan en el 6,5 y en el 1,7 por ciento, respectivamente de la población. Según la última encuesta del mucho más serio Observatorio de la Deuda Social de la UCA, es pobre el 21,9%, e indigente, el 5,4%del país. Eso significa que más de 8,5 millones de personas no cuentan con ingresos que le permitan a una familia tipo cubrir una canasta total diaria de 74 pesos.

El análisis relevó 5.712 hogares de 17 ciudades del país, incluidas viviendas de barrios residenciales y populares, villas y asentamientos precarios desde Resistencia hasta Ushuaia. Los resultados son representativos de la población urbana.

La tasa de indigencia en áreas urbanas cayó del 9,2 al 5,4 por ciento entre el último trimestre de 2010 e igual período de 2011. El hecho de que haya bajado la indigencia, como también la pobreza, pero que ambas se sigan manteniendo en índices elevados se explica, entre otras cuestiones, en que el trabajo formal no ha aumentado entre los pobres. Por el contrario, la precariedad laboral sigue siendo alta. Y los programas asistenciales sin contrapartida laboral tampoco ayudan a crear una cultura del trabajo que haga al futuro más previsible y no tan dependiente de ese tipo de beneficios.

"Estamos hablando de la pobreza estructural, que tiene que ver con la acumulación de privaciones, que es más difícil de modificar que la pobreza de ingresos y exige intervenciones a más largo plazo", definió Agustín Salvia, coordinador general del ODSA.

“La marginalidad económica, la pobreza estructural, la segregación social, el subempleo indigente, segregación residencial, y los desacuerdos político-institucionales, continúan siendo debilidades de una sociedad que crece, consume y progresa pero que no garantiza un sendero de inclusión social para los sectores postergados”, advirtió.

El factor cultural y el acceso a la educación son también determinantes de los índices evaluados por la UCA. Así, el informe demuestra que la indigencia por ingresos continúa concentrándose en los hogares cuyo jefe no tiene estudios secundarios completos o es una mujer (respectivamente, el 8,4 y el 7,2% de la población de esos hogares está afectada por la indigencia), mientras que en los que hay niños, la indigencia afecta al 7,6 por ciento. El problema es aún mayor cuando el jefe del hogar tiene un trabajo precario (el índice trepa al 11,2 por ciento).

Dos Argentinas

En el informe denominado “Asimetrías en el desarrollo humano y social 2007/2010-2011”, se sostiene además que la insuficiencia de ingresos para sostener el consumo y mantener el mismo nivel de vida disminuyó ligeramente entre 2007 y 2011, del 32,2 al 31,1 por ciento de los hogares.

Sólo en las ciudades viven 10,8 millones de pobres y 2,1 millones de ellos son indigentes, dice el estudio de de la UCA. Estos resultados son cinco veces mayores que los del Indec, cuyas estimaciones hablan de alrededor de 1,6 millones de personas pobres y 427.000 personas indigentes en el país.

"Hay dos Argentinas. Una dinámica con modalidad de crecimiento y otra que acumula privaciones y marginalidad", aseveró Salvia. Según el estudio de la UCA, la tasa de indigencia en áreas urbanas cayó del 9,2 al 5,4 % entre el último trimestre de 2010 e igual período de 2011. Sin embargo, la imposibilidad de contar con ingresos que cubran una canasta básica alimentaria de 36 pesos por día para una familia tipo de dos adultos y dos niños afecta todavía a más de 2 millones de argentinos.

Más allá de esto, es válido resaltar que tanto la indigencia como la pobreza muestran un descenso en 2011 con respecto de 2007, cuando el 4,5% de los hogares urbanos vivía en la indigencia y el 18,5% vivía debajo de la línea de pobreza, es decir, que apenas pueden acceder a la canasta alimentaria básica, pero a ningún otro bien o servicio. El equipo del ODSA atribuyó la tendencia descendente de la pobreza y la indigencia a lo largo de esos cuatro años al crecimiento de la economía y la ampliación de los planes de ayuda social, incluida la asistencia universal por hijo.

Satisfactores Laborales y de Protección Social – Resumen de resultados

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  • Entre 2007 y 2011, el porcentaje de población económicamente activa con empleo pleno de derechos pasó de 46,3% a 44,8%, la desocupación de 9,3% a 9,1%, el empleo precario de 37,1% a 34,9% y el subempleo inestable de 7,3% a 11,2%. Se evidencian de este modo la persistencia de un sector informal (que en 2011 alcanzó al 48,2% de los ocupados), la heterogeneidad de la estructura productiva y las limitadas posibilidades de acceso a un trabajo decente. En el marco de un mercado de trabajo segmentado, para el conjunto de los ocupados la marginalidad laboral afectó principalmente a los integrantes del hogar que no son jefes, los jóvenes y los adultos mayores, los habitantes de villas o asentamientos precarios, los residentes en el Gran Buenos Aires y los que no culminaron los estudios secundarios.
  • La alta rotación entre períodos de empleo y desocupación continúa siendo preocupante. Entre 2007 y 2011 el porcentaje de activos que no tuvo continuidad laboral en el último año se incrementó del 21,7% al 23,5%. Entre los trabajadores ocupados se sostuvo la tendencia a demandar más horas de trabajo. Como posible consecuencia de los bajos ingresos horarios y de trabajos a tiempo parcial involuntarios, entre 2007 y 2011 el porcentaje de ocupados que expresaron su necesidad de trabajar más horas sólo disminuyó de 22,2% a 21,4%. Las condiciones laborales no satisfactorias para el trabajador determinaron que el porcentaje de ocupados que desean cambiar de trabajo pase de 24,5% a 26%, entre 2007 y 2011.
  • A pesar de las campañas para promover la registración laboral, el porcentaje de ocupados que no realizaba o no le realizaban aportes al Sistema de Seguridad Social disminuyó solamente, entre 2007 y 2011, de 46,6% a 45,9%. Dentro del grupo de asalariados se redujo en forma importante el no registro laboral (32,3% a 28,3%) pero aún perduró en forma elevada entre los no asalariados. Las inserciones de baja calidad en las actividades por cuenta propia determinaron que el 70,7% de los trabajadores asalariados no realizaran sus aportes jubilatorios. La falta de partición de los trabajadores en el Sistema de Seguridad Social no sólo se encontró ampliamente extendida sino que se presentó asociada a un factor estructural como es la inserción sectorial, siendo esto independiente de las características sociodemográficas, educativas e, incluso, socioeconómicas que puedan presentar los trabajadores.
  • La falta de participación en el Sistema de Seguridad Social condicionó el acceso a la cobertura de salud y limitó la asistencia médica de algunos trabajadores a los servicios brindado por el sistema público. Entre 2007 y 2011 sólo disminuyó de 36,8% a 30% el porcentaje de ocupados que carecían de cobertura de salud proveniente de obra social, mutual o prepaga; independientemente si esta cobertura se originaba en forma personal o familiar. Por otra parte, la falta de afiliación sindical de los asalariados disminuyó pero aún sigue siendo elevada. Entre 2007 y 2011 pasó de 62,6% a 56,3% del total de asalariados. La determinación de las afiliaciones parece deberse a cuestiones estructurales y organizativas de las unidades de producción y a la historia laboral de los trabajadores adultos.
  • Las dispares evoluciones de los ingresos laborales reales, según la fuente de origen del índice de actualización aplicado, evidencia la necesidad de seleccionar deflactores confiables para un análisis consistente de las retribuciones al trabajo. Con esta premisa, se observa que, entre 2007 y 2011, la media de ingresos laborales mensuales se mantuvo casi sin variación a pesar de las crisis nacional e internacional, culminando en $ 3.180. En el mismo período, se observó una importante disparidad en la evolución de los ingresos según la calidad del empleo: el promedio de ingresos mensuales de los trabajadores con empleo pleno de derechos casi no presentó variación ($ 3.950 a $ 4.061), el de los de empleo precario aumentó 10,7% ($ 2.466 a $ 2.729) y el de los ocupados en subempleos inestables disminuyó 14,4% ($ 1.467 a $ 1.256).
  • Los ingresos horarios presentan, entre 2007 y 2011, un incremento real de aproximadamente un 15%, pasaron de $ 14,1 a $ 26,9. En el mismo período las variaciones son dispares según la calidad del empleo: la media de ingreso horario de los trabajadores con empleo pleno de derechos aumentó 13,6% ($ 26,8 a $ 30,4), para los precarios 37,5% ($ 20 a $ 27,4) y para los trabajadores con subempleo inestable disminuyó 26,3% ($ 17,5 a $ 12,9).
  • El análisis detallado de cada uno de estos indicadores expresó desigualdades e inequidades estrechamente asociadas con la existencia de condiciones de heterogeneidad en la estructura productiva y un funcionamiento segmentado del mercado de trabajo. En general fue en desmedro de las mujeres, los jóvenes, los adultos mayores, los trabajadores sin secundario completo, los pertenecientes a estratos socioeconómicos bajos y los residentes en villas o asentamientos precarios y los ocupados en el sector informal de la economía. Estos constituyen grupos poblacionales que deben ser aún más protegidos por las políticas públicas. Es de esperar que tales políticas amplíen las protecciones a los trabajadores que aún no los reciben para que los derechos logren validez universal y no se constituyan en un privilegio social.
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