Francisco y Cirilo: heridas que cierran para caminar juntos

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La persecusión a los cristianos, la restricción a la libertad religiosa y la reafirmación de la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer fueron los ejes del histórico documento.

Pablo Yurman

(ArgentinosAlerta.org) Quizás sea una característica humana que los protagonistas de hechos de trascendencia histórica, esos que serán recordados y evocados, para bien o para mal, por las generaciones siguientes como auténticos instantes decisivos o puntos de inflexión, no tomen real conciencia de lo que sucede frente a sus ojos. Convengamos que a veces la sociedad “teledirigida” en la que, según el pensador italiano Giovanni Sartori, prevalece la imagen y escasea la capacidad reflexiva y las perspectivas sobre los hechos, contribuye a esa suerte de alienación colectiva.

Es posible que lo anterior sea aplicable al encuentro que mantuvieron en La Habana, Cuba, el pasado 12 de febrero, el Papa Francisco y el Patriarca Ortodoxo de Moscú, Cirilo, que fue, no obstante, precedido por el de otros Obispos de Roma con Patriarcas ortodoxos, como el de Benedicto XVI con el Patriarca Bartolomé I de Constantinopla, y que constituye un hito más en el proceso de cierre de la profunda herida que desde 1054 dividió a los cristianos.

Pero el mundo y los desafíos de hoy son muy distintos a los de mil años atrás, e imponen la urgencia de concretar cuanto antes la anhelada unidad, sobre todo cuando las diferencias doctrinales son más bien menores, lo que no sucede, lamentablemente, con otras comunidades cristianas.

En ese sentido, la reunion en La Habana, todo un símbolo geográfico, culminó con la firma de un documento conjunto entre ambos jefes espirituales, que en algunos de sus puntos pareciera trazar un plan a futuro, todo ello en el marco de enfrentar juntos los desafíos del tercer milenio. No es de extrañar que los grandes medios seculares omitieran prácticamente referencias concretas a su contenido. Acaso no sea pura casualidad. Es más, por el contenido del documento, puede inferirse que los grandes medios son parte interesada de esos desafíos a enfrentar mancomunadamente entre católicos y ortodoxos.

Dejemos a un lado los temas pendientes: desde cuestiones litúrgicas (los ortodoxos siguen aún el calendario juliano para sus celebraciones), disciplinarias como el celibato sacerdotal, o quizás el más importante, que pasa por el sentido y significado actuales del primado del Obispo de Roma como sucesor del Apóstol Pedro.

El documento firmado por ambos señala con claridad los problemas a los que católicos y ortodoxos son exhortados a enfrentar en común.

Luego de hacer un llamado a la comunidad internacional en defensa de los cristianos perseguidos y aniquilados en partes de África y Oriente Medio (particularmente en Siria e Iraq) lo que motivó en Francisco aquella frase del “ecumenismo del sufrimiento”, en su punto 14 afirma:

“Al mismo tiempo, nos preocupa la situación que tiene lugar en tantos países, donde los cristianos enfrentan cada vez más la restricción de la libertad religiosa y del derecho a dar testimonio sobre sus creencias y a vivir de acuerdo con ellas. En particular, vemos que la transformación de algunos países en las sociedades secularizadas, ajenas de cualquier memoria de Dios y su verdad, implica una grave amenaza para la libertad religiosa. Estamos preocupados por la limitación de los derechos de los cristianos, por no hablar de la discriminación contra ellos, cuando algunas fuerzas políticas, guiadas por la ideología del secularismo que en numerosos casos se vuelve agresivo, tienden a empujarles a los márgenes de la vida pública.”

Es decir, claramente se pone sobre el tapete algo generalmente soslayado por los analistas: en el mismísimo Occidente otrora cristiano y hoy sólo financiero-tecnológico existe una persecución hacia los cristianos, que es una auténtica discriminación. Se llama laicismo, y al pretender que el creyente viva su fe pero solo recluido al ámbito privado, es una forma de fundamentalismo, menos grosero que el de Isis, pero que persigue igual objetivo.

No obstante, y para matizar, frente al laicismo y todo su programa social, no son quizás idénticas las circunstancias en el otrora “Occidente” que en Europa Oriental, incluida Rusia, donde viven buena parte de los ortodoxos representados por Cirilo. Allí, a diferencia sobre todo de lo que sucede en Europa Occidental que tiende a convertirse en una suerte de páramo espiritual en el que las iglesias son mayormente museos, se ha experimentado un resurgir de la vida espiritual de sus pueblos, con aperturas de miles de iglesias y seminarios, desde la caída de los sistemas soviéticos.

Y como para entrar más en detalle sobre qué vislumbran Francisco y Cirilo como desafíos a enfrentar de manera conjunta, cabe destacar el punto 20 del documento que dice:

La familia es fundada sobre el matrimonio que es un acto libre y fiel de amor entre un hombre y una mujer. El amor fortalece su unión, les enseña a aceptar uno a otros como a un don. El matrimonio es la escuela del amor y de la fidelidad. Lamentamos que otras formas de convivencia se equiparan ahora con esta unión, y la visión de la paternidad y la maternidad como de especial vocación del hombre y de la mujer en el matrimonio, santificada por la tradición bíblica, se expulsa de la conciencia pública.”

La familia como bien a defender no por mero tradicionalismo sino por constituir la “última célula de resistencia a la opresión” según palabras del pensador católico Chesterton.

El mundo eslavo viene dando pruebas de sintonizar mejor con su Patriarca que el catolicismo con el Papa Francisco, al menos en cuanto a coherencia con esos principios.

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