Carta a la Pequeña Luz Milagros

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(AA) "Tus latidos escriben la melodía de cada uno de los días de quienes te rodean, y sin darte cuenta, empezaron a definir las notas musicales del concierto de vida que nos brindás como el mejor obsequio". Conmovedora carta del lector Marcelo R. Necol a Luz Milagros ante la proximidad del Día del Niño.

 

Pequeña Luz Milagros:

¡Hola Luz Milagros!

A pesar de tu corta edad y de las distancias geográficas que te separan de tantos argentinos como yo, que no tenemos la dicha y el privilegio de poder verte de tan cerca como sí los chaqueños, necesitaba responderte, porque creo que es mucho lo que, en solo unos pocos meses de vida que definen tu grandiosa existencia, pudiste enseñarnos. Y es que tus latidos escriben la melodía de cada uno de los días de quienes te rodean, y sin darte cuenta, empezaron a definir las notas musicales del concierto de vida que nos brindás como el mejor obsequio.

En nuestro tiempo, cuando el valor de la vida humana parece devaluarse en pos de la criba de las dignidades sujeta al canon del materialismo utilitarista, ese que impone el imperialismo relativista y al que tantos políticos y dirigentes sociales, se subordinan con alegría pérfida y cómplice, la grandeza de tu epopeya nos regala una esperanza nueva: porque no viniste a hacernos olvidar el presente, sino a cambiar nuestra mirada respecto a este. Nos viniste a decir, como Julián Marías, que “el que busca la Verdad, siente veneración por la realidad, está sobrecogido por su riqueza y su misterio, y no se atreve a desfigurarla”. Pero hay algo que te diferencia del filósofo al decirnos esto, y es que no necesitaste hablar ni una palabra para enseñarnos que para cambiar una realidad primero debemos amarla.

Sin duda alguna, te convertiste en el ejemplo más acabado en nuestros días de quien lucha sin cansancio, y con la valentía de los héroes, por el arte de vivir. ¿Cómo no encontrar fuerzas con tanto empeño puesto en tamaña empresa?

La mirada nueva que nos querés dar, es la mirada pura de quien no conoce el mal, porque tus ganas de vivir fueron más grandes que la negligencia irresponsable de aquellos médicos; y porque tu deseo de seguir, transformó el dolor de tus padres en esperanza que les sonríe y les regala tu alegría. Tu presencia, es la señal más clara del tesoro que se pierde el mundo por cada niño inocente que el crimen del aborto se cobra; es signo que nos empapa de vida, mientras renueva los sueños de tantos argentinos.

Y es que a veces nos sentimos abatidos, porque la Cultura de la Muerte parece demasiado poderosa. Pero vos nos decís que eso no es cierto, que su único poder es económico e ideológico, que los amantes de la muerte solo poseen un poder: la mentira. Es que desdeñan tanto lo que el Orden Natural les intenta explicar a diario, que prefieren callarlo y tapar el Sol con las manos, como si pudiesen. Pero el Orden Natural no necesita de palabras para expresarse (al igual que vos), ni manos para gesticular, porque sabe hablar en silencio, incluso a quienes se niegan a escuchar; porque la mentira puede ser grande y parecer poderosa, pero su única grandeza es ser coherente consigo misma al desfigurar toda realidad objetiva; y es esto lo que paradójicamente la hace, a la vez, pequeña y débil: porque necesita de intereses inicuos que revestidos de ideologías se dirijan hacia las conciencias que pretende subvertir, pero se olvida, al mismo tiempo, que la Verdad se impone a sí misma, y que no necesita de ideología alguna para eso, porque solo le alcanza con las personas de buena voluntad para hablarles, incluso sin palabras.

Es el aborto el genocidio de nuestro tiempo. Es uno de los horrores que soportamos y por lo que intentamos abogar para que algún día acabe; pero al mismo tiempo, es tu vida, tu existencia, tu llanto, tu sonrisa, sos vos, la que nos renueva y nos enseña a no bajar los brazos, para que en Argentina y en el mundo la vida de todas las personas, sin importar su raza, sexo, religión, edad, clase social, etc., sea valorada con la dignidad intangible, innegociable e imponderable que le son propias. Y somos nosotros, todos los argentinos, los que esperamos tu pronta y definitiva recuperación; y mientras pedimos por eso, abrazamos incansablemente a toda tu familia y sobre todo a vos, que tanto nos enseñaste, y con quien queremos seguir aprendiendo.

 

Marcelo R. Necol
DNI: 33761501

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Comentarios

Bellísima carta sobre lo que nos enseña Luz Milagros, su madre, tierna y vigorosa, su padre y sus hermanos, todo el testimonio luminoso que rodea esta vida, toda la gracia de Dios que significa, y toda la reflexión de la carta. Un abrazo y la bendición de Dios y las caricias de María, Virgen y Madre, en el día de su gloriosa Asunción al cielo.