REFORMA EDUCATIVA: NO PROSPERARÁ SI NO SE APOYA EN REALIDAD HUMANA

Versión para impresiónEnviar a un amigoPDF version

(AICA) El arzobispo de La Plata y presidente de la Comisión Episcopal de Educación Católica, monseñor Héctor Aguer, advirtió que no hay reforma educativa que pueda prosperar, por más ley que la promulgue, si no se apoya “en la auténtica realidad humana y, ante todo, en la naturaleza de la persona y de sus actos. La persona humana concebida de un modo integral, sin amputarle su dimensión trascendente”, y criticó las orientaciones sociologistas, psicologistas, constructivistas, que conciben al hombre no “como una criatura de Dios, como imagen y semejanza de Dios”.

El prelado cuestionó que esas reformas, a las que calificó de “crónicas” en la Argentina, y el intento de debate acerca del perfil que debe adoptar el nivel secundario, sean diseñadas por “ideólogos muchas veces sin experiencia áulica, que aplican las últimas teorías en boga sin atenerse a la tradición cultural del país y a las necesidades concretas de su gente”.

El arzobispo consideró que “en realidad no habría que aspirar tan frecuentemente a reformar la enseñanza, sino que habría que pensar más bien en una auténtica filosofía de la educación que se base en una recta antropología, en una concepción correcta del hombre. Eso es lo que muchas veces falta”.

Asimismo, recordó hechos de nuestra historia como la iniciativa de Osvaldo Magnasco, ministro durante la segunda presidencia de Roca, que “advertía que al colegio secundario había que darle una orientación más práctica que la que tenía entonces”; la de Carlos Saavedra Lamas, que fuera Premio Nóbel de la Paz y ministro en tiempos de Victorino de la Plaza, que “intentó hablar de una escuela intermedia de tres años” que era “algo parecido al reciente polimodal”; y, en tiempos de Yrigoyen, el ministro Salinas, que “hizo hincapié en la reforma del secundario, reducido a cuatro años. Respecto del ciclo primario sostenía que la Ley 1420 ya no se adecuaba a la realidad y que era preciso tomar en cuenta las necesidades regionales”.

Monseñor Aguer se refirió, de manera especial, a la propuesta del economista Alejandro Bunge, que escribió un libro publicado en 1940 llamado “Una Nueva Argentina”, con un “capítulo dedicado a la educación que es de una sensatez extraordinaria”.

En su reflexión semanal por TV, destacó en este sentido que Bunge hizo “una crítica seria de la situación de su época”, y ha mostrado, otra vez, las dificultades que entonces se podían diagnosticar en el sistema educativo” y que “entre sus observaciones destaca que en su época había un número excesivo de maestros, por lo cual recomendaba “desinflar al globo numérico del normalismo”.

“Notaba que la instrucción, en todos sus grados, estaba viciada de enciclopedismo y excesiva uniformidad, hechos ambos que –en su opinión- son ‘guillotinadotes del genio’. El proyecto de Bunge sigue ‘con indicaciones precisas para el secundario y la universidad. Importa subrayar la idea propiamente educativa de formar, no sólo instruir, y preparar para la vida’”, concluyó.+

Etiquetas:

Comentarios

Leyes justas e injustas.

Ojalá que todos adhiramos a algo que es tan claro como lo que dice el queridísimo Obispo Aguer, porque presenta evidencias, habla desde el sentido común, y la sabiduría sencilla y también en él erudita. Como dijo en su momento el cardenal Tomaszek, que fue confinado a muchos años de cárcel comunista en la antigua Checoslovaquia, más que la maldad de estas leyes y de quienes las proponen, lo peor es nuestro silencio y omisión, e incluso ignorancia, pero ignorancia culposa. Me pregunto qué pasa incluso en instituciones católicas donde se permiten ideas disolventes contra el orden natural y la doctrina católica. Y no hablo de oídas. Y se hace en nombre de la tolerancia. ¿Es tolerancia destruir la familia, destruir vidas embrionarias, realizar abortos, aliarse a medios de incomunicación para que la palabra de la verdad sea tapada? Es, como dice bien la descripción, la intolerancia de los tolerantes. Se me ocurre, usando la expresión de San Pablo que habla del "buen combate", que en este campo de la vida y de la educación, vale más un combatiente, llamémoslo de élite, o sea de entrega plena, que mil tibios. Con el cardenal Tomaszek repetimos, como lo hiciera él en un sínodo: "SEÑOR, AQUÍ ME TIENES, ESTOY DISPUESTO". Él se llevó, y merecido, el mayor aplauso de los padres sinodales. Nosotros, más bien recibiremos piedras, seremos "apedreados", pero tendremos la certeza de que servimos a un gran SEÑOR, al único SEÑOR, y en ÉL servimos a nuestros hermanos y hermanas.