La batalla de hoy es recuperar nuestra Patria y luego Malvinas

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La disyuntiva planteada después de la rendición de Puerto Argentino en 1982, fue la de “continuar la Recuperación iniciada el 2 de Abril o consolidar la rendición del 14 de Junio”

Mayor (R) Jorge Alberto Benítez

(ArgentinosAlerta.org) Hace 31 años una escuadrilla de aviones de fabricación nacional pisaba por primera vez el suelo de nuestras Islas Malvinas. Era una Escuadrilla de cuatro aviones Pucará de la III Brigada Aérea, con asiento en la ciudad de Reconquista, Santa Fe, que participaron desde el mismo 2 de abril de 1982, en la gloriosa Recuperación de nuestros derechos soberanos sobre las Islas Malvinas.

Con ellos, se asentaba también sobre la turba malvinense, la esperanza y el firme anhelo de quienes los tripulábamos, de lograr la Recuperación definitiva de nuestras Islas.

No pueden desconocerse y no es mi intención hacerlo, los errores que la conducción del Proceso cometió durante la Batalla por Malvinas. Pero donde la conducción no fue brillante, afloró la formación ética, moral, espiritual y de combate, de quienes estuvieron empeñados en batalla y de donde brotó generosa, la sangre de nuestros caídos y heridos, que empaparon la turba de nuestras queridas Islas.


Un Pucará en Malvinas

La Derrota en batalla no es una novedad en la historia de la Patria y tuvimos varias: Huaqui, Vilcapugio, Ayohuma, Cancha Rayada, entre otras… Pero la conducción ejemplar de sus comandantes, transformó esas derrotas en las glorias de Tucumán, Salta, Chacabuco y Maipú, asegurando el destino histórico de nuestra Patria como una Nación libre y soberana. Victorias consolidadas en el marco político, por una conducción firme y decidida a lograrlas.

Las lecciones aprendidas por los británicos en la Batalla de Malvinas, ante el duro golpe asestado a su Fuerza de Tareas: 31 buques averiados y 8 hundidos; los 33 Harrier y 31 helicópteros destruidos; y cuantiosas pérdidas personales y materiales, cuya verdadera magnitud algún día se sabrá si se levanta el secreto de 90 años impuesto por el gobierno británico, convencieron a Gran Bretaña de consolidar por otros medios, la “pírrica victoria” obtenida.


Y aquí la historia se repite…

Con Malvinas, ocurrió algo similar a lo sucedido con el triunfo de la batalla de Ituzaingó, cuyo resultado político fue la pérdida de la Banda Oriental. La disyuntiva planteada después de la rendición de Puerto Argentino en 1982, fue la de “continuar la Recuperación iniciada el 2 de Abril o consolidar la rendición del 14 de Junio”.

Como resultado de la nefasta “Declaración Conjunta” firmada en Madrid en la década del 90, el Gobierno voluntariamente abrió la economía argentina, desregulando las normas que protegían sus intereses estratégicos, y privatizando a mansalva empresas que conformaban el instrumento de poder de la Nación.

Al mismo tiempo que comenzó el paulatino y constante desmantelamiento de sus FFAA. Es decir, adoptó políticamente la decisión de “consolidar la rendición del 14 de Junio hasta las últimas consecuencias”, transformándola ahora sí, en “incondicional” (palabra tachada en el Acta de Rendición de Puerto Argentino).

Nuevamente en la mesa de negociaciones se traicionó la sangre derramada en batalla…

Nuestra batalla de hoy es Recuperar nuestra Patria y luego Malvinas. Es principalmente espiritual, moral y además jurídica y política. En nosotros se asienta todo el peso del odio y la venganza, puestos al servicio de la pérfida Albión. Sus ejecutores, inconscientes o no, buscan la destrucción de nuestras FFAA, de Seguridad y Policiales, para terminar de convertirlas en lo que son ahora: solo una expresión de deseo, incapaces de cumplir sus responsabilidades con eficiencia.

La batalla espiritual la enfrentaremos con éxito aferrados a la oración y a la penitencia, fundamentos de nuestra entereza moral. Nuestra cárcel de hoy, injusta para muchos y pesada carga para algunos, es el sacrificio y ofrenda a la Cruz de Cristo y también testimonio del alma de la Patria que combatió en Malvinas, en la turba, en el mar y en el cielo. Alma de la Nación argentina forjada en los campos de batalla, de rodillas ante el Sagrario y en el rezo del Santo Rosario, formidable arma para lograr la victoria. Ofrenda y testimonio, que alimenta y mantiene viva la esperanza de que nuestros hijos, vivan una Argentina encauzada firmemente a contribuir con la historia de la humanidad.

Este moderno “éxodo jujeño” que nos toca vivir, en una Argentina arrasada por la inmoralidad, la injusticia y la corrupción, es el acicate para recuperarnos de la confusión imperante, producto de tantas ideologías y falsas doctrinas que envenenan nuestra inteligencia, nuestra moral y pretenden desvirtuar nuestra Fe. Pero nuestra fe es inquebrantable, porque la recibimos gratuitamente en el Bautismo y es para siempre. Nuestra esperanza es firme, porque creemos en las promesas de Nuestro Señor Jesucristo y nuestra caridad, nos obliga a la ofrenda de nuestra propia vida, máxima expresión del valor cívico.

Estamos lejos de los conductores que otrora, con sabiduría, coraje y amor a Dios y a la Patria, condujeron a la Nación Argentina, en la paz y en la guerra.

Pero Dios en su infinita Misericordia y Providencia, nos proveerá de ellos cuando sea el tiempo adecuado, como nos ha bendecido recientemente con la Gracia del Papa Francisco, luz de Esperanza y roca firme para consolidar nuestra Caridad. Él nos exhorta en su mensaje pascual a que “por el poder de la Resurrección” de Jesucristo, pasemos “de la esclavitud del mal a la libertad del bien” en todos “los momentos concretos de nuestra vida cotidiana”. Esa misión es para cada argentino en el lugar en que le corresponda actuar y es la cuota de sacrificio y testimonio que cada uno debe ofrecer.

Se ha derramado mucha sangre en Malvinas, que no debe ser olvidada, ni bastardeada con fines políticos. Ella asegura nuestra firme decisión de recuperar las Islas y nos reclama desde la turba, que también nosotros seamos hijos agradecidos y orgullosos de haber nacido en esta bendita tierra Argentina y consecuentemente, demos permanente testimonio de ello.

Con el espíritu renovado en este tiempo pascual, seguros una vez más del triunfo de Cristo, pedimos la intercesión del Beato Papa Juan Pablo II, para que se restablezca la Justicia, la Paz y la Concordia en nuestra Patria Argentina y repitamos su consigna del Domingo de Ramos de 1987, cuando en oportunidad de su visita nos dijo: “Argentina, levántate y camina”.

¡Viva la Patria! ¡Viva la Patria! ¡Viva la Patria!

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