Del valor de las palabras y la cobardía de los eufemismos

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(AA) Cierto es que transitamos por un periodo histórico donde el valor de la palabra no escapa al relativismo cultural, el cual ya no nos es propuesto, sino más bien impuesto por quienes dicen que toda verdad es relativa, aunque jamás lo sea la absoluta verdad de que solo ellos pueden orientarnos sobre los límites de la subjetividad entre los que nos está permitido movernos a la hora de jugar al relativista.

Cierto es, además, que quien considere que pensar es armonizar la realidad objetiva con nuestra mente individual, pierde el juego. Ya no se trata para ellos de buscar la Verdad para ser auténticamente libres; se trata de lo contrario, es decir, de buscar la libertad para luego ser, simplemente, más “felices” o, traduciéndolo al castellano relativista: “hacer lo que se nos ocurra: cómo, cuándo y dónde sea”.

No es casual lo enunciado, si comprendemos que la palabra Libertad, también es parte del juego. Nadie vaya a creer que por ser el fundamento del mismo, queda exenta del vaciamiento de su contenido, porque éste, no puede ser inmutable, según lo dicen las reglas.

Pero lo que en realidad sucede, aunque las reglas intenten eludirlo, es que la libertad es consecuencia de la verdad, no al revés: pensemos que en cualquier elección o posicionamiento libre, se requiere conocer en forma acabada la cuestión a elegir o a juzgar, porque si se nos oculta una parte de la misma, no tendremos toda la libertad de hacerlo, sino solo la que nos permitan alcanzar. Esto último, que resulta una cuestión tangible, ya no parece resultar tan claro.

Sin embargo, no contentos con los resultados del juego que inventaron para ser más “felices”, decidieron cambiar la estrategia: usar eufemismos. Es que ya se acortaban los tiempos, y muchos empezaron a descreer de la incapacidad para alcanzar la Verdad, de la cual los habían convencido. Muchos empezaron a despertar, y entonces, hubo que empezar a mentir. No se trató de las mentiras más groseras, las que se perciben fácilmente, sino de las sutiles, y no por eso, menos graves; si consideramos que muchas veces se compone “el relato” con elementos verídicos, que luego se deforman según la conveniencia, se agrava aun más la situación, porque lleva a la persona a una versión distorsionada de la realidad, estructura opresora de la que muchas veces no podrá escapar.

Fueron realmente artistas en la materia, porque comprendieron que afinando el uso de la palabra, podían decorarla de mil maneras y así obtener un resultado no igual, sino mejor que con el relativismo semántico. Entendieron que el eufemismo era más elegante y convencía más, que la palabra podía amoldarse a la intención de fondo si, disfrazándola, la dirigían a algún desprevenido. Entonces la revistieron con los términos más inocuos, a veces hasta dulces.

Resulta así, por ejemplo, que cuando se pregunta qué es el aborto provocado, la respuesta hoy es “Interrupción Voluntaria del Embarazo”. Es cierto que al abortar se interrumpe un embarazo voluntariamente, como también es cierto que interrumpir un embarazo es interrumpir la gestación de un ser humano o, lo que es lo mismo, asesinarlo. Son palabras con distinto impacto, pero que, al mismo tiempo, aclaran la cuestión en diferente grado. Quizás para responder qué es el aborto debamos primero preguntarnos qué es el embarazo, y entenderemos que en el mismo, estamos frente a dos personas, la madre y la niña o niño por nacer.

No se trata solo de la madre, porque no se trata solo de su vida y su cuerpo. Se trata también del niño en desarrollo, que necesita de ella para crecer durante la gestación, así como también lo seguirá haciendo luego del nacimiento, en sus esferas física, psíquica y espiritual.

La realidad, lo palpable e irrefutable, es que existe un nuevo organismo de la especie humana desde la fecundación, un nuevo ser humano y, a partir de aquí, comenzará un desarrollo continuo, coordinado y armónico, hasta su muerte. Esto no resulta de consensos, sino de pruebas empíricas. Como bien lo diría uno de los grandes padres de la Genética Moderna, Lejeune, “la naturaleza humana del hombre desde su concepción hasta su vejez no es una disputa metafísica. Es una simple evidencia experimental”.

Quizás sea por esto que se decidieron por el uso de eufemismos en lugar de, solamente, subordinar conciencias ante la tiranía relativista, y como no pudieron ocultar la luz que emanaba de la ciencia empírica, se conformaron con oscurecerla. La cuestión es compleja y existen situaciones que deben considerarse por separado y atendiendo a cada una en concreto según la necesidad; sin embargo, no existe situación que, por indeseada y difícil que sea, justifique el crimen de un niño por nacer como medio para enmendar una situación crítica. Los seres humanos, como enseñó Kant, somos fines en sí mismos, no medios, y es una falacia e incongruencia pretender ayudar a una madre asesinando a su hijo por nacer.

No podemos obviar que el tema del aborto no es solo una problemática social, sino, y sobre todo, un gran aliado del poder financiero mundial que hasta Kissinger, en su Memorandum 200, se atrevió a mencionar como vehículo necesario para controlar la natalidad en los países subdesarrollados.

Podríamos explayar el tema en forma inagotable, pero no es la intención. Sin embargo, sí es importante advertir que no se trata meramente de ideologías inicuas que abogan por el acceso al aborto irrestricto, sino de intereses internacionales y nacionales de fondo, que se sirven de las mismas ideologías, las cuales, gustosas, se arrodillan ante poderosas instituciones, sin importar cuán contradictorio resulte esto.

Es así, como podremos ver incoherencias de todo tipo, desde izquierdas sirviendo al capitalismo más salvaje, hasta derechas sirviendo a movimientos que se sitúan en las antípodas de su doctrina medular. Y vemos como izquierdas y derechas se fusionan resultando en el gran paladín de la cultura de la muerte: el pseudo-progresismo.

Por solo dar un ejemplo de nuestros días, no parecen ser infundadas las denuncias realizadas en Uruguay sobre la Fundación Rockefeller, sobornando a legisladores uruguayos para aprobar tal infame ley. Con soborno o sin él, nadie que conozca sus vínculos con Margaret Sanger, sus antecedentes, y su abierto apoyo al aborto, puede negar su empeño en presionar al país vecino para tal sanción.

Mientras izquierdas y derechas caminan juntos en la búsqueda de imponer el aborto como un “derecho”, muchos argentinos nos preguntamos, con preocupación, por los otros argentinos que aun no respiran ni se alimentan de la misma forma que nosotros, pero que ya existen, y que siendo los más débiles, y debiendo ser los más protegidos, hoy son vulnerables a las decisiones que sin consultarles se tomen, de bajarles o no el pulgar a través de leyes y en nombre de supuestos “derechos”, que acaban con el primer derecho de todos: el de la vida.

Ellos esperan de nosotros que alcemos fuerte la voz, para combatir la cobardía de los eufemismos de nuestro tiempo, reencontrándonos con el auténtico valor de la palabra.

Cañón Ruther G. - Necol Marcelo R.

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Comentarios

Estos eufemismos son mentiras deliberadas que se quieren hacer pasar por verdades, es el cinismo del lenguaje, porque previamente hay cinismo de vida. Es un gran desarreglo del espíritu humano puesto al servicio del egoísmo, en contra del hermano. No importa que esos eufemismos sean a costo del peor genocidio de la historia humana, de la eliminación de millones de hermanitos y hermanitas. Todo vale para el moloch de la autocomplacencia. Nos oponemos, como dice el párrafo final de esta buenísima reflexión y artículo, y estamos dispuestos, con la fuerza de la gracia de Dios, al testimonio pleno, porque vale la pena, porque la vida de ellos es tan importante como la de cada uno de nosotros.