Sobre aviso no hay engaño: autoconvocadas otra vez

Versión para impresiónEnviar a un amigoPDF version

Cada ciudad que es víctima del Encuentro Nacional de Mujeres es un testimonio vivo y palpable del odio y la destrucción que estas mujeres dejan a supaso.

Julieta Gabriela Lardies

(ArgentinosAlerta.org) Sí. Este año el “Congreso nacional de Mujeres” (más conocido como “Encuentro de Autoconvocadas”) se llevará a cabo en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, en el mes de octubre.

En el 2012 este encuentro se realizó en Posadas. Luego en San Juan, Salta y Mar del Plata. Todas estas ciudades quedaron marcadas por la violencia de los grupos feministas que invadieron sus calles atacando negocios e instituciones, colmando de pintadas los monumentos, vidrieras, colegios y templos, exhibiéndose desnudas en la vía pública y agrediendo con indefinible violencia a quienes se identificaran como cristianos.

El encuentro de “Autoconvocadas” es un evento organizado por grupos de izquierda, feministas y anticatólicos, que escudados tras los tan renombrados “derechos de la mujer” intentan hacer pasar estas jornadas como importantes y plurales instancias de diálogo en las que todas las mujeres argentinas pueden opinar y expresarse en una atmósfera de respeto y hacer oír sus genuinas inquietudes, bandera con la que luego intentarán hacer presión para que en la Argentina se legalice el aborto y se imponga definitivamente la ideología de género.

Lo cierto es que la realidad vivida en los talleres dista mucho de coincidir con el diálogo y el respeto pregonado. Las mujeres que son identificadas como católicas o contrarias al aborto son arrojadas fuera mediante golpes, vejaciones e insultos. Puedo atestiguar esto no solo por haberlo visto en filmaciones sino por haber participado del encuentro.

El evento culmina con una marcha multitudinaria de mujeres que atacan la catedral de la ciudad que visitan, profanándola si ésta se encuentra abierta, pintando sus paredes y agrediendo con escupitajos, insultos, golpes y vejaciones indescriptibles a los católicos que encuentran a su paso.

En este punto no se puede dejar de destacar el heroico testimonio de fe de católicos que hacen frente a estos ataques, rosario en mano, tratando de evitar los destrozos que realizan estas mujeres y siendo blanco de golpes, proyectiles y agravios de todo tipo.

Este fenómeno que se repite año a año en nuestra Patria, ya desde hace tres décadas, nos deja cada vez preguntas más punzantes. En primer lugar, ¿Qué es lo que mueve a estas mujeres? No hace falta pensar mucho para advertir que las impulsa un marcado odio a la fe, odio a los cristianos que en definitiva es odio al mismo Cristo, y que queda plasmado con claridad puntual en sus pintadas y carteles (“María abortó”, “La única Iglesia que ilumina es la que arde”, “Que la Iglesia no se meta”, “Iglesia basura”, “Tu Dios apesta”, etc.), sumado a sus actos de profanación y agravio a templos, imágenes y elementos de piedad.

Pero esta no es la única pregunta que surge de este evento. Lamentablemente hay muchos interrogantes más, aún sin respuesta. Este encuentro no podría realizarse sin la ayuda de muchos. En especial de quienes guardan un profundo e indignante silencio: autoridades provinciales y nacionales, medios de comunicación y hasta autoridades eclesiásticas.

Cada año gobernantes y clérigos ven venir al lobo y omiten alertar al rebaño (en otras palabras, omiten su deber) y pasada la ola de destrozos y profanaciones se limitan a expresar su prolijo repudio en algún comunicado de compromiso.

La conductora Malena Pichot: “hay que prender fuego todo”. “Hay que ir a la Catedral que es el símbolo del mal”

¿Qué les impide hablar? ¿No deberían romper el silencio antes, a fin de evitar los mencionados abusos y atropellos? Cada ciudad que es víctima del Encuentro Nacional de Mujeres es un testimonio vivo y palpable del odio y la destrucción que estas mujeres dejan a su paso.

Alguien debería avisarles a nuestras autoridades (civiles y eclesiásticas) que ya no pueden argumentar desconcierto ni fingir desconocer el tenor de estas manifestaciones. No pueden mostrarse “engañados” tras cada encuentro porque simplemente están más que sobre aviso. Alguien debería contarles que es algo sobre manera deslucido ocultar la cabeza antes y durante las jornadas del evento, para reaparecer luego con rostros de asombro.

Los enemigos de la fe no los están engañando. Nada se está haciendo a sus espaldas. Esta vez (al menos esta vez) los ataques vienen de frente. ¿Hasta cuándo  permitirán que esta persecución religiosa siga haciendo estragos? ¿Hasta cuándo se fingirán ignorantes de lo que estamos sufriendo como pueblo católico? Y, lo que es peor, ¿Hasta cuándo se permitirá sin decir palabra la afrenta a Dios?

Nuestras autoridades sabían perfectamente lo que ocurriría en Posadas, en Salta, en San Juan, en Mar del Plata y en tantas otras ciudades. Y están avisadas de lo que ocurrirá en Rosario. Por lo tanto aquí no hay engañados. Hay cómplices.



Etiquetas:

Comentarios