Néstor Kirchner: un nuevo mito político

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Agustín Laje

(AA) Por fin llegó a la pantalla grande la esperada película de Néstor Kirchner. Luego del preestreno en el Luna Park, ahora se la aguarda en todos los cines del país. ¿Se trata de un nuevo movimiento orientado a canonizar como mito político al ex marido de la Presidente?.

La idea de “relato” como construcción discursiva de un proyecto político, se encuentra en boga en el mundo de la discusión política actual. Y ello tiene que ver con los esfuerzos que ha dedicado el kirchnerismo en la configuración e imposición de su propio relato.

Paralela al relato, pero por ahora sin tanto eco en el análisis político, corre la idea del mito como herramienta política aliada. El mito sintetiza al relato en un símbolo único. Así, si el relato es una banalización de la realidad, el mito es una banalización del relato. En otras palabras, es una simplificación de la simplificación.

Vale destacar que el mito político puede ser una persona, un grupo de personas, un hecho concreto, una hazaña. Piénsese, a modo de ejemplo, en el caso de la Revolución Cubana y sus mitos asociados: el Che Guevara como ídolo revolucionario, el desembarco del Granma como suceso significativo que mantiene aún hoy su fuerza constituyéndose en el nombre del principal diario cubano, o la propia revolución como hazaña que venía a mostrar el camino hacia el comunismo a toda Latinoamérica. O piénsese, por qué no, en el mito de la raza aria del nazismo que llenaba de contenido, y a la vez pretendía legitimar, el relato nacional-socialista.

En este orden de ideas, el kirchnerismo es consciente de que reducir la realidad a un relato -algo que ya han conseguido no sin éxito- significa quedarse a mitad de camino. En efecto, el relato puede ser rebatido en tanto que se sigue inscribiendo en el terreno de la razón. El relato ofrece argumentos, visiones, descripciones, interpretaciones, sean éstas correctas o erróneas. Lo que importa es que el relato se asienta en razones que, como tales, pueden ser rebatidas con otras razones en un mismo terreno epistemológico.

El mito, en cambio, arranca de la política su dimensión racional, haciendo de aquella una mera cuestión de sentimientos y emociones. No más que eso. Y las razones ya no tienen efecto alguno en la refutación del error, pues el error ya no se compone de falsas razones, sino de emociones que, como tales, no pueden ser ni ciertas ni falsas.

Por todo ello, no es casualidad que el mito político haya sido siempre una herramienta de especial relevancia en los regímenes autoritarios. El nazismo, el fascismo y el comunismo, consideradas las tres ideologías totalitarias del siglo XX, han sido verdaderas fábricas de mitos. Hoy ese papel lo está jugando el llamado “Socialismo del Siglo XXI” con Hugo Chávez a la cabeza.

Dos años se han cumplido del fallecimiento de Néstor Kirchner y su proceso de pagana canonización como ídolo del relato está a todo vapor. Un faraónico mausoleo donde descansan sus restos, custodiados por sofisticados sistemas electrónicos de seguridad, llena de majestuosidad al mito.

Cuantiosos monumentos con su efigie lo asemejan a los próceres de la Patria. Calles y sitios públicos que llevan su nombre -que cada vez son más y más- lo incorporan a la cotidianeidad y eternizan su vigencia.

Las infaltables invocaciones que su esposa viuda realiza en sus discursos políticos, apelando al pronombre “él”, le imprimen componentes místicos, cuasireligiosos.

Para los jóvenes, la construcción del mito como superhéroe se deja ver en el personaje “Eternestor”, un justiciero que no sólo se llama como Kirchner, sino que también lleva su rostro.

Mientras tanto, equipos de intelectuales y expertos del marketing articulan e imponen las ideas-fuerza asociadas al ídolo, valiéndose de los sistemas de propaganda del Estado para asegurarle al mito una amplia difusión que, si es durante el fútbol, mejor.

Como frutilla del postre, por fin, el cine lo colocará en ese inalcanzable lugar para los hombres de a pie, en el que sólo las superstars y los “grandes hombres” tienen acceso. Un lugar sin dudas ideal para impulsar mitos.

Agustín Laje es escritor y Director del Centro de Estudios Libertad y Responsabilidad.

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