Elard Koch: Aborto y violencia contra la mujer, una verdad incómoda

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Quitar la vida de un hijo o hija en gestación, sea envenenándolo químicamente o desmembrándolo quirúrgicamente, legal o no, es por si mismo un acto violento.

Elard Koch

(ArgentinosAlerta.org) En marzo, los delegados de los países ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), debatieron estrategias para la “eliminación y prevención de todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas”. El documento final, negociado por Michelle Bachelet como cabeza de ONU Mujeres, se vio una vez más complicado por la controversia que genera el aborto en el lenguaje de los así llamados “derechos sexuales y reproductivos”.

Chile es uno de varios países haciendo reparos en la materia, pero hay otras razones vinculadas al leitmotiv de estas sesiones que en mi opinión, provocan bastante molestia e incomodidad a delegados de varios países con aborto legal.

Cuando se considera quitar la vida de un hijo o hija en gestación, sea envenenándolo químicamente o desmembrándolo quirúrgicamente, legal o no, es lógico concluir que el aborto es por si mismo un acto violento. Pero al mismo tiempo ‒como fue discutido por investigadores de distintos países en una reunión paralela a las sesiones de ONU Mujer‒ el aborto sería otra forma de violencia contra la mujer.

Aunque la relación parece independiente del estatus legal del aborto, es un hecho que miles de mujeres son obligadas a abortar legalmente contra su voluntad, fenómeno conocido como “aborto por coerción”.

La legalización del aborto acrecienta el problema, principalmente debido a una mayor permisividad, facilidad de acceso e incremento sustantivo de las tasas de incidencia del aborto electivo.

En las últimas décadas, varios estudios epidemiológicos indican que una proporción significativa de abortos inducidos legales –25% o incluso más- ocurre por coerción de la propia pareja o un familiar sobre la mujer o niña esperando un hijo. De hecho, entre los factores de riesgo más comunes para aborto y problemas de salud mental posterior, se encuentra la historia de violencia doméstica infligida por la pareja o el antecedente de abuso durante la niñez. A veces es la propia madre, el padre o ambos los que fuerzan el aborto de una hija embarazada. A esto, se agregan casos de abuso reiterado de adolescentes donde se recurre al aborto legal en caso de embarazo.

Estudios conducidos en Finlandia, confirman que el aborto incrementa a más del doble el riesgo de suicidio en mujeres en edad reproductiva, mientras el embarazo llevado a término lo reduce. Un reciente estudio en Chicago, mostró que el aborto incrementa el riesgo de problemas de pareja, incluyendo violencia doméstica, consumo de drogas y divorcio. Al mismo tiempo, existe una fuerte correlación entre las tasas de aborto y homicidios de mujeres.

En China, miles de mujeres son obligadas a abortar debido a las políticas de un solo hijo. El aborto sexo-selectivo de miles de niñas es una cruda realidad de discriminación contra la mujer en China que se reproduce culturalmente también en India.

En el contexto latinoamericano, la historia de aborto inducido se asocia significativamente a ideación suicida en mujeres brasileñas. En México, la violencia física contra la mujer embarazada se incrementó de 5,3% a 9,4. Los estudios se multiplican y estos son sólo algunos ejemplos.

En la apertura de las sesiones organizadas por ONU Mujer, el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, enfatizó que “existe una sola verdad universal, aplicable a todos los países, culturas y comunidades: la violencia contra la mujer nunca es aceptable, nunca es excusable, nunca es tolerable”. 

Si éstas no son sólo palabras de buena crianza, la alarmante expansión del aborto legal como forma de violencia contra la mujer, no debería pasar inadvertida para ninguna nación respetuosa de los derechos humanos fundamentales.

Omitir su discusión, no es más que favorecer una agenda hipócrita: discutamos toda violencia contra las mujeres y las niñas, menos el aborto cuando es legal.

Elard Koch (@ElardKoch)
Investigador en ciencias biomédicas de la Universidad de Chile y actual director del Instituto MELISA, Centro de Medicina Embrionaria y Salud Materna, Facultad de Medicina de la Universidad Católica de la Santísima Concepción.

Publicado originalmente en http://www.chileb.cl/

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