El embrión humano en el centro del debate del código civil

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Las modificaciones al proyecto vuelven a colocar al embrión humano en el centro del debate y, de aprobarse, entrarían en colisión con varios aspectos de la ley de fertilización asistida.

Pablo Yurman

(ArgentinosAlerta.org) Luego de un año de no tener tratamiento, de modo súbito el oficialismo ha decidido recientemente impulsar el debate sobre el proyecto de reforma al Código Civil, despertando adhesiones y críticas a diestra y siniestra, fundamentalmente en lo que refiere a algunos aspectos sumamente polémicos que, dada su estrecha vinculación con la bioética, presentan posiciones encontradas tanto en nuestro país como en otras sociedades.

Acaso convenga deslindar, en un somero análisis, lo que constituyen cuestiones opinables y, en ese caso, si tales opiniones tienen sustento racional basado en evidencias, de los que son sólo chicanas por parte de quienes carecen de todo argumento que discurra por tales andariveles marcados por lo científico.

Alquiler de vientre

Bajo el eufemismo “maternidad subrogada”, el proyecto original legalizaba la práctica conocida como alquiler de vientre, por el cual se alquila el vientre de una mujer quien, por el pago de una suma de dinero, se compromete a llevar adelante el embarazo hasta el nacimiento para perder a partir de allí todo vínculo con su hijo. La modificación efectuada, haciéndose eco de numerosas objeciones planteadas desde distintos sectores, borró afortunadamente toda posibilidad de reconocimiento jurídico sobre tal práctica notoriamente discriminatoria, pese a su presentación como “ampliación de derechos”.

La reforma es apropiada por varias razones, entre las que cabe señalar: que el alquiler del vientre de una mujer pobre a cambio de una suma de dinero supone una cruel cosificación de la misma, a quien se recurre durante nueve meses como si se tratara de una incubadora viviente, sometiéndosela en los países que han legalizado esta forma de esclavitud moderna (la India, por ejemplo) a una vida de restricciones durante el embarazo fundada no en su salud sino en los criterios de los que pagan el alquiler (que no haga esto, que haga obligatoriamente aquello, etcétera).

Es curioso que grupos feministas no se hayan pronunciado masivamente contra este aspecto, siendo que una mujer es objetivada, generalmente por parte de parejas de varones que carecen de aptitud biológica para concebir un hijo. Pero además, la práctica supondría que el hijo no tendría un vínculo jurídicamente reconocido con su madre biológica, lo que evidentemente atenta contra su derecho a la identidad.

Inicio de la vida

Algunos han puesto el grito en el cielo por la modificación parcial del artículo 19 del proyecto. Cabe destacar que la modificación sigue los lineamientos sugeridos por amplia mayoría en las últimas Jornadas Nacionales de Derecho Civil celebradas en septiembre último con la concurrencia de miles de abogados especialistas en el tema, en la Universidad de Buenos Aires.

Así, el proyecto original contenía una fórmula groseramente contradictoria, que generaría, de aprobarse sin modificaciones, un doble estándar en cuanto al reconocimiento de personalidad jurídica de las personas. Por un lado, establecía que en el caso de procreación natural, la existencia de la nueva persona comienza “desde su concepción”. Pero, paradójicamente, disponía que “en los casos de técnicas de fertilización asistida, comienza con la implantación del embrión en el cuerpo de la mujer”. Esa doble categorización era un auténtico disparate, aunque no inocente, como veremos.

Disparate por varios motivos. Por un lado, porque mientras reafirmaba, en base a los adelantos científicos con que hoy se cuenta, que el comienzo de la vida humana tiene lugar en el instante mismo de la concepción, vale decir, el momento en el que el óvulo femenino es fecundado por el espermatozoide masculino, a renglón seguido disponía que en casos de fertilización asistida habría que esperar a que el producto de esa concepción, es decir, el embrión humano, se implantara en el cuerpo de la mujer.

Ya que el proceso biológico de comienzo de la existencia obedece a las mismas leyes biológicas, con independencia del lugar donde tenga lugar, sea en el cuerpo de la mujer o en laboratorio, no se comprende por qué motivo habría de darles trato diferenciado en cuanto al reconocimiento del inicio de la vida.

Es posible que con esta saludable modificación se dañe intereses sectoriales bien custodiados en base a una supuesta “opinión pública” pero que no resiste el menor análisis desde lo argumentativo.

Fecundación post mortem

Previsiblemente se ha quitado del proyecto la llamada fecundación post mortem que de aprobarse permitiría que una mujer haga fecundar su óvulo con el espermatozoide de un varón ya fallecido. No se trata, por tanto, de la implantación de un embrión congelado fabricado con los gametos de un hombre que luego murió.

Pese a ser técnicamente posible, una práctica de tal calibre, propia de mentes como la del médico nazi Josef Mengele, es ética y jurídicamente reprochable. Es claro que se trata de hacer nacer, a propósito, a un niño que será huérfano de padre desde el inicio de su vida, afectándose seriamente su derecho a la identidad y, en no pocos casos, siendo bastante evidente que su venida al mundo obedece acaso más a un deseo de un adulto de “perpetuar la memoria del cónyuge fallecido”, que a la apertura a la transmisión de la vida propia de una pareja, lo que termina cosificando a la criatura así concebida.

Los críticos de esta modificación deberían poder explicar, cuando ese niño a quien se lo hizo nacer deliberadamente huérfano de su padre, inquiera acerca de sus orígenes, las razones por las que el Estado convalida desde el Código Civil que se lo constituya en hijo de una persona muerta.

En síntesis, las modificaciones al proyecto vuelven a colocar al embrión humano en el centro del debate y, de aprobarse el Código Civil, entrarían en colisión con varios aspectos de la ley de fertilización asistida recientemente aprobada.

Algunos, quizás por prejuicios ideológicos, o acaso por defender negocios vinculados a quienes lucran con la fabricación seriada de vida humana, pese a no negar naturaleza humana al embrión, afirman dogmáticamente que no puede ser considerado persona. Olvidan que si no se reconoce personeidad al mismo, entonces no queda más alternativa que tomarlo lisa y llanamente como una cosa, lo que no pareciera muy lógico toda vez que una vez implantado dará lugar, indubitablemente, al desarrollo de uno de nuestra especie.

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