Confusa declaración de Conferencia Episcopal de Alemania sobre la píldora del día despues

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Genera serias preocupaciones a providas de diversas partes del mundo. Reproducimos sus cuestionamientos.

(ArgentinosAlerta.org / PRI) La Conferencia Episcopal de Alemania publicó en su sitio web un documento que “autoriza” el uso de la "píldora del día siguiente"(PDS) en los hospitales católicos para las mujeres víctimas de violación sexual. Pero esta declaración ha sido considerada por autoridades de la Iglesia Católica y referentes laicos científicos alrededor del mundo como imprudentes e innecesarias y temen con razón que pueda estar haciéndoles el juego a personas interesadas en propiciar una posición en contra de la doctrina de la Iglesia.

El problema se centra en que estarían “aprobando” el uso de un tipo de fármaco que no existe. E insistimos en las comillas en el término “aprobar” y derivados ya que este no es un tema que dependa, para su moralidad, de la aprobación de un cuerpo eclesiástico, más allá de que ellos aprueban este uso para sus clínicas: el hecho es que si presenta problemas morales, por más que la Conferencia Episcopal (la alemana o la de cualquier país) lo “apruebe”, esos problemas morales persisten y se vuelven más agudos.

El texto de los obispos alemanes sostiene que:

  • "El Cardenal Karl Lehmann (Maguncia), en su calidad de presidente de la Comisión Doctrinal de la Conferencia Episcopal Alemana, ha presentado sobre la base de los últimos avances de la ciencia, una vez constatada la disponibilidad de nuevos preparados con principios activos alterados, la evaluación teológico-moral del empleo de la llamada «píldora del día después»".

Con relación a una violación el texto dice más adelante: "Esto puede incluir la administración de la «píldora del día después» partiendo de la base de que sus principios sean no abortivos, sino anticonceptivos."

Sin embargo, el texto no identifica estos "nuevos preparados". El problema es que no hay fármaco o píldora del día despues (PDS) del que puedan demostrar que excluyen en un 100% los efectos antimplantatorios. Siguiendo la terminología de la teoría de conjuntos, diríamos que los supuestos “nuevos preparados” sobre los que los obispos alemanes hacen su declaración son, en realidad, un conjunto vacío.

En todo caso la declaración es imprudente porque lamentablemente contribuye a la confusión que hasta ahora solo era generada –de manera intencional– por los promotores de la PDS que usualmente atacan a católicos y personas de buena voluntad. Es sabido públicamente que quienes promocionan la PDS han decidido esconder a toda costa los efectos abortivos. Prefieren engañar porque la verdad no les conviene.

Hay que pensar que si esos fármacos mencionados por los obispos alemanes realmente existieran, los interesados en venderlos sin “problemas” morales ni resistencia de parte de la Iglesia –como el laboratorio Bayern Schering por ejemplo– hace tiempo habrían puesto a su numeroso personal a promocionar dicho efecto aceptable en todos los países. Además habrían hecho los trámites necesarios para que la agencia norteamericana que regula las medicinas (la FDA) ya no les obligue a decir que es antimplantatorio. Y por último cerrarían sus laboratorios fachada en regiones como Latinoamérica que han creado para evitar que la polémica que levanta esta píldora les afecte la venta de otras píldoras y medicinas en general. Que Bayern Schering no esté haciendo ninguna de estas cosas, siendo que así ganaría mucho más dinero y más fácilmente, nos hace pensar que hoy por hoy no existen este tipo de PDS.

Los miembros de la Iglesia deben tener siempre cuidado sobre sus fuentes de información para no hacerle el juego –aunque sea sin intención– a quienes quieren lucrar promocionando un estilo de vida que va en contra de los principios morales. Y este parece ser el caso del comunicado de los obispos alemanes, algo que deberían revisar cuanto antes.

Por otro lado, esta aclaración es innecesaria porque la doctrina católica para casos de violación es clara y el texto de los obispos alemanes no la cambia. La Iglesia enseña que la violación es un acto inhumano y de una injusticia muy grave. En sentido estricto, no es un acto sexual sino una agresión donde se aplica la legítima defensa. El violador no tiene ningún derecho a que sus espermatozoides fecunden los óvulos de la mujer a la que viola. Por tanto, es lícito expulsar sus espermatozoides del cuerpo de la mujer violada, por ejemplo con un lavado vaginal.

Pero siguen estando exceptuadas las maniobras que puedan inducir un aborto, es decir, cualquier acción que se produzca luego de que la fecundación ya se hubiera producido. Más aún. Así lo dicen los obispos alemanes en este texto cuando señalan que: “seguirá sin poderse aplicar métodos médicos o farmacéuticos que conlleven la muerte del embrión”. Pensando en el conjunto vacío esto nos lleva a una contradicción: autorizan una supuesta píldora que no existe y, al mismo tiempo, condenan a todas las que sí existen. Si los hospitales alemanes leyeran con ponderación la supuesta autorización y fueran fieles a los datos científicos seguirían sin darle PDS a ninguna persona que fuera a atenderse en el doloroso caso de una violación.

Population Research Institute sugiere el comunicado de Monseñor Juan Antonio Reig Plá, obispo de Alcalá de Henares y presidente de la Subcomisión de Vida y Familia de la Conferencia Episcopal Española, que explica de manera clara y concisa la doctrina católica de siempre:


Algunas consideraciones teológico-morales en casos de violación

1. Una de las primeras preguntas que se plantea cuando se produce una violación de una mujer en edad fértil es si es lícito evitar un posible embarazo. Vayamos por partes.

Si ya se ha producido la fecundación de un óvulo nos encontramos ante un nuevo ser humano, y a este respecto la doctrina de la Iglesia es clara: «Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2271). Que la fecundación se haya producido como consecuencia de una violación no cambia en nada esta valoración del aborto. Nunca es legítimo matar al hijo concebido, tampoco en estas brutales circunstancias, aunque ciertamente su padre haya cometido una atrocidad. Por otra parte también hay que aclarar que el hecho de que el óvulo ya fecundado, es decir el embrión, esté implantado o no en la pared del útero no cambia en nada la valoración moral de la que hablamos. Se encuentre donde se encuentre situado el embrión, su destrucción deliberada (el llamado aborto provocado directo) es siempre gravemente inmoral, en todo caso es un crimen abominable, aunque la fecundación, insistimos, sea fruto de una violación.

2. Aborto procurado directo no, en ningún caso; pero ¿en caso de violación, es lícito intentar evitar que los espermatozoides del injusto agresor puedan fecundar un óvulo de su víctima?

La Iglesia enseña que todo «acto matrimonial en sí mismo debe quedar abierto a la transmisión de la vida» (HV 11). «Esta doctrina, muchas veces expuesta por el Magisterio, está fundada sobre la inseparable conexión que Dios ha querido y que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreador» (HV 12). Por lo expuesto los esposos no deben utilizar la anticoncepción para regular la natalidad, pues es un medio moralmente reprobable que no salvaguarda ambos significados esenciales del acto conyugal.

Sin embargo esta norma moral, que ni ha cambiado, ni puede cambiar, no es de aplicación en una violación. La violación es un acto inhumano y gravemente injusto y por tanto, al caso son de aplicación todos los principios morales referidos a la legítima defensa. El violador no tiene ningún derecho a acceder carnalmente a su víctima y por lo tanto tampoco a que sus espermatozoides fecunden los óvulos de la mujer a la que viola. Por tanto, es lícito intentar evitar dicha fecundación con medios, para el caso, también lícitos; por ejemplo: el lavado vaginal para la eliminación de los espermatozoides del injusto agresor (siempre y cuando no se realicen maniobras que puedan inducir un aborto si la fecundación ya se hubiera producido).

Pero la siguiente pregunta es: ¿es lícito administrar a la mujer, tras la violación, una «píldora del día siguiente», que evite la fecundación, es decir que evite que los espermatozoides del injusto agresor alcancen los óvulos de la víctima? La respuesta es sencilla: Sí, siempre y cuando no exista riesgo de que ese mismo fármaco provoque un aborto si la fecundación ya se hubiera producido (hay que volver a recordar que impedir la anidación del embrión es un aborto).

3. Naturalmente la pregunta siguiente es obvia: ¿existe tal fármaco? Hasta la fecha ni la Santa Sede, ni la Conferencia Episcopal Española han publicado documento alguno en el que se haga referencia a una «píldora del día siguiente» de tales características; al contrario, hasta la fecha, todos los documentos publicados, por las referidas instancias, sobre las llamadas «píldoras del día siguiente» (LXXVI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española. Exhortación, La «píldora del día siguiente», nueva amenaza contra la vida, 27-04-2001; Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida, Nota Sobre la píldora del día siguiente, 12-12-2000, Pontificia Academia para la Vida, Comunicado sobre la llamada píldora del día siguiente, 31-10-2000) insisten en que todas estas píldoras tienen como posible efecto evitar la anidación del embrión; es decir, todas son potencialmente abortivas y por tanto su utilización es siempre inmoral, también en caso de violación.

Por su parte, también la Federación Internacional de Asociaciones de Médicos Católicos (FIAMC) coincide plenamente con lo hasta aquí expuesto. Es cierto que la química farmacéutica evoluciona. Si se ha desarrollado, o en el futuro se desarrolla, una «píldora del día siguiente» que reúna todos los requisitos morales exigidos para su uso tras una violación, la Santa Sede nos lo hará saber, pero desde luego, a fecha de hoy, nada de eso se nos ha comunicado.

Alcalá de Henares, 23 de febrero de 2013
San Policarpo, obispo y mártir

+ Juan Antonio Reig Pla
Obispo de Alcalá de Henares

 


 


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