EDUCACIÓN DE LA SEXUALIDAD

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El Manual elaborado por los Ministerios de Educación, Ciencia y Tecnología y de Salud de la Nación Argentina que lleva por título “Material de formación de formadores en educación sexual y prevención del VIH/sida” presenta contenidos que atentan gravemente contra la dignidad e intimidad de todo ser humano. Ante una cultura que banaliza en gran parte la sexualidad humana, porque la interpreta y la vive de manera reductiva y empobrecida, el servicio educativo de los padres debe basarse sobre una cultura sexual que sea verdadera y plenamente personal.

En efecto, la sexualidad es una riqueza de toda la persona, cuerpo, sentimiento y espíritu, que manifiesta su significado íntimo al llevar la persona hacia el don de sí misma en el amor. La educación sexual, derecho y deber fundamental de los padres, debe realizarse siempre bajo su dirección solícita, tanto en el hogar como en los centros educativos elegidos y controlados por ellos. Debe reafirmarse la ley de la subsidiariedad, que la escuela tiene que observar cuando coopera en la educación sexual, situándose en el espíritu mismo que anima a los padres.

Si bien todas las cuestiones educativas son importantes, pues hacen al desarrollo de una personalidad madura que pueda desplegar sus potencialidades, con más razón lo son aquéllas que tocan aspectos vinculados a la moral, la intimidad y la afectividad de las personas como es la sexualidad. En estos temas, la intervención del Estado no puede hacerse sin un claro respeto a las convicciones de los padres y a las orientaciones de los establecimientos educativos.

El derecho de los padres a educar a sus hijos ha sido expresamente recogido por el art. 75 inc. 19 de la Constitución Nacional y el art. 12 inc. 4 de la Convención Americana de Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa Rica) que dispone que: “Los padres, y en su caso los tutores, tienen derecho a que sus hijos o pupilos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. Cualquier ley que ignore esta necesaria participación de los padres, es discriminatoria e invasora, vulnera la Constitución y se muestra incoherente con las normas de organización del sistema educativo.

La pretensión por parte del Estado de fijar los contenidos de la Educación Sexual supone un avance sobre materias que son propias de la familia y otras instancias de la sociedad, máxime si el enfoque de la educación sexual aparece directamente vinculado a la ley Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable (25.673). Esta ley está siendo utilizada con una visión reduccionista de la persona y la sexualidad, que ignora valores morales, afectivos y espirituales que hacen al amor humano, como son la fidelidad, la asistencia, la cooperación, el respeto, y que incluso son recogidos por las normas civiles vigentes (art. 198 del Código Civil). Asimismo con el término "salud reproductiva" se esconde la promoción de la anticoncepción, la esterilización y el aborto. Añade que el interés por impulsar este tipo de educación sexual desde el nivel inicial pareciera responder a "una suerte de 'obsesión' estatal por promover la 'salud reproductiva'".

Cualquier legislación debería orientarse en la línea señalada por la Convención de los Derechos del Niño y su ley aprobatoria (23.849): “considerando que las cuestiones vinculadas con la planificación familiar atañen a los padres de manera indelegable de acuerdo a los principios éticos y morales, La República Argentina interpreta que es obligación de los Estados, en el marco de este artículo, adoptar las medidas apropiadas para la orientación a los padres y la educación para la paternidad responsable”.

Los padres de familia son los primeros educadores realizando los docentes una tarea complementaria. El hecho de que en la actualidad no tengan una preparación adecuada en dicho tema, nos obliga a formarlos. Deberá capacitárselos mediante cursos, grupos de discusión y talleres dictados por profesionales debidamente preparados para que los contenidos brindados a la comunidad educativa sean veraces, adecuados, contemplando los valores humanos, sociales, éticos, espirituales y religiosos.

Proponemos resaltar los auténticos valores de la persona humana con un sentido de Trascendencia y en el marco de una Educación para el amor, para acceder a un estado de salud física, psíquica y espiritual mediante acciones educativas y asistenciales coherentes. Se deben evitar las relaciones sexuales a edades tempranas y fuera del ámbito del matrimonio, advirtiendo sobre los perjuicios que las mismas ocasionan resaltando el valor de la continencia. Tambièn señalar los aspectos nocivos de la promiscuidad sexual y la homosexualidad en las Enfermedades por Transmisión Sexual (SIDA). Con una Educación sexual en valores se debe disminuir la incidencia de los abortos resaltando el derecho y la inviolabilidad de la vida desde la concepciòn. Reafirmar que la autèntica familia està formada por el padre varòn y la madre mujer, fomentando una procreación responsable que permita un conocimiento veraz de los perjuicios de los anticonceptivos y las ventajas de los métodos naturales de planificación familiar. Diagnosticar los factores de riesgo que favorecen la adquisición de hábitos adictivos, haciéndose hincapié en su perjudicial implicancia sobre la sexualidad. Utilizar los medios de comunicación más aptos de que emitan la luz de la verdad acerca de los temas de sexualidad de acuerdo a los destinatarios y circunstancias que se presenten. La Educación de la Sexualidad debe ser integral, formativa y valorizada, contemplando al ser humano como persona en su totalidad de cuerpo y espíritu dentro del marco del amor, principio, motivo y fin de nuestras vidas. Así le dará al individuo la oportunidad de integrar su sexualidad dentro de un proceso armónico de maduración, que le permitirá formarse y realizarse como persona.

Todos los seres humanos poseen el derecho a elegir en libertad, de acuerdo a sus creencias y escala de valores la vivencia de una sexualidad con la asunción de actitudes libres pero responsables, conociendo la verdad y dirigiendo su voluntad a la búsqueda del bien. El testimonio de vida de los padres de familia, de fidelidad, delicadeza, el amor mutuo, será el mejor camino para educar hijos sanos, limpios, honestos, virtuosos, simples y alegres, conscientes de elegir libremente un proyecto de vida que respete su dignidad de ser humano que merece como persona.

Dr. Juan Carlos Caprile

Médico Especialista Magíster en Bioética.
Profesor Titular de la Càtedra de Bioètica. Universidad Catòlica de La Plata
Correo electrónico: juan.caprile1@speedy.com.ar
DNI 5172430

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Comentarios

Acabo de leer el excelente comentario de Vanesa y coincido plenamente. Quisiera agregar que la magnífica defensa que hace Caprile y la que ha hecho Aguer, del humanismo y de nuestra identidad católica, son encomiables y nos encolumnan- Y algo más: El otro día el ministro de educación, o de deseducación, se irritó por las críticas que hizo respetuosa pero vigorosamente el Obispo Aguer, pero nada de lo que dijo monseñor contradice la verdad, muy por el contrario. Recordemos lo que es innegociable, porque pertenece al orden natural, nos pertenece a todos.

Sexualidad expresión de afecto responsable

Lo demás es otra droga más y ya hay muchas

¿Qué nos sucede?

Yo me pregunto qué nos sucede, qué nos ha sucedido. Como joven de 23 años me apena considerablemente que nuestras autoridades políticas promuevan valores antivida que deforman la identidad y la esencia del ser humano. Nos estamos olvidando de nuestras raíces, de lo que nos hace ser quiénes somos, de nuestro centro y único origen: Dios mismo. Pero esto, aunque me apena, no me asombra. Nuestra naturaleza caprichosa e interesada, egoísta y soberbia nos impulsa a actuar de esa manera. Sin embargo,no dejo de confiar en la misericordia de nuestro Padre y en su presencia silenciosa pero permanente. Confío y oro por todos y por mí para que mis ojos no se cierren a la luz de "la" verdad. Vanesa, 23 años. Tucumán, Argentina.